“Dimensión Emocional del Prejuicio en el Inconsciente Colectivo”

Psicología Social del prejuicio


Autor: Edgard de Jesús Yesca Palacios, Máster en Psicología Social y Máster en Psicología de la Familia y la Pareja por ESTEA.

Doctorando en Psicología Social
Master en Terapia Familiar y de Pareja
Master en Psicología Social
Experto en Salud y Cooperación al Desarrollo
Psicólogo de Familia y Pareja
Licenciado en Trabajo Social

RESUMEN
En el Presente Articulo "DIMENSION EMOCIONAL DEL PREJUICIO EN EL INCONSCIENTE COLECTIVO" se realiza un recorrido profundo en distintos momentos históricos de individuo, su proceso evolutivo y de desarrollo tanto en un nivel consciente como inconsciente en lo individual y lo colectivo siendo de mayor interés en el presente articulo los aspectos del Inconciente Colectivo.
El tema del prejuicio en el inconciente colectivo, en un plano emocional, me pareció muy interesante por la naturaleza del fenómeno del prejuicio como tal y como resultado de procesos construidos a lo largo de la historia de la raza humana, arraigados en la memoria histórica de las distintas culturas y que se perpetúa en el seno de la socialización y educación en valores y antivalores, alojándose y quedando impregnado en el interior mas remoto del individuo que en particular son reprimidos y que solo aflora a través de manifestaciones inconscientes en tanto en cuanto prevalecen las normas sociales.


PALABRAS CLAVES:
Psicología Social del Prejuicio, Dimensión emocional, Prejuicio, Conciencia, Inconsciente Colectivos, Memoria Histórica.

I. INTRODUCCIÓN
Hablar de Psicología Social del prejuicio en el inconsciente colectivo, nos obliga a realizar un recorrido muy amplio y profundo a todos los niveles de los procesos de construcción social de la identidad, de la formación y conformación de la personalidad, identificación del si mimos en el individuo y en el otro y del ser en si mismo y en el otro, pensar en las similitudes y diferencias que nos acerca o nos alejan entre nosotros o que nos permiten acercarnos o alejarnos de nosotros mismo y de los demás.
En este articulo nos encontraremos información interesantes que hace referencia a los procesos psicosociales y psicosociologicos que a lo largo de la historia del ser humano han contribuido a conformar y perpetuar acciones brutales en nombre de las ideologías, idiosincrasias, dogmatismos religiosos, procesos socio políticos y en algunos casos aportaciones de carácter científicos o seudo científicos patentados por las épocas en que se desarrollaron, que han facilitado la perpetuidad de las diferencias tanto en aspectos sociales, psicosociales, sociológicos, antropológicos en función de la categorización de los individuos.
Las cuestiones del prejuicio que atraviesan por el rechazo social la discriminación de todas índoles de un ser humano a otro llámese hombre o mujer, blanco o negro, alto o bajo, feo o bonito, rojo o amarillo, oriental u occidental, norteño o sureño, heterosexual u homosexual, agnóstico o religioso, a partidista o partidario, frío o calido, rico o pobre, y lo que se refiere a lo moral y a lo inmoral, lo digno y lo indigno. Todo ello tiene sus raíces en hechos que se registran el lo mas remoto de nuestra historia desde los antepasado por tanto atender a estas circunstancias como cuestiones de naturaleza psicosociologicas nos permite observar que somos el resultado de largos procesos que operan en los polos de nuestro propio inconsciente y en el inconciente colectivo de las sociedad.

II. DE LA CONCIENCIA AL INCONSCIENTE COLECTIVO Y VICEVERSA:
El Hombre emplea la palabra hablada o escrita para expresar el significado de lo que desea trasmitir. Su lenguaje esta lleno de símbolos pero también emplea con frecuencia signos o imágenes que no son estrictamente descriptivos. Así es que una palabra o una imagen es simbólica cuando representa algo más que su significado inmediato y obvio. Tiene un aspecto “inconsciente” más amplio que nunca está definido con precisión o completamente explicado. Ni se
puede esperar definirlo o explicarlo. Cuando la mente explora el símbolo, se ve llevada a ideas que yacen más allá del alcance de la razón.
La rueda puede conducir nuestro pensamiento hacia el concepto de un sol “divino”, pero en ese punto la razón tiene que admitir su incompetencia; el hombre es incapaz de definir un ser “divino”. Cuando con todas nuestras limitaciones intelectuales, llamamos “divino” a algo, le hemos dado meramente un nombre que puede basarse en un credo pero jamás en una prueba real.
El hombre, como nos damos cuenta si reflexionamos un momento, jamás percibe cosa alguna por entero o la comprende completamente. Puede ver, oír, tocar y gustar; pero hasta dónde ve, cuando oye, que le dice el tacto y que
saborea, depende del número y calidad de sus sentidos. Esto limita su percepción del mundo que le rodea.
El hombre fue desarrollando la conciencia lenta y laboriosamente, en un proceso que necesito incontables eras para alcanzar el estado civilizado (que arbitrariamente, se fecha con la invención de la escritura, hacia el 4000 a. C.). y esa evolución está muy lejos de hallarse completa, pues aún hay grandes zonas de la mente humana sumida en las tinieblas. Lo que llamamos la“Psique” no es en modo alguno a nuestra conciencia y su contenido. La conciencia es una adquisición muy reciente en la naturaleza y aun esta en periodo “experimental”. Es frágil, amenazada por peligros específicos, y fácilmente dañada.
Sin duda alguna, aun en lo que llamamos un elevado nivel de civilización, la conciencia humana todavía no ha conseguido un grado conveniente de continuidad. Aún es vulnerable y susceptible de fragmentación. Esta capacidad de aislar parte de nuestra mente es una característica valiosa. Nos permite concentrarnos en una cosa en un momento determinado, excluyendo todo lo demás que puede reclamar nuestra atención. Pero hay un mundo de diferencia entre una decisión consciente de separar y suprimir temporalmente una parte de nuestra psique y una situación en la que esto ocurra espontáneamente sin nuestro conocimiento o consentimiento y aun contra nuestra intención. Lo primero es una hazaña civilizada, lo último una primitiva “pérdida de un alma” o, aun la causa patológica de una neurosis. De este modo en nuestros días la unidad de conciencia es todavía un asunto dudoso; puede romperse con demasiada facilidad. La capacidad de dominar nuestras emociones, que puede parecernos muy deseable sería una consecuencia discutible desde otro punto de vista por que privaría a las relaciones sociales de variedad, color y calor.
Sigmund Freud, fue el precursor que primero intentó explorar empíricamente el fondo inconsciente de la conciencia. Trabajo con la presuposición general de que los sueños no son algo casual sino que están asociados con pensamientos y problemas conscientes. Esta presuposición, por lo menos, no era arbitraria.
Se basaba en la conclusión de eminentes neurólogos (por ejemplo, Pierre Janet), de que los síntomas neuróticos se relacionan con ciertas experiencias conscientes. Hasta parecen ser zonas escindidas de la mente que en otra ocasión y bajo circunstancias distintas, pueden ser conscientes.
La hipótesis de un inconsciente colectivo es uno de esos conceptos que chocan en un comienzo al público pero que pronto se convierten en ideas de uso corriente; como ejemplo de ello recordemos el concepto de inconsciente en general. Una vez que la idea filosófica de lo inconsciente, tal como se encuentra principalmente en C.G. Carus y E. von Hartmann, desapareció bajo la ola desbordadota del materialismo sin dejar rastros considerables, y adoptando ahora otra forma, volviendo a surgir dentro de la Psicología médica de orientación científico-natural. En primer término fue una designación para el estado de los contenidos mentales olvidados o reprimidos. En Freud, lo inconsciente, aparece ya – al menos metafóricamente - como sujeto actuante, no es sino el lugar de reunión de esos contenidos olvidados y reprimidos, y solo a causa de éstos tiene una significación práctica. De acuerdo con ese enfoque es por lo tanto de naturaleza exclusivamente personal, aunque posteriormente estableció una diferencia dentro de este enfoque: llamó “ello” a la psique instintiva, y su “superyo” designa la consciencia colectiva, en parte consciente para el individuo, en parte inconsciente (reprimida).
En este sentido es rescatable la idea de Jung, C. en cuanto al “desarrollo de la persona completa, del si mismo (y no sólo del yo), es decir del proceso de individuación. El si mismo se diferencia del yo, por que engloba tanto las dimensiones consciente e inconsciente así como las diferentes capacidades y funciones de la persona y no sólo las de carácter más racional. Por otro lado considera la dimensión inconsciente no sólo como la que contiene aspectos reprimidos, sino como una fuente de contenidos propios, nuevos, generadores de creatividad y significados profundos (Henche Zavala, I. Educar en Valores a través de los cuentos, Bonum, Buenos Aires, 2008).
Un estrato en cierta medida superficial de lo inconsciente es, sin duda, personal. Lo llamamos inconsciente personal. Pero ese estrato descansa sobre otro mas profundo que no se origina en la experiencia y la adquisición personal, sino que es innato: lo llamó inconsciente colectivo. Este inconsciente no es de naturaleza individual sino universal, es decir que en contraste con la psique individual tiene contenidos y modos de comportamiento que son, cum grano salis, lo mismo en todas partes y en todos los individuos. En otras palabras, es idéntico así mismo en todos los hombres y constituye así un fundamento anímico de naturaleza suprapersonal existente en todo hombre. La existencia psíquica se reconoce sólo por la presencia de contenidos conciencializables.Por lo tanto solo cabe hablar de un inconsciente cuando es posible verificar la existencia de contenidos del mismo. Los contenidos de lo inconsciente personal son en lo fundamental los llamados complejos de carga afectiva, que forman parte de la intimidad de la vida anímica. En cambio, a los contenidos de lo inconsciente colectivo son denominados arquetipos.
Esa denominación es útil y precisa pues indica que los contenidos inconscientes colectivos son tipos arcaicos o – mejor aún – primitivos. Sin dificultad también puede aplicarse a los contenidos inconscientes la expresión“représentations collectives”, que Lévy-Bruhl usa para designar las figuras simbólicas de la cosmovisión primitiva pues en principio se refiere casi a lo mismo. En verdad, aquí ya no son contenidos de lo inconsciente sino que se han transformado en formas concientes, que son transmitidas por la tradición, en general bajo la forma de la doctrina secreta, la cual es una expresión típica de la transmisión de contenidos colectivos originariamente procedentes de lo inconsciente.
Otra expresión muy conocida de los arquetipos es el mito y la leyenda. Pero también en este caso trátese de formas específicamente configuradas que se han transmitido a través de largos lapsos. Por lo tanto, el concepto “arquetipo” sólo indirectamente puede aplicarse a las representaciones colectivas, ya que en verdad designa contenidos psíquicos no sometidos aún a elaboración consciente alguna, y representa entonces a un dato psíquico todavía inmediato.
Como tal, el arquetipo difiere no poco de la formulación históricamente constituida o elaborada. Especialmente en estadios mas elevados de las doctrinas secretas, los arquetipos aparecen en una forma que por lo general muestra de manera inconsciente el influjo de la elaboración conciente, que juzga y que valora. El arquetipo representa esencialmente un contenido inconsciente, que al conciencializarse y ser percibido cambia de acuerdo con cada conciencia individual en que surge. Por tanto se debe distinguir entre“arquetipo” y “representaciones arquetípicas” (Jung. C. G, Arquetipos e Inconsciente Colectivo, Paidós, Barcelona, 2004).
Cuatro siglos antes de la era cristiana, ya Aristóteles definió al hombre como un zoon politikun, es decir como un animal social. En efecto, el hombre es un ser social por naturaleza. Como todos los mamíferos, precisa de la atención y los cuidados de sus progenitores para lograr sobrevivir en el medio hostil. Es incluso uno de los “animales” más indefensos que existen, ya que no es capaz de abastecerse de su propio sustento hasta varios años después de nacer, y su infancia es mucho más larga que la del resto de los primates, lo cual le confiere una mayor capacidad de aprendizaje pero a la vez le hace dependiente del grupo, a todos los efectos, durante un período mucho mas largo de su vida (4 Rodríguez Martín, C. Psicología Social, Cómo influimos en el pensamiento y la conducta de los demás. Anaya S.A, Madrid, 2003).
A lo largo de los siglos, la historia humana ha sido un tejido complejísimo de comunicaciones interpersonales. De hecho eminentes antropólogos atribuyen el mérito humano de la cultura y la civilización al desarrollo del lenguaje, en este sentido las relaciones humana han jugado un papel fundamental a pesar de que en el campo de la investigación científica, los movimientos y estudios sean escasos, Gordon W, Allport, advirtió a finales de los años cincuenta “en cuanto al manejo de las relaciones humanas, parecemos estar viviendo aún en la edad de piedra. (Allport, 1958).
El hombre primitivo es de una subjetividad tan impresionante, que en realidad la primera presunción hubiera debido ser que existe una relación entre el mito y lo psíquico. Su conocimiento de la naturaleza es esencialmente lenguaje y
revestimiento exterior del proceso psíquico inconsciente.

III. EL INCONSCIENTE COLECTIVO UTILIZADO POR EL DOGMA:
En las doctrinas tribales primitivas aparecen los arquetipos en una peculiar modificación. La doctrina tribal es sagrado-peligrosa. Todas las doctrinas secretas tratan de aprehender el invisible acontecer psíquico, y todas reivindican para si la autoridad mas elevada. Lo que es verdad en el caso de esas doctrinas primitivas, es más verdadero aún en el caso de las religiones mundiales predominantes. “El dogma reemplaza lo inconsciente colectivo formulándolo con gran amplitud, por lo cual en principio, la forma de vida católica no conoce en ese sentido una problemática psicológica. La vida de lo inconciente colectivo ha sido captada casi íntegramente en las representaciones dogmáticas arquetípicas y fluye como una corriente encausada y domada en el simbolismo del credo y del ritual (5 Jung. C. G, Arquetipos e Inconsciente Colectivo, Paidós, Barcelona, 2004). Mi punto de vista es que el dogma se aprovecha de todas las herramientas y recursos facilitados por el inconsciente colectivo para forjar y fortalecer los mitos que le permiten enriquecer a las representaciones religiosas, que en el inconsciente colectivo son de gran fuerza sugestiva y emocional, en este sentido tienen gran fuerza dominante y por ello no es ningún milagro que sean reprimidas con la más intensa resistencia. Por ejemplo: El conjunto de las enseñanzas del Islam trata de integrar a sus seguidores como miembros de una comunidad definida, porque les hace objeto de principios, instituciones y sugerencias en relación con quienes participan en su credo. De ahí que en muchas ocasiones nos encontremos con orientaciones dirigidas a ellos, bajo dicho concepto. De repente, sin embargo, en cualquier aleya (versículo del Corán) y en cualquier hadit (tradición profética) nos sale al encuentro un estímulo que nos conduce a ver al otro, ya no como vecino, allegado, compañero, etc., sino en tanto que hombre (Abderraman Cherif-Chergui nació en Marruecos, es Profesor en la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Filosofía y Letras y Doctor en Psicología). Pues bien, en los epígrafes siguientes trataré de aproximarme a estas enseñanzas de índole humana, genéricamente hablando.
Las coordenadas de la educación universal, el primer fundamento que vincula a los hombres entre sí viene dado por su “unidad espiritual”. El Islam establece un origen único de todas las criaturas, un alma (nafs), que también significa espíritu. Esta alma es la fuente, por así decirlo, de la cual proceden todos los hombres, tanto hembras como varones. Evidentemente se trata del Acto Creador primario, pues la continuidad vital, la procreación, está concebida en sus términos propios.
Respecto de este fundamento de la unidad humana original, existe toda una gama de aleyas, entre las cuales éstas pueden ser representativas:
1.- “Es Él quien os ha creado de una sola alma” (6, 98).
2.- “Temed a vuestro Señor que os ha creado de una sola alma, de la cual ha creado su pareja y, de ambos, esparció (por el mundo) hombres y mujeres en gran cantidad” (4, 1).
3.- “Os ha creado de una sola alma; luego ha creado de la misma a su pareja” (39, 6).
Las tres aleyas, como puede observarse, aluden a ese fenómeno denominado “unidad espiritual”. Así queda igualada la humanidad, aun dentro de su diversidad y peculiar individualidad. Es una igualdad que el profeta expresa en una gráfica e intuitiva imagen: “los hombres son tan iguales como las púas de un peine” (Para la traducción de las aleyas en castellano hemos utilizado la obra del profesor Juan Vernet, “El Corán”).
En el ejercicio de aprendizaje de estas doctrinas independientemente de su ideología religiosa encierran un saber elevado primario y han expresado en imágenes magnificas los secretos del alma. Sus templos y escritos sagrados proclaman con la imagen y la palabra la doctrina de antiguo consagrada, accesible a todo corazón creyente, a toda visión sensible, a toda meditación exhaustiva. Pero también es cierto que cuando más bella, más grandiosa, más completa es la imagen que se forma y se transmite, más lejos se aparta de la experiencia individual. Se puede penetrar en la imagen con el sentimiento y sensibilidad, pero la experiencia primaria se ha perdido. Se ha establecido que la psique comienza por la parte inferior con ese estado en el que la función se emancipa de la fuerza compulsiva del instinto y se vuelve influible por la voluntad, considerando que la voluntad ha sido definida como una cantidad de energía disponible, haciendo suponer la existencia de un sujeto que dispone y que es capaz de juzgar, al cual hay que adjudicar conciencia, llegando a la identificación de la psique con la conciencia, sin embargo este dilema se aclara cuando entendemos la relatividad de la conciencia, ya que sus contenidos son al mismo tiempo conscientes el inconsciente; por lo que la psique representa mas bien una totalidad consciente e inconsciente. El instinto y el modus arcaico coinciden en el concepto biológico de patrón de conducta. No existe por cierto, instintos amorfos; cada instinto tiene un patrón de su situación. Se realizan de acuerdo a una imagen que tiene propiedades fijas y esto le permite su funcionamiento.

Jean-Leon Beauvois, en su obra “tratado de la servidumbre liberal”, (2008), señala que la determinación de la conducta, es muy a menudo desconocida y no puede más que permanecer desconocida, y las significaciones que se han aprendido a atribuir a esas conductas. Ahora bien, todo y en especial la psicología liberal que nos impregna, incluidas muchas de sus eruditas contribuciones, nos incita a confundirlas y a asumir las significaciones que a nuestros ojos parecen tener nuestras conductas con las determinaciones (en cierta forma los factores “causales”) de esas mismas conductas ( Beauvois, J.L. Tratado de la servidumbre liberal, La Oveja Roja, Madrid, 2008). Desde este punto de vista y haciendo referencia a la “presentación del yo”. William Sheakespeare, en su famosa obra As you like it, escribió “El mundo es un escenario”, implicando que el comportamiento de las personas en la vida cotidiana o en la vida diaria es como desempeñar diferentes papeles en el Teatro. La vida de Ella Fitzgenerald – y la nuestra – también muestra que hay una gran diferencia entre vida privada y actuaciones públicas. Sin embargo, la verdadera alegría que el canto de Fitzgerald le trajo, tanto a ella como a su público, demuestra el grado en el que nos convertimos en el papel que representamos. Mucho de nuestra interacción con nuestros semejantes comprende una presentación de nosotros mismos de forma tal que esperamos dejarle una impresión positiva, como lo hacen cantantes, bailarines, actores y músicos.

IV. DIMENSION EMOCIONAL ENTRE LA CONCIENCIA Y EL INCONSCIENTE COLECTIVO:
La idea de que existen características inherentes a las razas que les diferencian en aptitudes cognitivas y habilidades se ha mantenido, al menos, desde el siglo XVI hasta el siglo XX, coincidiendo con el imperialismo europeo (Yee, Fairchild, Weizmann y Wyatt, 19939), sin embargo ni siquiera aquellos científicos sociales cuyas teorías justificaron el racismo y la esclavitud establecieron diferencias que fueran más allá de la dimensión cognitivaintelectual o conductual.
Estudios empíricos realizados en este campo, en el que se planteaban las preguntas ¿Qué características son típicamente humanas? o ¿En qué consiste la esencia humana? Reflejan que los participantes de diferentes culturas opinan y coinciden en tres cualidades fundamentales:

1- Inteligencia (razonamiento, pensamiento y similares).

2 - Sentimientos.

3 – Lenguaje (comunicación), le seguían otras como: sociabilidad positiva, valores (justicia y solidaridad) o sociabilidad negativa.

El término emoción apenas fue mencionado y cuando lo fue, ocupaba las últimas respuestas de la lista (Leyens, Demoulin, Paladino, Rodríguez Torres y Rodríguez-Pérez, 1999). lo que indica que lo emocional no es expresado de manera espontánea en la práctica cotidiana (Morales Domínguez, J.F. Huici Casal, C. Estudios de Psicologia Social, UNED, Madrid 2003).
Durante la mayor parte de las horas de vigilancia, el estado del humor sigue un curso normalmente equilibrado. Sin embargo de vez en cuando el equilibrio se interrumpe por una experiencia molesta; por ejemplo, todo discurre normalmente cuando de súbito se plantea un obstáculo y es entonce cuando la compostura se quiebra por la exasperación o la ira. Así también un día aburrido se torna alegre cuando se recibe la noticia de un inesperado honor o la realización de un deseo; se puede deambular, pensativo, cuando surge alguna amenaza y el consecuente sobre salto a causa del miedo. Igualmente cuando llega la terrible noticia de la muerte de un amigo y se cae en el dolor, de la
misma forma en la que, inesperadamente, surge el enamoramiento, o que la simple observación de alguien a quien se ama coqueteando con otra persona, provoca celos, el sabor ofensivo estropea una agradable comida; una sucesión
de fracasos conduce al desaliento y la depresión.
Si pensamos en cada uno de estos estados emocionales habituales, observamos que todos ellos contienen tres elementos. El mas importante es el de tratarse de una sensación intensa que, como indica la propia acepción de la palabra, es una experiencia conmovedora. Esta sensación puede consistir en una sensación de excitación o de tristeza. El segundo elemento común en las emociones es la etiqueta que colocamos a los estado particulares de “arousal (La estimulación y el suministro de energía a la conducta por un estimulo interno o externo)”; sea miedo, ira, alegría, pena, o amor. La identificación de dichas emociones puede ser evidente por si mismo, sin embargo se siguen planteando algunas cuestiones al respecto. Y por ultimo puede observarse que la emoción nos incita a actuar, y hacer algo a menos que la emoción sea tan traumática que inmovilice. Las emociones se acostumbran a expresar por ellas mismas simplemente en la acción. William James, el famoso Psicólogo norteamericano, y el científico danés Lange, fueron los primeros en suponer, ya en 1884, que las emociones surgen a partir de experiencias corporales aunque, naturalmente, la mayoría, no lo experimentamos así sino que, bien al contrario, afirmamos cosas cómo: “se me hace un nudo en el estómago cuándo me enfado”. No obstante la teoría de James – Lange invertía la secuencia al afirmar que experimentamos la sensación de nudo en el estómago en primer lugar, para luego identificar el hecho como enfado, Esta teoría implicaba que cada emoción era precedida de un estado especifico fisiológico de “arousal”.
Mas tarde Cannon, por su parte demostró “que el mismo estado interno acompaña a diferentes emociones, y muchos de ellos cambian muy rápidamente. A pesar de esto los estados de arousal realmente interactúan con las emociones que se perciben. Schachter y Singer, realizaron ciertos experimentos para demostrar que la percepción de una situación por parte de una persona determina la emoción que va a experimentar. Algunos teóricos creen que, por lo general, cierta clase de evaluación juega cierto papel en la determinación de las respuestas emocionales. Arnold, en 1963, propuso una teoría de la evaluación cognitiva de la respuesta emocional que plantea que los estímulos exteriores son valorados y estimados esencialmente como buenos o malos. Esta estimación determina qué emoción sentimos, y puede ser expresada en respuestas fisiológicas y acciones manifestadas. Según Arnold, la valoración precede al estado de arousal, pero al igual que Schachter, mantiene que damos un sentido emocional a nuestro estado de arousal fisiológico, y ambos están de acuerdo en que los estados de arousal nos conducen a organizar y a canalizar la conducta (Conocimientos Generales de Psicología, Libro III, tema 12, ESTEA, Barcelona, 2007).
En este sentido y desde el punto de vista del inconsciente colectivo, el arousal en un nivel de conciencia viene a actuar como actúa el arquetipo en el inconsciente colectivo, visto este término para designar una predisposición inherente a percibir y reaccionar en determinadas formas. Los arquetipos según Jung, están contenidos en el inconsciente colectivo del individuo, aparecen de la experiencia de la raza humana y representan el modelo original de algo o alguien – por ejemplo el arquetipo materno. Se puede decir que las emociones se manifiestan desde un nivel inconsciente, pues no son reconocidas ampliamente como expresiones concientes, están impregnadas de la memoria histórica y que supera a la memoria genética a través de los siglos, por lo que es considerable pensar en que la raza humana y los valores de la raza se perpetúan en este último componente fundamental del ser humano, en este sentido el inconsciente colectivo es el mundo de la emociones y opera como el caldo de cultivo donde se gestan, se alojan, maduran, se mantienen y se transmiten en generaciones milenarias.
Convirtiéndose en el nido o la cárcel que las reprime dejando que aflore el razonamiento conciente a la conciencia para garantizar el buen saber, el buen hacer y buen estar en las relaciones sociales e interpersonales y consigo mismo.


V. MANIFESTACION EMOCIONAL DEL INCONSCIENTE COLECTIVO
BAJO LA INFLUENCIA DE LOS PREJUICIOS
Para la psicología social, es casi una obviedad decir que las personas forman grupos y que estos son una fuente importante de su identidad personal o social. Con el propósito de preservar esta identidad, interpretan las conductas de sus miembros en un sentido positivo (Ducan, 1976, Hewstone 1990, Vellone, Roos y Lepper, 1985), denigran a los grupos (Branscombe y Wann 1994, Croker, Thompson, McGruaw e Ingerman, 1987) y asignan más atributos positivos a su propio grupo. la discriminación sea étnica, sexual, racial o nacional tiene que ver, en última instancia con el mantenimiento de la imagen positivo de un grupo sobre todos lo demás (Schtz y Staub 1997).
Los grupos dominados sufren el prejuicio de los grupos dominantes, pero son incapaces, a juzgar por la percepción implícita de muchos científicos sociales, de juzgarse en términos más positivos que los grupos dominantes. Sin embargo si el etnocentrismo es un fenómeno universal, se puede decir que los grupos dominados no se pueden sentir superior a otros grupos, probablemente por el hecho de un excesivo énfasis sobre la dimensión cognitiva e intelectual; la división jerárquica de la sociedad en grupos dominantes y dominados se viene justificando desde la antigüedad mismo con los textos de Platón, pero ha adquirido una dimensión científica notable a partir de la segunda mitad del siglo XIX. En todo este tiempo, los grupos dominantes han pretendido objetivizar su superioridad, procurándose un cuerpo de datos o hechos que avalen su preeminencia verbal y discursiva, su superioridad en la cultura, educación buenas maneras, en el respeto al orden y a las leyes y similares.
Para entender las deferencias entres los grupos se hace referencia al concepto sugerido por Rothbart y Taylor (1992) de esencialismo subjetivo. “Las personas atribuimos a las categorías naturales diferentes esencias o, lo que es igual, una cualidad fundamental que les hace diferentes. Lo fascinante es que hacemos lo mismo con las categorías sociales (por ejemplo, blanco vs negro), esto es, categorías que a veces son arbitrarias y no basadas en ningún referente objetivo. Este esencialismo subjetivo permite asociar a cada grupo social determinadas características o esencias que le diferencian del resto. Desde este punto de vista un simple conjunto o agregado de individuos pueden convertirse en un grupo o en una entidad (Campbell, 1958) en virtud de este proceso. Gracias al esencialismo subjetivo, todos los miembros de un grupo específico tienen algo en común, y eso que comparten es, precisamente lo que les distingue de los demás grupos. Ante este planteamiento existen numerosas situaciones que a lo largo de la historia de la humanidad ha protagonizado terribles hechos fraguado en el ceno de una deshumanización que no es fruto de una concepción inaudita de las relaciones grupales, sino más bien síntomas explícitos de un proceso interno común a todos los seres humanos (Morales Domínguez, J.F. Huici Casal, C. Estudios de Psicologia Social, UNED, Madrid 2003).
Considerando los elementos subjetivos y de atribuciones arbitrarias de los grupos como factores protectores y potenciadores de los prejuicios, se hace referencia a otros factores más de carácter motivacionales, desde este punto de vista los prejuicios son el resultado de tensiones, emociones, miedos y necesidades del sujeto. Esto es totalmente congruente las teorías que fundamentan la existencia del inconsciente colectivo, de la operación del mismo desde los diferentes estados emocionales del individuo y sus consecuencias en la vida cotidiana; en particular, estos prejuicios sirven para reducir estados emocionales negativos o satisfacer necesidades básicas. En este y muchos otros sentidos los prejuicios tanto como antivalores o como valores juegan un papel de utilidad social para mantener el Status Cuo por lo cual son adquiridos a través de largos procesos de aprendizajes y de socializaciones desde tiempos arcaicos.
Un grupo nutrido de investigadores han propuesto que los prejuicios, como otras actitudes son aprendidos (Allport, 1954; Kelly Ferson y Holtzman, 1958).
Bird Monachesi y Burdick (1952) encontraron que casi la mitad de las familias blancas entrevistadas a mitad de la década de 1950 había impuesto a sus hijos reglas en contra de jugar con niños negros. En consecuencia con este punto de vista, los investigadores han descubierto que los niveles de prejuicio racial de padres e hijos coinciden en muy buena medida (Altemeyer, 1994; Rohan y Zanna 1996). La perspectiva del aprendizaje sociocultural explica por que hay tales variaciones en los objetos de los prejuicios pues los niños de diversos países o regiones de un mismo país aprenden a odiar a diferentes gruposétnicos. También los medios de comunicación de masa se convierten en fuentes socioculturales de los estereotipos y prejuicios. Sin embargo las causas fundamentales de los factores cognitivos de los prejuicios son los estereotipos negativos; la creencia de que un grupo posee características negativas genera desagrado hacia él y comportamiento discriminatorio (Worchel, S; Cooper, J. Goethals, G.R; Olson, J. Psicología Social, THOMSON, España, 2004).
Se puede decir que los prejuicios surgen de diversas fuentes. Pueden surgir de las diferencias de estatus social y de los deseos de las personas de justificar y mantener estas diferencias. También se pueden aprender sobre el rasgo de
nuestros padres cuando nos socializan explicándonos las diferencias importantes entre las personas. Finalmente, nuestras instituciones sociales pueden desempeñar la función de mantener y respaldar los prejuicios. En este instante me vienen recuerdos curiosos con respecto a los cuentos de hadas los cuales son y existen desde hace varios millones de años en el vocablo popular de nuestras comunidades, aldeas etc. a lo largo de la historia de la humanidad y podría mencionar algunos entre ellos La Caperucita Roja, El Patito Feo, Los siete cabritos, los tres cerditos, etc. son cuentos que han perdurado las guerras, a las altas mareas a los fuerte fenómenos de la naturaleza, por que viven en la memoria histórica de nuestros pueblos y es en ellos desde donde se transmite los temores asociados a los colores, olores, gestos y sabores.
Un ejemplo vivo de la práctica y operación del prejuicio es: El fenómeno sicológico del prejuicio racial ligó en acción recíproca la situación de clase y de raza de las estructuras de la sociedad esclavista colonial. Persona negra y condición de esclavo significaron igual cosa; la Comunidad Negra estuvo sometida a dos tipos fundamentales de relaciones: unas relaciones de explotación económica y otras de opresión étnica y cultural que justificaban las anteriores. Durante 400 años, las relaciones entre la población identificada socialmente como blanca y las Comunidades Negras crearon toda clase de antagonismos sociales y étnicos, y se universalizó en el inconsciente colectivo del grupo blanco la actitud de grupo superior y la definición de persona y Comunidad Negra inferior. Los mecanismos de ascenso y prestigio social estaban determinados por la identificación entre el color y la situación de clase, dos elementos inseparables cuya acción era recíproca y permanente: comenzaba con el español y descendía con el Español criollo, mestizo, indio, negros, pardos y morenos.
Justificando la esclavitud de las comunidades africanas se retomaron las teorías racistas de la formación esclavista clásica grecorromana, difundiendo la visión aristotélica del conquistado-esclavo, considerado herramienta viva, "una cosa, aunque tenga cuerpo y alma de persona humana y cuyo papel era igual al de un buey". Los derechos naturales y sociales reconocidos en la época eran de goce exclusivo de la comunidad blanca. El esclavo negro no era reconocido como persona igual y menos podía otorgársele derechos.

VI. BIBLIOGRAFIA CONSULTADA
1. Jung, C. El Hombre y sus Símbolos, Caralt Editor S.A. Barcelona, 2002.
2. Jung. C. G, Arquetipos e Inconsciente Colectivo, Paidós, Barcelona, 2004.
3. Rodríguez Martín, C. Psicología Social, Cómo influimos en el pensamiento y la conducta de los demás. Anaya S.A, Madrid, 2003.
4. Henche Zavala, I. Educar en Valores a través de los cuentos, Bonum, Buenos Aires, 2008.
5. Abderraman Cherif-Chergui nació en Marruecos, es Profesor en la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Filosofía y Letras y Doctor en Psicología.
6. Para la traducción de las aleyas en castellano hemos utilizado, la obra del profesor Juan Vernet (“El Corán”).
7. Beauvois, J.L. Tratado de la servidumbre liberal, La Oveja Roja, Madrid, 2008.
8. Morales Domínguez, J.F. Huici Casal, C. Estudios de Psicologia Social, UNED, Madrid 2003.
9. Conocimientos Generales de Psicología, Libro III, tema 12, ESTEA, Barcelona, 2007.
10. Worchel, S; Cooper, J. Goethals, G.R; Olson, J. Psicología Social, THOMSON, España, 2004.
11. Myers, David G. Exploraciones de la Psicología Social, McGraw Hill, Madrid, 2008.