“Ciencia y budismo: el consenso ”
Tesina de María Elena Álvarez Teresa. Curso de Técnicas Mentales Tibetanas.
INTRODUCCIÓN
“Tanto si nos acercamos al mundo a través de la ciencia, como si lo hacemos a través de la espiritualidad, debemos aceptarlo tal como es". Dalai Lama
“Mientras que es verdad que los resultados científicos están más allá de toda consideración religiosa o moral, aquellos individuos a quienes debemos los más altos logros creativos de la ciencia estaban todos imbuidos de una profunda convicción religiosa…sin la cual difícilmente hubieran sido capaces de la devoción, que sola, permite al hombre sus más altos logros". Albert Einstein
El propósito de esta tesina es comprobar el acercamiento entre ciencia y espiritualidad y como nos hallamos en el camino a la síntesis. Científicos y meditadores trabajan juntos numerosas veces para mostrar al mundo qué hablan exactamente de lo mismo. Comprobaremos como el lenguaje de la física y el de la filosofía budista no es tan dispar, llegando a emplear los mismos términos.
El método científico busca la objetividad; la espiritualidad busca la experiencia directa, subjetiva. La herramienta de la ciencia es la mente, la razón, el conocimiento de la realidad a través del hemisferio izquierdo del cerebro; la de la espiritualidad es la intuición, el conocimiento directo a través del hemisferio derecho. La ciencia se ocupa de la materia; la espiritualidad, del espíritu. Vemos que van por caminos opuestos pero hay una única meta: la búsqueda de la verdad, la esencia.
La meta es la misma, los caminos diferentes. ¿Es razón suficiente para la guerra?. No debería ser así, si se practica la tolerancia. En el pasado, la polaridad fue intensa. Han sido necesarios los últimos descubrimientos científicos para un acercamiento. El ego de la ciencia se da por supuesto, pues ego y mente son sinónimos. Resultaría paradójico oír a un meditador, a un iluminado, a un Bodhisattva, despotricar con saña contra los descubrimientos científicos, o peor aún, ridiculizar el sendero por el que circula la ciencia.
¿Qué fue lo que provocó que la ciencia en el pasado se haya empeñado tanto en construir muros blindados que la separen de la espiritualidad?. La identificación de religión y espiritualidad ha hecho mucho daño a la búsqueda de la verdad. Aceptar un dogma de fe, nacido del miedo, de la inseguridad, oculta el conocimiento. Y eso lo sabe muy bien la ciencia, pues la represión de la verdad en nombre de la fe, costó la vida de individuos que buscaban definir el mundo en el que vivimos. Y es que las religiones organizadas y totalitarias son enemigas de esa tolerancia sin la cual no es posible la pacífica convivencia de caminantes diferentes.
Aunque el budismo haya tomado las maneras de religión organizada, su nacimiento de manos de un hombre –Siddarta Gautama- que insistió en que no era un ser divino, y que nadie aceptase ninguna verdad que no hubiera experimentado personalmente, exime a esta filosofía de cualquier intento de imposición de “su” verdad.
Un recorrido por la historia hace comprender como las ideas de tiempos y hombres diferentes consiguen separar caminos que van a un mismo punto.
No es cierto que todos los científicos rechacen el contacto con el espíritu, como veremos más adelante. Y también falta a la veracidad la etiqueta de irracional que se cuelga al budismo y la espiritualidad oriental en general, pues si hay un denominador común, es la meditación, práctica que busca el conocimiento y dominio de la mente.
Como ejemplo de síntesis, observaremos de cerca la trayectoria de dos eminencias que aúnan en sus vidas ciencia y budismo y cuya prioridad es demostrar que las dos ramas forman parte del mismo árbol del conocimiento y pueden apoyarse mutuamente en consecución del mismo objetivo.
Por último, se estudiará el concepto de vacío, fundamental en la comprensión del universo; un recorrido por las diferentes ideas que sobre él han circulado, hasta la constatación de su papel generador de la realidad. Cuáles son las consecuencias que el conocimiento del vacío genera en la filosofía budista. Y cuáles son los últimos descubrimientos de la física y la cosmología sobre el tema.
HISTORIA DE UNA ESCISIÓN
Desde la prehistoria, los humanos basaron su vida en una medida superior, la de la divinidad. En las culturas primitivas panteístas, animistas, la base de todo fue un sentido espiritual, la idea de Dios presidía los actos más cotidianos. La naturaleza fue la medida cósmica pues el medio natural era el escenario del desarrollo vital. Lo único que conocían, su espacio inmediato. Poco terreno quedaba para la curiosidad, ocupados como estaban en la dura supervivencia en un entorno salvaje. ¿Cómo controlar el medio?. Apelando a fuerzas invisibles, más poderosas que ellos: los elementos y fuerzas de la naturaleza de las que dependía su supervivencia. Así, la tierra, el sol, la lluvia, el fuego que los calentaba y hacía más digeribles y agradables los alimentos, se convirtieron en dioses.
Cuando se fueron estabilizando en cierta seguridad, quedó espacio para ampliar su campo espiritual y aumentó la cantidad de divinidades, complicándose en una red que abarcaba cualquier actividad.
Llegó un momento en que se bifurcaron los intereses de las distintas culturas: por un lado en oriente buscaron el conocimiento del espíritu, la experiencia directa de lo invisible. Surgieron las grandes religiones y filosofías: Taoísmo, Hinduismo, Budismo. Por otro lado, los griegos dieron comienzo a la civilización occidental dando preponderancia a la razón, a la lógica. En el medio oriente, las grandes religiones monoteístas, nacidas de un mismo tronco: Judaísmo, Cristianismo, Islamismo, fueron extendiéndose. El Cristianismo llegó a Roma y a través del gran imperio, se convirtió en la religión mayoritaria de Europa, una concepción religiosa de enfrentamiento sin solución de los dos principios, el bien y el mal. La polaridad se convirtió en el paradigma de occidente, mientras que en oriente los opuestos se vivieron como las dos caras de una misma moneda, sin perder de vista la unidad.
Lo invisible siguió imperando sobre lo visible. En la Edad Media, la dictadura de terror de un Dios que juzga y castiga, llegó a límites insoportables, baste recordar los miles de muertos en la hoguera.
El totalitarismo del concepto cristiano medieval de lo divino, dio paso al hombre como medida de todo. Podemos tomar como símbolo de estas ideas al Hombre de Vitruvio de Leonardo da Vinci. Los ojos se volvieron hacia lo humano y retornó el gusto por el clasicismo griego. Duras críticas se vertieron sobre los estamentos eclesiásticos y la religión dejó de ser el eje sobre el que giraba la sociedad. Como ejemplo tenemos a Erasmo de Rotterdam (1466-1536), hijo bastardo de un clérigo y su criada, que tomo los hábitos y acabó censurando vivamente lo que la iglesia había hecho con el mensaje de Cristo. Proclamó que las culturas clásicas hacían más honor a la verdad, pues en ellas no había imperado la represión del cristianismo. El siglo XVII, antesala de la Ilustración vio nacer personajes que pusieron las bases para el predominio de la razón sobre el espíritu. Tal es el caso de Descartes y su famosa frase: “pienso, luego existo”.
Con la llegada de la Ilustración, en el siglo XVIII, asistimos a una cultura laica. Las prioridades de oriente y occidente, se alejan. Desde entonces, la ciencia pasa a ser prerrogativa de occidente y los asuntos místicos y la espiritualidad se quedan en oriente, acusando a esta parte del mundo que vio nacer culturas refinadas cuando Europa aún se comportaba bárbaramente, como exclusivamente mística y exenta de rigor científico.
A principios del siglo XX, Max Planck, Einstein y Schrödinger entre otros, con sus teorías, pusieron las bases para el nacimiento de una nueva rama de la ciencia: la física cuántica. Nacimiento surgido de la imposibilidad de explicar ciertos fenómenos desde dos de las teorías vigentes entonces: La ley de Gravitación universal y la teoría Electromagnética clásica.
A partir de ese momento, la ciencia caminó al encuentro del saber milenario de oriente, que durante milenios atesoraba conocimientos sobre la energía y el universo que la física moderna descubriría más adelante.
Veremos como la imagen de ateos e indiferentes al espíritu que de los científicos tiene la mayoría, es falsa. Por otra parte, considerar a la espiritualidad como falta de rigor científico es cometer pecado de ignorancia, pues si en algo se basa la meditación y el yoga, prácticas habituales en oriente, es precisamente en la observación de los fenómenos tanto internos como externos, sin un ápice de apego ni sentimentalismo, una posición tan rigurosa, como la de cualquier ciencia, donde la experimentación es la base. Ha sido la ciencia la que se ha empeñado en mantener la escisión bien presente, asegurando su superioridad frente a la experimentación subjetiva de la búsqueda espiritual.
ROMPIENDO TABÚES
Sin duda es esta una era de síntesis entre ciencia y espiritualidad. Parece llegado el momento de resolver la polaridad. Oficialmente, la ciencia ha dejado bien clara su postura de distanciarse de terrenos místicos. No obstante, si miramos a nivel personal, nos llevaremos más de una sorpresa: Isaac Newton además de científico era alquimista y estudiaba la óptica porque estaba convencido de que la naturaleza de la luz y la del espíritu eran la misma; Leibniz escribía tratados místicos, como la “Monadología”; Max Plank, que recibió el premio Nobel en 1918, padre de la física cuántica, escribió sobre metafísica.
Las experiencias místicas de hombres de ciencia son innumerables: Pascal escribió en un trozo de pergamino, con el dibujo de una cruz de fuego: “El año de gracia de 1654, lunes 23 de noviembre, día de San Clemente, desde las diez y media de la noche hasta las doce y media de la noche, fuego”. La revelación mística espontanea que fue decisiva para Werner Heisenberg tuvo lugar una noche enfebrecida en las colinas de Helgoland que le inspiraron la mecánica cuántica matricial; Fred Hoyle cuenta que “mientras conducía por el norte de Inglaterra, mi revelación tuvo lugar en la carretera de Bowes Moor, así como la de San Pablo sucedió en Damasco. Mi consciencia matemática se iluminó, pero no un poco, ni siquiera mucho, sino como si se encendiese de repente la luz brillando en lo alto”.
La expresión mística de la que hablan estos hombres de ciencia tiene que ver con una forma intuitiva de aprehender la realidad y que es muy difícil de expresar en palabras, es la experiencia directa de la realidad de la que hablan los meditadores y las culturas orientales.
La meditación es practicada por muchos investigadores científicos. Tal es el caso de Brian Josepfson y David Bohm quienes la utilizan como una guía útil en la formulación de teorías físicas; el matemático Kurt Gödel recurría a la meditación, durante la que entablaba “otra relación” con la realidad que le permitía recibir directamente objetos matemáticos tales como el infinito.
Después de tantos ejemplos, cabe preguntarse por qué la inmensa mayoría está convencida de que la gente de ciencia son seres como máquinas, desprovistos de sentido espiritual. ¿Quizá son los auténticos genios los que no esconden detrás de sus instrumentos de investigación la fe en la grandeza del espíritu?. ¿Quizá son solo los mediocres, exentos de creatividad los que mantienen esa posición?. Puede ser, pues testimonios de grandes descubridores en el campo de la ciencia nos dan indicios de ello: Max Born, Nobel de física en 1954 afirma: “solo la gente boba dice que el estudio de la ciencia lleva al ateísmo”. Y Einstein nos dice que “es más fácil destruir un átomo que un prejuicio”.
Si la física intenta definir las leyes que rigen la materia y la metafísica se ocupa de lo que hay más allá de la materia, parece razonable su encuentro, pues negarlo, pondría límites a la física. Y una ciencia que se niegue a pasar de ciertos límites, deja de llamarse ciencia. Dice Ken Wilber, faro de la psicología transpersonal, que “la física trataría de un mundo de sombras, ir más allá de las sombras es ir más allá de la física, es apuntar a la metafísica o a la mística. Y esa es la razón por la que tantos físicos pioneros han sido místicos” Desde principios
Afortunadamente la ciencia más actual va rompiendo moldes fósiles y el campo se abre al infinito. Puede que haya llegado el momento de la muerte de la física teórica, como apuntaba el cosmólogo Stephen Hawking ya en 1980. Y que esa muerte signifique a su vez la muerte de la polaridad entre ciencia y espiritualidad, el nacimiento a la experiencia directa del camino medio.
Si por un lado tenemos a científicos que viven en comunión con el espíritu, veamos ahora si el budismo ofrece rigor científico, para equilibrar la balanza de este tándem.
LA MEDITACIÓN
El budismo es una filosofía, una manera de entender la vida. No surgió como una religión. Buda Sakhiamuni dijo que nadie adoptara sus ideas ni las de otros sin haber experimentado la verdad por si mismo. El budismo no nació de la fe en un dios, una creencia incuestionable, sino de la experimentación. Se ve claramente que se relaciona más con la ciencia que con la religión. Con el tiempo se fue institucionalizando y ritualizando, perviviendo en el tiempo como tradición y llegando a ser considerada como una religión.
La práctica en la que se basa el budismo, su columna vertebral, es la meditación. ¿Y qué es meditación?. Ni más ni menos que el cultivo de la mente. Buda dice que todo proviene de la mente. ¿Qué es la mente?. Desde luego no es el cerebro, ese órgano material. En las escrituras budistas, se compara al cuerpo con un hotel, y a la mente, con un huésped. En el momento de la muerte, la mente abandona el cuerpo, al igual que el huésped deja el hotel y se va a otro lugar.
La mente es inmaterial, un continuo cuya función es percibir y comprender objetos. A través de ella, nos relacionamos con el mundo y con nosotros mismos. Es la herramienta que nos permite conocer la realidad.
Todo lo que ocurre, ocurre en nuestra mente. Cuando percibimos algo, es la mente quien juzga si es beneficioso o perjudicial. Cuando otras personas actúan de forma que no nos gusta, es nuestra mente quien dicta como nos sentimos y reaccionamos a ello. Es la que percibe, analiza, imagina, siente, desea, intuye…Es la antena que escanea, el procesador y el disco duro, nuestro laboratorio. Y la meditación se encarga de conocer y limpiar ese laboratorio. Si todo lo que tenemos para aprehender la realidad es la mente, la mente es nuestra realidad, y el conocimiento de la naturaleza de la mente, el conocimiento supremo. La máxima budista “aceptar la realidad tal como es”, aleja cualquier engaño, cualquier ilusión. Aspira a la objetividad, como la ciencia, pero con una visión aún más realista, sabiendo que toda objetividad parte de la subjetividad ya que solo podemos conocer, a través de nuestra individualidad, única e irrepetible.
¿Cómo se plantea el conocimiento de la mente en la meditación?. Desde el observador imparcial. Si nos dejamos llevar por el apego o la aversión, dejamos de ser neutrales, nuestra visión se vuelve partidista y por lo tanto, se nos escapa la realidad tal cual es. Observar los apegos y aversiones es primordial para esquivarlos. Reconocer un problema, es la base para solucionarlo. Observar tranquilamente los pensamientos, deseos, sentimientos, para saber qué caminos transita nuestra mente. De esa forma comienza el camino de la liberación de las ataduras que impiden la visión clara. Cuando nada enturbia la vista de la realidad, podemos conocer cualquier objeto, bien sea interno o externo.
El primer paso para conocer la mente, es el samadhi o samatha, esto es calmar la mente, un estado de tranquilidad que posteriormente nos permita observar el cuerpo, los pensamientos, las emociones de manera imparcial. La mente se debate en un caos de contenidos, es necesario apaciguarla para evitar la dispersión, acostumbrarla a permanecer concentrada en un objeto, sea internoo externo. Dicen los meditadores que la mente del ser humano, si no se trabaja, no puede permanecer fija más de ocho segundos. Por eso debemos entrenarla. Pensamientos aparecen continuamente, no debemos seguirlos. Los dejaremos pasar como las nubes surcan el cielo. El cielo es el observador y los pensamientos, las nubes. ¿Cuándo se ha visto al cielo perseguir una nube?. El cielo es, la nube surge y desaparece. Surgirán y desaparecerán. La lucha y el castigo se descartan; se trata a la incapacidad personal para concentrarse durante mucho tiempo, como se educaría a un bebe, con persistente constancia y paciencia, llevándola de nuevo a la atención concentrada, sin invalidarnos por ello.
Cuando se ha conseguido un estado de calma, es hora del siguiente paso: vipassana. El término significa visión clara, es la sabiduría, la ausencia de maya, engaño. Se trata de la recta comprensión de la realidad, sobre nosotros mismos y sobre el universo, la plena conciencia de lo que es, el conocimiento de la esencia.
¿Hay algo más científico que esto?. En cuanto al conocimiento, física y budismo buscan el mismo objetivo, el conocimiento de la naturaleza En la experiencia directa de los meditadores budistas, el conocimiento del universo como una totalidad, lleva a la compasión, todos estamos en el mismo barco, así que todos se merecen la misma felicidad que yo. ¿Llega la física a la misma conclusión?. Parece que ya algunos apuntan en la misma dirección: el físico David Mansfield ha escrito un libro titulado “Budismo tibetano y física moderna: hacia la unión entre amor y conocimiento”. Veamos lo que dice el Dalai Lama en la introducción de dicho libro sobre los resultados hasta ahora, de la contribución de la ciencia a la felicidad: “No tengo ninguna duda que la ciencia y la tecnología pueden contribuir a la felicidad de todos nosotros y de qué la ciencia es una basta y hermosa fuente de conocimiento. Sin embargo, a pesar de sus logros en numerosos campos, aún no hemos dado con la forma de aplicar la ciencia y la tecnología a la erradicación de la infelicidad que atenaza a tanta gente en el mundo”…”ciertamente creo que el remedio básico para el sufrimiento anímico, por naturaleza radica en la mente misma y que el potencial para la resolución real de los problemas de la mente, existe en el nivel mental. Aunque necesitamos evidentemente de la ciencia y de la tecnología, también necesitamos de nuestra espiritualidad, del trabajo en el corazón y en la compasión que apuntala nuestra felicidad esencial”.
LA SÍNTESIS
“El budismo y la física cuántica dicen lo mismo.”
Alan Wallace
Indudablemente algo está cambiando. La física más moderna y la filosofía budista se acercan cada vez más. Y si los “grandes rivales, los representantes de oriente y occidente: espiritualidad y ciencia, se unen en visión y consecución de objetivos, la cultura de este planeta dará un vuelco.
El primero en explorar la conexión entre la física moderna y las filosofías orientales fue Fritjof Capra que publicó en 1975 “El Tao de la Física”, en el que se exploran las correspondencias entre las teorías de la física cuántica y tradiciones místicas como el Hinduismo, el Budismo o el Taoísmo. Hay más ejemplos de escritos que han analizado el vínculo entre ciencia y filosofía oriental : “La Ciencia de la Mente: cuando la ciencia y la mente se encuentran” y “Mente en equilibrio, la meditación en la ciencia, el budismo y el cristianismo” de Allan Wallace, “La Danza de los Maestros de Wu Li” de Gary Kuzav, “Budismo y física cuántica” de Christian Thomas Kohl, numerosos ensayos de Matthieu Ricard, entre ellos “En defensa de la felicidad”, “El infinito en la palma de la mano”, etc.
Los autores arriba señalados, destacan sobre todo algunas concordancias: la concepción del vacío y el universo como totalidad indivisible, es decir la interconexión entre todas las cosas, particularmente entre el observador y lo observado, eje central de la mecánica cuántica.
Estudiemos más de cerca la vida y obra de dos de los más claros ejemplos de síntesis entre ciencia y budismo tibetano: Alan Wallace y Matthieu Ricard. Los dos muestran ese deseo de consenso entre lo que solo aparentemente se halla distanciado y sirven como muestras perfectas a los propósitos de esta tesina con el aliciente de que han recorrido sus caminos en sentido contrario el uno del otro, pero con la misma idea: la síntesis.
Comencemos por Alan Wallace, nacido en Pasadena en 1950, autor, traductor, profesor, investigador, intérprete y practicante de budismo tibetano, interesado en el consenso entre la conciencia y la física. Llegó a la física cuando llevaba casi quince años como monje. Abandonó la Universidad de California donde estudiaba en un principio Ecología y después Budismo y lengua tibetana, para trasladarse a Dharamsala donde prosiguió sus estudios de la lengua y empezó a estudiar medicina tibetana.
Ordenado monje por el Dalai Lama, a instancias de este se traslada a Suiza donde vive el erudito Geshe Rabten. Allí sigue estudiando, traduce textos tibetanos y da clases de meditación, hasta 1979 que se traslada de nuevo a Dharamsala a realizar una serie de retiros bajo la supervisión del Dalai Lama.
En 1984 regresa a Occidente para estudiar en el Amherst College, física, sánscrito y los fundamentos de la física moderna donde se gradúa con honores. Su tesis laureada fue publicada en dos volúmenes. Con el tiempo se traslada al Tibet, con el patrocinio de Mind and Life Institute para hacer un trabajo de investigación sobre la vida monástica y termina su tesis de estudios de Budismo sobre el tema del entrenamiento en la atención y su relación con la psicología moderna. Durantevarios años es profesor de Budismo Tibetano y la interacción entre ciencia y religión en el departamento de Estudios Religiosos de la Universidad de California. Es fundador del Instituto Santa Bárbara para el Estudio de la Conciencia. Curiosa coincidencia con Jacobo Grinberg-Zyiberbaum, fundador de INPEC (Instituto para el Estudio de la Conciencia) al que nombro en mi tesina del curso de Hipnosis Regresiva de esta misma escuela: “La Conciencia de Unidad. Psiconavegación: El Salto Evolutivo”. El paralelismo es claro. En este caso, Grinberg, neurofisiólogo, brillante investigador, interesado en la física cuántica, estudió el cerebro de chamanes y místicos en estado de trance.
La conclusión de Wallace después de una vida dedicada a la meditación y el estudio del budismo y la física cuántica es según sus palabras, que ”la física cuántica y el budismo, dicen lo mismo”. Afirma que el budismo y la física se ocupan de la realidad, que el budismo no está apegado a creencias religiosas y que hace ya 2000 años que expuso las leyes de la mecánica cuántica.
En 1997 tradujo una conversación entre el Dalai Lama y un eminente físico experimental austriaco, Anton Zeilinger, que le explicaba al Dalai Lama que en la física experimental cuando investigas la naturaleza de una partícula elemental, como un electrón, no la encuentras, está vacía. El electrón solo existe en relación con el sistema de medición y el observador. No es posible observar un sistema sin perturbarlo. El Dalai Lama se sorprendió por el conocimiento de un hombre que no había estudiado lafilosofía del camino medio, Madyamika, que dice que el yo como tal no existe, es un fluir de energía en permanente cambio.
Madyamika es una avanzada escuela dentro del budismo, fundada en el año 200 de la era cristiana, por Nagarjuna, que fue la base filosófica del Mahayana. Esta línea negó la existencia tanto del observador, de lo observado y de la observación misma. Anton Zelinger a su vez, se maravilló de las explicaciones del Dalai Lama, que no había estudiado física cuántica y lo invitó a su laboratorio. La tecnología de la ciencia, el Budismo no la posee, investiga la mente y los fenómenos objetivos a través de la concentración en un solo punto, el samadhi.
Wallace concluye que el Budismo va más allá de la ciencia en cuanto a practicidad en el día a día, pues la sabiduría de que no existe nada de forma independiente, la vuelca en la compasión, lo que la física y la ciencia en general, ignoran. Entonces, se plantea a que nos conduce el conocimiento científico, si no apoya al ser humano en su lucha contra el sufrimiento. Por eso en su instituto se dedica a aplicar sus conocimientos a temas prácticos, como calmar emociones destructivas, déficit de atención, desórdenes hiperactivos, etc. Un ejemplo es un estudio en colaboración con la Universidad de California que duró siete años y en el que entrenaron en meditación a maestras de escuela y otros profesionales aquejados de estrés, obteniendo magníficos resultados: a los cinco meses, los desórdenes habían desaparecido y ya no volvieron a repetirse.
El trabajo de Alan Wallace aporta un avance vital a nuestro mundo escindido y desequilibrado; abre una vía al consenso que va camino de convertirse en actitud global.
Matthieu Ricard, nacido en Paris en 1946, hijo del célebre filósofo Jean-Francois Revel, miembro de la Academia Francesa y de una famosa pintora surrealista que acabó convirtiéndose en monja budista.
Su trayectoria fue al revés de la de Alan Wallace ya que llegó al budismo tibetano procedente de la ciencia. Se doctoró en genética molecular en el instituto Pasteur y trabajó con el premio Nobel de medicina Francois Jacob. Abandonó su brillante carrera científica y vivió en el Himalaya haciéndose discípulo de Kangyur Rinpoche, maestro de la antigua tradición Nyingma. Posteriormente fue discípulo de Dilgo Khyentse Rinpoche hasta su muerte.
Miembro del Mind and Life Institute, colaboró en encuentros entre científicos y estudiantes budistas. Interesado en los efectos del entrenamiento mental sobre el cerebro ha escrito multitud de ensayos al respecto. Durante años, en la universidad de Wisconsin y a instancias del Dalai Lama que siempre ha promovido actividades de este tipo, se ha estudiado el cerebro de Ricard con resonancias magnéticas nucleares en sesiones de hasta tres horas de duración. Desde 1989 ha ejercido como interprete de francés y ayudante personal del catorceavo Dalai Lama, Tenzin Gyatso.
El cerebro de Matthieu Ricard registra una actividad inusual en la corteza izquierda, donde residen las sensaciones placenteras, mientras que en la corteza cerebral derecha se encuentran las sensaciones de depresión, ansiedad y miedo. Los resultados fueron comparados a los obtenidos por cientos de voluntarios desbordando las previsiones previstas. Estos estudios se basan en el descubrimiento de que el cerebro se halla en continua evolución, es un órgano moldeable. La relación entre el córtex izquierdo y el derecho puede ser medida y esta relación indica el temperamento de una persona.
Los neurocientíficos americanos han comprobado que el mayor índice de felicidad corresponde a los monjes budistas que practican la meditación diariamente. Ricard explica que se debe a que trabajan con esa plasticidad cerebral alejando los pensamientos negativos y concentrándose solo en los positivos. La felicidad es algo que se puede aprender, desarrollar y alcanzar como estado definitivo. Este estado no se consigue sin esfuerzo, hace falta tenacidad en el entrenamiento mental. Poner la atención en la forma en que percibimos y juzgamos nuestras percepciones.
Vemos como ciencia y espiritualidad pueden convertirse en aliados: los experimentos pueden demostrar el efecto de la meditación y entrenamiento mental y con eso dar al mundo el conocimiento de que no estamos a merced de lo que nos llegue, sino que podemos agarrar al toro por los cuernos, educando nuestra mente de forma beneficiosa para nosotros y para el resto de seres vivos del planeta.
EL VACÍO
“No puede designársele vacío, pero tampoco no vacío…pero para designarlo le llamaremos vacío". Nagarjuna.
“Resulta que el vacío, no está vacío, esta es la diferencia entre el vacío y la nada”. Álvaro de Rújula (físicoteórico del CERN).
El concepto de vacío es la pieza central de la filosofía budista Mahayana. Aunque no todas las escuelas budistas entienden el vacío exactamente de la misma manera, hay un terreno común. El término que utilizan es shunyata que tiene el significado de “calidad de lo vacío”, vacuidad. Es la verdad última no-manifestada, la naturaleza verdadera de todo fenómeno. La palabra vacío para la cultura occidental tiene connotaciones nihilistas, se la entiende como “nada”. En oriente sin embargo, la raíz su conlleva el concepto de tener la posibilidad de aumentar. Por tanto, cuando el budismo habla de vacío, es importante no confundirlo con la ausencia total de algo. Visto lo cual, cuando la física cuántica y el budismo hablan del vacío, se refieren a la misma cosa, a un campo que contiene todas las posibilidades en estado latente. Un ejemplo claro sobre la idea que tienen las dos culturas sobre este concepto, es el círculo: en occidente se lo interpreta como vacío; en cambio, para oriente simboliza la totalidad.
Michio Kaku, catedrático de Física Teórica de la Universidad de Nueva York cuenta en su libro “Universos Paralelos” que los cosmólogos han descubierto la composición del universo gracias al satélite WMAP: la materia visible (incluyendo montañas, planetas, estrellas y galaxias) constituye solo el 4%; de esta cantidad, la mayor parte se encuentra en forma de hidrógeno y helio y probablemente solo el 0,03%adopta la forma de elementos pesados. El 23% del universo está constituido por una sustancia extraña e indeterminada llamada “materia oscura”, que tiene peso, rodea las galaxias con un halo gigantesco pero es invisible. La materia oscura es tan dominante y abundante, que en nuestra galaxia de la Vía Láctea supera a todas las estrellas en un factor de 10. A pesar de su invisibilidad, puede ser observada por los científicos porque refracta la luz de las estrellas. Pero los datos que hicieron tambalearse a la comunidad científica, fue el descubrimiento de que el 73% del universo está constituido por la misteriosa “energía oscura”, la energía que se encuentra en el vacío del espacio. Es la fuerza motora de todo el universo.
Es tal la potencia de la energía oscura, que en un centímetro cuadrado hay más energía que en todo el universo conocido, es la creación en potencia.
No debería sorprendernos que la mayor parte del universo se componga de lo que llamamos vacío, pues desde hace miles de años, las filosofías orientales, los meditadores, estudiosos de la mente y de la realidad ya afirmaban que la esencia del universo es vacío.
La concepción holográfica del universo y los descubrimientos relativos al fráctal, apoyan la sabiduría oriental. Todo es un reflejo exacto a escala del universo; como se descubrió hace más de cien años, el átomo es en su mayor parte vacío, como el universo.
En la filosofía budista y en la experiencia de iluminación, lo que se comprende es que todos los fenómenos y la multitud de individualidades, no son más que ilusión aparente, pues la realidad última es el vacío. Un vacío lleno de energía vibrante, siempre en movimiento, donde no existen formas que perduren en el tiempo. Buscar el vacío en la realidad aparente, es buscar su verdadera esencia.
Fue Nagarjuna, en el siglo II y su doctrina Mhadyamika (camino medio) quien desarrolló el concepto de vacío. Después de Gautama el Buda es el filósofo más importante del budismo mahayana. La verdad última es la vacuidad. No es la nada, sino la carencia de existencia inherente. La mente, que siempre se aferra, proyecta de manera errónea una existencia inherente en los fenómenos. Todos los fenómenos aparecen en nuestra mente como si existieran de forma independiente, y como no reconocemos que esta apariencia no es real, sucumbimos ante ella.
El vacío es el fundamento de todo, pues gracias a él, todo es posible. Es un concepto optimista, lo contrario de la opinión que en occidente se tenía del concepto de vacío oriental, al que etiquetaban de nihilismo.
La compasión procede del conocimiento de la vacuidad; si todo tiene la misma esencia, todos los seres, humanos y no humanos somos dignos de compasión. Es la raíz del camino Mahayana, la Bodhiccita.
Un bodhisattva trabajará por el bien de todos los seres en base a considerarlos como sus madres. Meditando en el inmenso amor de una madre por sus hijos, incluso nuestro enemigo, merece nuestra compasión. Dicha compasión no es un sentimiento de pena, sino de bondad hacia todo y que en ocasiones demanda la puesta en práctica de una actitud de enfrentamiento cuando un ser cometa una acción que perjudique a si mismo o a otros. No dañar a nadie y no permitir que otro nos dañe.
En una ocasión, se expuso ante el Dalai Lama una situación hipotética: si un individuo entra en una habitación con un arma, dispuesto a acabar con la vida de los presentes, y si él dispusiera a su vez de un arma, ¿Qué haría?. La respuesta del Dalai Lama fue clara: primero dispararía a las piernas, para hacerlo desistir. Si aún así, persistiera en su objetivo, dispararía a la cabeza.
Si todo procede de una única esencia, si no hay fenómenos independientes, todo está conectado. La interconexión del universo, es una idea que comparten budismo y ciencia.
Todo está interrelacionado con todo. Esta es la conclusión a la que llega la física moderna estudiando las partículas elementales. A medida que entramos en la materia, aparece una red de conexiones entre las partes de un conjunto. La teoría de Sistemas dice que cuanto más complejo es un sistema, más significativas son las relaciones entre sus partes. En los sistemas complejos, el todo abarca más que la suma de sus partes.
El principio de no-localidad cuántica apoya la interrelación universal. Einstein no estaba de acuerdo con esta teoría cuántica y la llamaba despectivamente “acción fantasmagórica a distancia”. Para refutarla, creó un experimento mental junto con sus colegas Podolsky y Rosen que se conoce como Paradoja EPR; dice que dos partículas que han estado en contacto, una vez separadas por grandes distancias, siguen pasándose información de forma instantanea. Para él esto era inadmisible, pues suponía que había una velocidad superior a la de la luz. Fue Bell, en 1964 quien dio visos de realidad a la paradoja, demostrando matemáticamente que podía ser posible la interacción de partículas a distancia.
Por otra parte, Jacobo Grinberg-Zylberbaum, neurofisiólogo mexicano, postuló la Teoría Sintérgica que dice que todo el universo forma una gran red o lattice a través de la que podemos comunicar con cualquier otra zona del universo. Su modelo del universo es holográfico. Demostró en el laboratorio que los cerebros humanos se relacionan continuamente aunque nunca hayan estado en contacto.
La experiencia mística de unidad, de conexión con el todo, tiene explicación científica en estas teorías.
No solo el vacío es la clave de la filosofía budista mahayana. También lo es del Taoísmo. En el capítulo 11 del Tao Te Ching, Lao Tse leemos:
“Treinta radios lleva el cubo de una rueda; lo útil para el carro es su nada (su hueco).
Con arcilla se fabrican las vasijas, en ellas lo útil es la nada.
Se agujerean puertas y ventanas para hacer la casa y la nada de ellas es lo más útil para ella.”
Y Chiang Tse, explica:
“Cuando se sabe que El Gran Vacío está lleno de Chi.
Entonces se comprende
Que no existe la nada"
La física cuántica y algunas ramas del budismo, comparten el mismo concepto sobre el vacío. Pero no ha sido así en la historia pasada de la ciencia. De hecho al vacío se le consideró aberrante, llegando incluso a acuñarse una frase, “horror vacui”, para definir el rechazo de la naturaleza por este concepto. La campaña antivacío comenzó con Aristóteles y su obra “Fïsica” donde argumentaba sobre la inconsistencia del vacío como elemento constituyente de la naturaleza. Platón, los estoicos y la mayoría de escuelas antiguas contribuyeron a ello. En arte, el máximo exponente del “horror vacui” fue la estética del Rococó, esa amalgama de elementos decorativos que no dejan ningún lugar sin ornamentación.
En el siglo XVII, con Pascal empezó la aceptación del vacío considerándosele parte de la naturaleza. Posteriormente con los experimentos de Evangelista Torricelli y las afirmaciones de Newton sobre la existencia de inmensos espacios vacíos y los cálculos de Bentley, a instancias de este, demostrando matemáticamente que los espacios vacíos superaban al espacio ocupado por la materia, el “horror vacui” empezó a disolverse.
Pero es sin duda Rutherford el que destronó el antiguo concepto de la inexistencia del vacío, cuando en 1911 propuso el modelo del átomo, donde los electrones giran en torno a un núcleo que a esa escala resultan distancias enormes.
La existencia de un núcleo atómico, donde se concentraba el 99% de la masa, dejaba al átomo constituido practicamente por vacío. Gracias a estos descubrimientos, la proporción de vacío se convierte en superlativa. Si añadimos la dinámica de alejamiento progresivo de las galaxias, tenemos que el vacío está creciendo constantemente y hasta la misma materia se diluye en el vacío. Ha pasado de ser un componente más, a ser el creador de la realidad.
Se ha detectado la emisión de partículas por parte del vacío, tanto en el laboratorio como en el cosmos, observando como de los agujeros negros, surgen partículas; inesperado descubrimiento teniendo en cuenta que la intensidad de la fuerza gravitatoria de los mismos ni siquiera deja escapar la luz.
El llamado vacío cuántico es el estado de mínima energía. En él, no hay partículas de ninguna clase: ni fermiones, ni bosones, solo existen partículas virtuales de todas las especies. A medida que nos adentramos en niveles de materia más sutiles, la energía se incrementa. Así, vemos que la energía nuclear es un millón de veces más potente que la química. Los científicos dicen ahora que hay más energía en un centímetro cuadrado de espacio vacío, que en toda la materia del universo conocido.
La teoría de cuerdas propone un modelo en el que la materia no existe, solo existe la vibración de minúsculas cuerdas, siempre en movimiento. Un electrón no sería un punto moviéndose en un espacio de tres dimensiones, sino un pequeño lazo o cuerda que puede oscilar de diferentes formas. Si oscila de cierta manera, lo veríamos como electrón; si oscila de otra manera, lo veríamos como otra partícula: fotón, quark (partícula elemental más pequeña, que compone a los protones y neutrones), etc.
Si la teoría de cuerdas es correcta, solo habría un solo componente en el universo. Todo lo que vemos y aún, lo que no vemos, sería lo mismo.
Si la materia no existe,, si todo lo que compone el universo es energía vibrante, nos topamos de frente con el resultado de la iluminación de Buda: apartadas todas las ilusiones que impiden ver la realidad tal como es, lo único real es el movimiento siempre cambiante de Kalapas, partículas subatómicas que componen todo lo que existe, equivalentes a quarks y electrones, y que en el momento de ser captadas, ya están muriendo. Nada permanece, todo está transformándose en todo momento. La Ley de Conservación de la Materia de Lavoisier dice que esta no se crea ni se destruye, sino que se transforma. Como no hay tal materia, solo existe el movimiento de energía.
Hay una frase de Robert Jastrow, ex director del instituto Goddard de estudios especiales de la NASA, que define el resultado del conocimiento científico. “Para el científico que siempre se ha regido por su fe en la fuerza de la razón, la historia tiene un final de pesadilla. Después de escalar las montañas de la ignorancia, está llegando a la cumbre más alta. Y cuando se iza sobre la última peña, es saludado por una legión de teólogos que llevan varios años allí sentados”.
No se trata de demostrar quién tiene razón, sino de aceptar que hay dos formas de conocimiento para llegar a la verdad universal: la vía de la razón y la de la experiencia directa de la realidad, esto es, el camino objetivo y el subjetivo. Y que en la meta, se unen.