"El quiromasaje y sus efectos"
Tesina de Shila Ansogain. Curso de Quiromasaje.
ÍNDICE
MASAJE
“El masaje puede definirse como el tratamiento de las partes blandas del cuerpo con una serie de palpaciones, fricciones y golpeteos, con un objetivo higiénico-terapéutico”.
Según el célebre doctor Benjamín Lee, de Filadelfia, EEUU: “El masaje es la comunicación de movimiento a los tejidos del cuerpo vivo mediante una fuerza externa con fines terapéuticos e higiénicos”.
Incluye las siguientes partes o regiones, siguiendo el orden, al modo de manipularlas:
Extremidades inferiores, Extremidades superiores, Tórax (pecho), Abdomen, Espalda (con la región glútea)
Duración: Es de 35 a 45 minutos dependiendo naturalmente de la extensión de la superficie corporal, ya que no es lo mismo tratar a un niño, que a un atleta. Si el masaje es más largo puede fatigar, y si es más corto no produce reacción o muy escasa.
Si se trata de personas muy nerviosas es mejor empezar practicando 5 minutos de masaje espinal, con lo que se favorece la relajación.
a) Masaje local
En el masaje local, o por regiones, el tiempo de manipulación oscila entre 15 y 25 minutos por región y día.
En aquellas afecciones dolorosas como la ciática, reumatismo, lumbago, etc., pueden hacerse hasta dos sesiones por día aunque empleando solamente la mitad de tiempo en cada una; de esta forma se aprovecha la gran acción calmante que posee el masaje.
b) Masaje vertebral
La columna vertebral debe ser considerada, desde el punto de vista masoterápico, como la región más importante del organismo, dado que la médula espinal alojada en el conducto vertebral forma parte esencial del sistema nervioso central y es, en consecuencia, la que da movilidad a todo el organismo.
El masaje vertebral debe emplearse en toda clase de afecciones, siempre, naturalmente, que no sean consecuencia de accidente, porque beneficia a todo el organismo y despierta la actividad vital que posee el cuerpo.
El masaje vertebral afecta a dos zonas reflejas muy importantes, que son:
“LAS ZONAS METAMÉRICAS DE HEAD Y LAS LOCALIZACIONES MOTRICES RADlCULARES”
Desde el punto de vista masoterápico la actuación del masajista debe ser muy cuidadosa y no actuar jamás de manera brusca y con presiones violentas, capaces de ocasionar accidentes, siempre molestos, como son petequias, esguinces, subluxaciones, etc.
Son normas esenciales, la suavidad, el tacto y a la hora de aplicar las presiones con mucho rebote o muelle, aplicarlas siempre adaptadas a la constitución, edad o índole de la enfermedad del paciente, a fin de que los extraordinarios efectos que produce el masaje en todo el organismo (y muy directamente sobre el sistema nervioso central, tan alterado en la época actual) sean considerados como "el sedante natural mejor que existe".
Zonas metaméricas de Head
Las fibras nerviosas de origen espinal comunican a las vísceras la sensibilidad de que ellas disfrutan; y en ellas radican, en estado patológico, los dolores llamados viscerales. Las vísceras, lo mismo que los diferentes departamentos de la superficie cutánea, tienen una inervación fija que está bajo la dependencia de raíces determinadas, y que son siempre las mismas para una víscera.
Vísceras Columna vertebral
Corazón 1º, 2º y 3º dorsal
Pulmones1º, 2º, 3º y 4º dorsal
Estómago 6º, 7º, 8º y 9º dorsal
Cardias 6º y 7º dorsal
Píloro 9º dorsal
Intestino (hasta el recto) 9º, 10º, 11º y 12º dorsal
Recto 2º,3º y 4º sacras
Hígado y vejiga biliar 6º, 7º, 8º, 9º y la 10º dorsal
Riñón 10º, 11º y 12º dorsal
Uréter (pte. superior) 10º dorsal
Uréter (pte. inferior) 1º lumbar
Vejiga (mucosa y cuello) 1º, 2º, 3º y 4º sacras
Próstata 10º, 11º, 12º dorsal y 5º lumbar
Epidídimo 1º sacra.
Testículo 10º dorsal
Ovario10º dorsal
Útero10º, 11º, 12º dorsal y 1º lumbar.
Localizaciones motrices radiculares
Masaje vertebral
Este dato es muy importante para el masajista, pues en casos de parálisis y atrofias musculares podemos actuar a distancia favoreciendo la función nerviosa de los músculos afectados.
El accidente que con más frecuencia están expuestas las vértebras, es la subluxación vertebral que ocasiona el aplastamiento o la opresión del nervio que pasa por el agujero de conjunción, de modo que la energía vital nerviosa no puede circular libremente y en consecuencia el órgano y los músculos correspondientes no reciben la energía requerida para su normal funcionamiento.
La subluxación puede ser posterior o hacia atrás; anterior o hacia adelante; lateral izquierda; lateral derecha; superior, cuando la apófisis espinosa se desvía hacia arriba; inferior cuando se desvía hacia abajo, y siempre que se aparte de su encaje normal.
Las manipulaciones más aconsejables, en el masaje vertebral, son las siguientes:
El total de estas manipulaciones constituyen un tratamiento completo.
Durante el período doloroso debe hacerse a diario y a continuación dos o tres veces por semana.
Los primeros días de tratamiento debe hacerse superficial, máximo o medio, y según vaya reaccionando el paciente, profundo y reforzado.
Las manipulaciones rápidas producirán al paciente una excitación que puede ser muy aconsejable en un caso de paresia, o parálisis temporal, o poliomielitis así como para combatir atrofia muscular.
En cambio las efectuadas de una manera lenta y profunda actúan a modo de un sedante-tonificante.
Si una célula nerviosa se halla degenerada, aplicando masaje podemos regenerarla, aunque es un proceso muy lento donde se necesitan más de tres años para regenerar un metro de nervio. Es interesante porque es aproximadamente toda la longitud de algunos nervios de las extremidades que pueden estar afectados de parálisis y necesitan regenerarse. En todos los casos el mejor consejo es tener mucha constancia.
Muchas veces parece que el enfermo no mejora y sin embargo al día siguiente o al cabo de una semana, observamos que aquella pierna o aquel brazo que no movía en absoluto, empieza a efectuar ligeros movimientos. Sucesivamente cada vez el miembro irá aumentando su capacidad muscular e irá haciendo movimientos más completos.
Las manipulaciones que mejor se adaptan a la forma y constitución del abdomen son las que a continuación mencionaremos, pero antes es necesario conocer el veredicto médico para, una vez diagnosticada la enfermedad, saber si está o no indicado el masaje.
Si el tratamiento es aplicable, se indicará al paciente la posición que debe adoptar para conseguir la máxima relajación, invitándole a continuación a que realice respiraciones lentas y profundamente por la nariz dejando los párpados caídos o relajados.
Las manipulaciones más adecuadas en esta forma de tratamiento son las siguientes:
Cada manipulación posee su característica especial que la hace aplicable; según la naturaleza de la enfermedad.
FINALIDAD DEL MASAJE
La finalidad perseguida a través del masaje, podríamos sintetizarla en tres vocablos: “ Aliviar, restaurar y curar ".
- Aliviar: Aliviar al organismo de aquellas afecciones y dolencias, que la aquejan, a través de las acciones y efectos que produce el masaje. Estos serán más o menos notables en función de una serie de factores concurrentes; tipo de afección, localización, gravedad... etc.
- Restaurar: Con el término restaurar nos referimos a devolver al organismo aquellos movimientos articulares y corporales, turgencia en sus tejidos... etc., que por alguna causa han ido degenerando, anquilosándose, o por algún traumatismo se han perdido y es necesario volver a restaurar este estado normal de aquellas partes de nuestro cuerpo.
- Curar: Es el fin apetecido y perseguido ya no tan solo en masa sino cualquier otro sistema terapéutico.
Esta finalidad del masaje se consigue con el contacto de la mano del terapeuta, tocando de una determinada forma para conseguir un fin apetecido. Pero más que tocar, consiste en saber manipular, friccionar, percutir o modelar con intuición e inteligencia para saber aplicar la manipulación correcta para provocar la respuesta correspondiente deseada por parte del cuerpo masajeado.
Así, el masaje irá destinado al mantenimiento óptimo del organismo; ya no tan solo en aquellas personas que practican un deporte y/o que poseen una condición física notable, sino también que llevan una vida sedentaria y a través del masaje obtienen un sistema para vigorizar y fortalecer su musculatura, mejorar su circulación y reforzar su estado de salud.
Para conseguir la finalidad apetecida en un masaje, este no debe convertirse en un hecho rutinario, pues la rutina conlleva el estancamiento en la propia evolución del masaje. Cada masaje ha de convertirse en algo dinámico, que irradie un magnetismo, que al efectuar cada manipulación aún habiendo sido practicada en incontables veces sea totalmente nueva, diferente que aportemos en ella algo más de experiencia, algo más de intuición, en definitiva, que cada manipulación sea un constante perfeccionamiento de un estilo propio y personal de efectuar un masaje. Cada masajista aún aplicando las mismas manipulaciones tiene un estilo, un carácter diferente, convirtiendo el masaje en su propio estilo y en su propia forma de efectuarlo. Ello le dará un mayor poder curativo a su masaje.
El masaje, en el término textual de la palabra, indica un tratamiento manual, aplicado en una forma más directa o mecánica sobre la zona epitelial, sobre los tejidos subyacentes, sobre los músculos y al comprimir zonas tisulares concretar y a través de estas generalizar sus beneficios al resto del organismo interno, no accesible a una manipulación directa -sería su efecto reflejo-.
Por otra parte, hay que reconocer el efecto psicológico que produce el masaje sobre el paciente, y en este punto ya no tan solo interviene el masaje, sino también el masajista. La finalidad del masaje, también es descargar al paciente de todas aquellas tensiones psíquicas, y no tan solo físicas, pues ambas se relacionan entre sí, y una produce la otra, por tanto habrá que tratarlos en conjunto ambas, y tenerlas muy en cuenta. Para conseguir la finalidad física tenemos la manipulación específica del masaje, para la psíquica además el masajista deberá inspirar una seguridad en sí mismo, en aquello que hace, en definitiva en su masaje; que sus manos inspiren seguridad y confianza, que sea capaz de crear un ambiente distendido, y ofrecer una imagen de confianza. En ocasiones, alivian más unas palabras de aliento y la seguridad que inspiran unas manos que el propio masaje en sí. Así conseguiremos que nuestro masaje tenga un efecto superior y más prolongado.
Para conseguir el fin deseado es muy importante la concentración del masajista y la relajación del paciente. Poner el pensamiento en aquello que se está haciendo en cada momento; crear un clima relajado en silencio y con una luz adecuada mientras dura el masaje; un ambiente tranquilo, sin ruidos, en todo caso un poco de música ambiental; el hacer un masaje sin interrupciones, son detalles que todos juntos hacen que el paciente esté en un estado de relajación más profundo, encuentre un clima más acogedor, y por tanto el masajista ejecuta mejor su masaje y no desgasta tanta energía.
Tampoco el masaje es un método que resuelve y cura todo, también tiene sus limitaciones, pues también tiene sus contradicciones como tiene sus indicaciones. El masaje es un eficaz complemento junto con las otras terapias y es actuando en un conjunto como se encuentra una vía más rápida de curación.
INDICACIONES
Son muchas y muy variadas, representando la gama más amplia donde un buen masaje deja sentir sus beneficiosos efectos.
Generalizando, podemos indicar que se practica con mayor o menor éxito en función de diversos factores, pero siempre con efectos positivos en:
CONTRAINDICACIONES
Es necesario que el masajista, al igual que conoce las indicaciones del masaje, deba saber también en qué situaciones el masaje en vez de representar una ayuda pueda ser origen de un efecto contrario o perjudicial. Ante una de estas situaciones siempre seguiremos la regla que si ofrece alguna duda mejor abstenerse.
Las contraindicaciones del masaje se pueden subdividir en tres grupos:
I- Contraindicaciones generales:
a) Inflamación, es la reacción local a un estímulo de orden físico, químico, microbiano o parasitario, superior a su índice de tolerancia y por lo tanto nocivo. La reacción del organismo se produce en tres tiempos:
Los signos característicos de la inflamación son:
El masaje sobre la zona inflamada, está totalmente contraindicado pues aumentaríamos el dolor y mayor inflamación, y podríamos extenderla en aquellos casos en que la inflamación tiene un origen vírico o bacteriano.
A pesar de ello, en la zona circundante a la inflamación y que no presenta sus síntomas, sí se puede aplicar el masaje; al igual que cuando la inflamación está reducida y ya desaparecen los síntomas de calor, dolor y color. Ayudando de este modo al organismo en el tercer tiempo, es decir, la reparación de los daños producidos en la inflamación y devolver a la articulación dañada, si la hubiera, su movilidad normal.
En las inflamaciones crónicas como en la tendinitis, sí se puede efectuar el masaje, ya que no existen estos síntomas. En este caso la acción del masaje será beneficiosa, pues ayudará y estimulará a una mayor y pronta mejoría.
b) Infección, es un proceso patológico debida a la invasión del organismo por parte de microparásitos: bacterias, virus y hongos.
La presencia en el organismo de cualquiera de uno de los dichos microparásitos provoca una reacción del sistema defensivo, el cual produce un síntoma inconfundible, la fiebre, y que nos indicará que el masaje está contraindicado. La prohibición del masaje es debida al aumento de la circulación sanguínea que produce, con la posibilidad de aumentar el proceso infeccioso.
Sin embargo, en aquellos casos de infecciones banales, como pueda ser un resfriado común o un catarro, el masaje no tiene contraindicación.
c) Enfermedades de la piel. Todas aquellas afecciones cutáneas, de tipo eczematoso, parasitario, hongos... etc., está prohibido efectuar cualquier tipo de masaje sobre la zona en concreto. Ello no impedirá efectuar un masaje sobre la zona con toda normalidad en cualquier otra zona del cuerpo que no esté infectada.
Las afecciones cutáneas de tipo nervioso o las cicatrices no representan ningún tipo de contraindicación.
d) Enfermedades vasculares. Revisten particular importancia las enfermedades inflamatorias de los vasos sanguíneos, flebitis -inflamación de las paredes venosas-; arteritis -inflamación de las paredes arteriales-, y linfangitis -inflamación de los vasos linfáticos.
e) Flebitis. Casi siempre los procesos de inflamación de las paredes venosas, se acompañan de la formación de coágulos -trombosis- en el interior de la vena inflamada; por eso, en realidad, casi todas las flebitis son tromboflebitis.
Todos los procesos flebíticos tienen un origen infeccioso causado en la mayor parte de los casos por bacterias; la llegada de las bacterias y su implantación en la pared vascular, es diferente según los casos; puede tratarse de la propagación de una infección vecina, difusión de focos supurativos lejanos -metástasis-, o durante el proceso de una enfermedad infecciosa. También puede estar provocada la flebitis por sustancias químicas irritantes, por varices y por traumas que lesionan la pared venosa, como: fracturas, luxaciones o esfuerzos violentos musculares y la debilidad constitucional congénita de las paredes venosas.
Cualquiera que sea la causa existen tres factores que actúan sobre la instauración de la pared venosa -éxtasis circulatorio y alteración físico-química de la sangre- que puede favorecer la coagulación; se forma así una masa trombótica sobre la cual se implanta una infección secundaria; otras veces por el contrario, aparece primero la inflamación de las venas, cuyas paredes alteradas provocan secundariamente la formación de los trombos. Estos procesos tromboflebíticos se dan, en su gran mayor parte en las extremidades inferiores.
Durante los procesos de flebitis, especialmente los de grandes venas, son evidentes los signos de obstáculo a la circulación de reflujo, la sangre de la periferia no puede fluir hacia el corazón porque el trombo situado en esa zona ha ocluido totalmente o en parte la vena. De un trombo, luego se puede formar un émbolo, o se puede desprender un fragmento del mismo, que se transporta por la corriente sanguínea. Si el émbolo no es de grandes proporciones, siendo las venas cada vez progresivamente más gruesas, no se detiene, llegando al corazón y pasando a la circulación general, encontrándose con vasos de luz muy estrechos, pudiendo obstruir uno, sobreviniendo una embolia, es decir, una interrupción de la circulación del territorio afectado. La mayoría de las veces este territorio suele corresponder al cerebro o al pulmón, donde revestirá fatales consecuencias.
Si durante el transcurso de un masaje apreciamos en el transcurso de una vena zonas duras, como un nudo, o cordones de consistencia firme, o bien estos fenómenos van asociados a los signos de inflamación: enrojecimiento, calor, hinchazón y dolor a la presión, sensación de pesadez de la extremidad, aparición de un hormigueo doloroso, podemos sospechar que estamos en un caso de tromboflebitis.
Podemos distinguir el siguiente proceso como el más normal en la predisposición de la aparición de una tromboflebitis:
Por esta razón el masaje aplicado en los casos de tromboflebitis conlleva un considerable riesgo, al ser el propio masajista quien desprenda el trombo y le ayude en su progresión a través del sistema circulatorio.
Ahora bien, el masaje no está contraindicado en las varices, sino más bien todo lo contrario, si se utiliza el masaje apropiado; o en los casos postrómbicos o flebíticos aunque se habrá de ir con sumo cuidado y cautela.
f) Arteritis. Puede ser aguda o crónica en relación con la brusquedad de sus síntomas y la rapidez de su curso. Suele ser casi siempre de naturaleza infecciosa pudiendo llegar a producirse pus. Los microbios o virus causantes de la inflamación llegan a las paredes arteriales por dos vías:
De las tres capas de la pared arterial, es la interna la que se afecta preferentemente por los procesos inflamatorios. A consecuencia de estos fenómenos inflamatorios, las paredes de las arterias se engruesan disminuyendo la luz o calibre de la arteria, pudiendo llegar a ocluirle, o pueden ser más fácilmente taponadas por un émbolo.
La sintomatología y el aspecto que presentará la porción del organismo por la cual transcurre e irriga la arteria inflamada, generalmente una extremidad o parte de ella, aparece un dolor profundo, hormigueos, dificultad de movimiento, palidez o coloración azulada de la piel, frialdad, insensibilidad, trastornos de la sensibilidad .. etc. todos estos síntomas son consecuencia del déficit de irrigación sanguínea de los tejidos nutridos por la arteria inflamada. Si el calibre del vaso arterial llegara a reducirse tanto hasta producirse la oclusión total, entonces los tejidos, al no recibir irrigación, cuando la circulación colateral no es posible, sobreviene la gangrena.
La forma de arteritis crónica, presenta la misma sintomatología, pero de una aparición más lenta y gradual, y la causa desencadenante suele ser: sífilis, arterioesclerosis, diabetes, alcoholismo, tabaquismo drogadicción... etc.
El motivo por el cual no efectuaremos el masaje en la zona en que se encuentra la arteria inflamada son los mismos que en la flebitis, de efectuar el masaje correríamos el riesgo de extender la inflamación.
En aquellas causas que pueden provocar arteritis se han de matizar dos aspectos:
- Con referencia a la “arteriosclerosis”, que comporta un endurecimiento de las capas que forman la pared arterial. Esta afección se presenta principalmente en sujetos maduros, de una cierta edad, en que la deposición de colesterol entre las diferentes capas de la pared arterial la endurece perdiendo su propiedad contráctil, dando lugar a la arterioesclerosis. Estas deposiciones pueden calcificarse adquiriendo la arteria una rigidez.
El masaje no está en absoluto contraindicado en la arterioesclerosis, más bien será beneficioso; pero se tendrán que evitar maniobras bruscas, especialmente por aquellas zonas que pasan grandes arterias -brazo y muslo- pudiendo dar lugar a desgarros y rotura de capilares con las consiguientes hemorragias internas.
En todas aquellas personas de edad avanzada que acudan para un tratamiento de masaje, y que podamos sospechar una arterioesclerosis, emplearemos siempre manipulaciones suaves y sin brusquedad; ya no tan solo por la arterioesclerosis, sino por el factor edad, el cual implica que su cuerpo es más sensible a la presión de ciertas manipulaciones por lo que podríamos provocar dolor, factor que tenderemos a evitar.
- Con referencia a los fenómenos de tabaquismo, alcoholismo y drogadicción; el masaje tampoco está contraindicado, a menos que presente algún síntoma de los estrictamente contraindicados; en estos casos entra en juego el factor desintoxicante, el mejoramiento del estado anímico, el mayor intercambio de oxigenación ... etc. que posee el masaje.
g) Linfangitis, como indica la terminación "itis", se refiere a un proceso inflamatorio en los vasos linfáticos.
En la linfangitis se distinguen dos variedades:
- Linfangitis reticular, que afecta a los espacios linfáticos de los cuales se originan las redes de troncos linfáticos colectores.
- Linfangitis troncular, que se localiza en los troncos linfáticos.
Suele ser consecuente por lo general a heridas infecciosas de la piel o a inflamaciones cutáneas, en las cuales existe una penetración dentro de las redes y sucesivamente de los troncos linfáticos de cepas bacterianas virulentas.
La linfangitis reticular se define así, ya que sobre la piel se ven numerosas líneas de color rojo intenso que se entrecruzan y forman en sistema de una malla o red, a veces del tamaño de la palma de una mano y que corresponden a las raíces linfáticas en donde se asienta el proceso inflamatorio. Es posible que se formen manchas edematosas debido al exudado acumulado por su dificultad en ser drenado.
Las linfangitis tronculares se presentan con estrías rojizas de gran dureza, que sobresalen de la piel que les rodea, y que se dirigen de la zona de infección a la estación del ganglio linfático próximo. Se presenta también un dolor punzante y fiebre elevada con escalofríos.
En estos casos el masaje está totalmente contraindicado.
Los casos hemorrágicos que se presentan ante un masajista serán del orden siguiente: Aquellos que en el transcurso de un masaje, y por debilidad de los capilares sanguíneos, puede producirse una rotura de uno de ellos, sin mediar intencionalidad por parte del terapeuta y sin que ello indique necesariamente que su manipulación o masaje sea excesivamente fuerte. El hematoma que se produce carece de importancia y desaparece en unos días. Si nos encontramos en un caso de este tipo, continuaremos el masaje normal prescindiendo de masajear la zona del hematoma.
El masaje en esta lesión está totalmente prohibido. Usándose con eficacia en el proceso de recuperación.
- Externas: las localizadas en el exterior: piel, úlcera varicosa...etc.
- Internas: localizadas en el interior del organismo: úlcera de estómago, duodeno, pulmonar... etc.
También se pueden clasificar según su desarrollo que suele extenderse en extensión y profundidad, por separado a ambos lados a la vez, así serán:
- Ulcera serpiginosa, que serán aquellas que solo se extiende en superficie.
- Ulcera perforarte, serán las que se extienden en profundidad.
- Ulcera terebrante, que serán las que se extienden en superficie y profundidad.
Las úlceras pueden estar provocadas por diversas causas: físicas como, quemaduras, congelaciones, irradiaciones... etc.; químicas, provocadas por sustancias cáusticas y microbiana, provocadas por microorganismos.
En las úlceras internas no se hará masaje sobre la zona afectada, pero si puede hacerse en la zona espinal, ya que actuaremos beneficiosamente de forma refleja.
En las úlceras externas, como en las varicosas, no se trabajará directamente sobre la ulceración, aunque sí se puede actuar en la región superior a la llaga, ya que así mejoraremos la circulación de aquella zona, ayudando a los tejidos a que se regeneren.
Por ello la gravedad de las lesiones estará en función de la temperatura almacenada por el tejido afectado y de la duración del contacto con el agente quemante.
Se suelen distinguir corrientemente tres grados de quemaduras:
- Quemaduras de primer grado; que son las más leves, están representadas por un eritema, es decir, por un simple enrojecimiento de la parte quemada a consecuencia del aumento de aflujo sanguíneo en los vasos cutáneos locales dilatados por el calor. El caso más típico que se le puede presentar a un masajista es el eritema solar. Nunca debe hacerse masaje; como mucho unas fricciones circulatorias con crema hidratante.
- Quemaduras de segundo grado; caracterizadas por la colección de plasma en las profundidades de la epidermis y la consiguiente formación de vesículas o ampollas, con un levantamiento de la piel, poniendo al descubierto las terminaciones nerviosas subyacentes tumefactas que causan un gran dolor.
- Quemaduras de tercer grado; que son las más graves, el tejido afectado se necrosa, ósea, muere separándose del tejido contiguo formando una escama seca y negruzca, al caer esta queda una úlcera.
En estos dos casos está terminantemente prohibida la práctica del masaje.
- Con implantación de una barra para enderezamiento de la columna incurvada -barra de Harrington-.
- Con denudación o implantación de esquirlas óseas, según el método de Albee.
- Con fijación ventral de los cuerpos vertebrales, según el método más reciente -técnica de Dweyer-.
Existe contraindicación del masaje en la espalda. Este tipo de anclajes óseos pueden aflojarse por sí solos, pudiendo contribuir el masaje en este proceso. Si un masajista tratara un caso de este tipo y al paciente se le aflojara el anclaje, se le atribuiría a él la culpa, como causa desencadenante, aun no siendo él el responsable.
II- Contraindicaciones específicas:
Comprende un grupo de “traumatismos que requieren de intervenciones quirúrgicas” en su mayoría, y que después de un postoperatorio el masaje estará indicado:
a) Intervenciones quirúrgicas de la rodilla: el masaje en la zona periarticular estará contraindicado durante al menos el primer mes del postoperatorio; ya que se puede irritar la cavidad articular. Cuando el médico indique que ya se puede hacer recuperación por mediación de masaje será cuando el masajista deberá actuar. A la hora de efectuar un masaje, este irá ganando en intensidad de forma gradual para ir fortaleciendo la articulación gradualmente; si actuáramos de forma brusca podríamos causar lesiones sobre las inserciones musculares de la articulación.
b) Postoperatorio de una sustitución articular -coxal, fémur... etc.-: con la implantación de una prótesis. El masaje estará contraindicado durante las 10 ó 12 semanas posteriores a la intervención. Empezándose la práctica del masaje, al igual que en el anterior caso, de forma progresiva. Este periodo se debe a que después del postoperatorio puede surgir rechazo, inflamaciones del tejido o del músculo.
c) Intervención en hernia discal: también y al igual que la anterior será prudente esperar un periodo de tiempo hasta que se consoliden, por formación de tejido conectivo que estabiliza las vértebras operadas.
d) Prolapso discal vertical; es necesaria la inmovilización de la zona vertical por un aparato ortopédico. El masaje no se efectuará hasta que este haya sido retirado.
e) En algunos casos de corrección quirúrgica de la columna vertebral es posible efectuar el masaje. Será el facultativo quien indique cuando este puede ser aplicado.
f) Tratamiento ortopédico-quirúrgico de las fracturas de las extremidades con placas, tornillos y otros métodos de fijación; no es aconsejable la aplicación directa del masaje. Existe el riesgo de la miositis -inflamación muscular-, por el roce entre el tejido muscular y el metal producido por la acción mecánica del masaje. El masaje no está contraindicado en otras zonas musculares y cuando la pieza de fijación haya sido extraída.
g) Fracturas y fisuras: lógicamente, mientras dura el proceso de cicatrización ósea, no debe hacerse masaje, pero una vez curado el cayo óseo será conveniente efectuar el masaje; pues después de quitar los vendajes o el yeso, el músculo presenta una hipotrofia y será conveniente, a través del masaje, recuperar la tonicidad muscular se evitarán en las primeras sesiones acortamientos o estiramientos mecánicos.
El efecto del masaje en estos casos es aumentar la circulación a nivel muscular y consiguientemente su trofismo, dando por resultado un aumento de la vitalidad y del tono muscular, disminuidos a causa de la larga inmovilidad. También en estos casos se dan rigideces articulares para las cuales están indicadas las movilizaciones.
III- Contraindicaciones relativas:
a) Después de un periodo de reposo en el cual ha sido necesaria una encarnación más o menos prolongada -más de tres meses generalmente o menor en personas de edad avanzada-; se suelen producir alteraciones de la circulación, en ocasiones con ulceración -úlceras de decúbito- las cuales como ulceración está contraindicado el masaje, aunque aplicar el masaje en el resto del cuerpo produce efectos beneficiosos.
b) En niños y personas muy ancianas, el masaje no está en principio contraindicado, pero sí, por su edad, revisten un trato especial ya que un cierto número de manipulaciones estarán contraindicadas.
De todas maneras siempre será conveniente en caso de duda, enviar al paciente a consultar con su médico para una mayor seguridad en el tratamiento.
ZONAS PELIGROSAS
Representan aquellas zonas que deben respetarse a la hora de efectuar masaje sobre ellas, siendo:
CUESTIONES PROFESIONALES
Debe poseer un cierto vigor físico-muscular, aunque es más conveniente la habilidad que la fuerza física. El masajista, deberá ser hábil para dosificar sus fuerzas, pues en un tratamiento largo si empleara tan solo la fuerza muscular de sus dedos, antebrazo y brazo se agotaría con facilidad; es conveniente que sepa usar el peso de su propio cuerpo y su inercia para crear una fuerza sin desgaste físico-muscular, en beneficio de sus propias energías, así podrá aguantar mejor una jornada de tratamientos.
En primer lugar el masajista cuidará sus manos, pues son un instrumento de trabajo, y han de ser mantenidas en las mejores condiciones. Estas deben estar limpias y secas, han de lavarse antes y después de cada masaje, con agua y jabón, unas manos sudorosas son inadecuadas e incómodas para efectuar un masaje. La higiene cuidadosa es el mejor preventivo de las infecciones de la piel, máxima teniendo la profesión de masajista. Las manos no deben presentar asperezas ni callosidades, ni prominencias tendinosas, pues las manos en un masaje han de deslizarse con suavidad y entrar en íntima cohesión con la zona a tratar para percibir los resultados de la maniobra y el estado muscular subyacente; ello las hace inadecuadas. Las manos del masajista, con la práctica constante, desarrollan una agudeza del sentido táctil, principalmente en la yema de los dedos. Las uñas deben estar bien cortadas y limpias, que no sobresalgan de la yema de los dedos; es necesario evitar por todos los medios el causar rasguños, arañazos o rozaduras.
Otra anomalía que debe evitarse es una excesiva transpiración de las manos; ya que en el desarrollo de un masaje se mezcla con el producto -crema, aceite, talco... etc.- que estemos utilizando tornando la superficie de la piel del cuerpo masajeado en demasiado líquido o pastoso. Un buen remedio para evitar la excesiva transpiración, es mediante la acción de baños alternativos de agua caliente y fría conteniendo tomillo y sal; la inmersión de la mano en agua caliente será de dos minutos para inmediatamente sumergirla en la fría por un periodo de aproximadamente cinco segundos; este desarrollo se repite de tres a cinco veces, acabando siempre con agua fría.
Otro aspecto importante del terapeuta en el momento de efectuar un masaje, es tener los brazos desnudos -una bata o blusa blanca de manga corta-, ello dará una mayor facilidad de movimientos, una mayor comodidad y holgura en el desarrollo de las manipulaciones; los dedos y muñecas estarán libres de anillos, sortijas, pulseras, relojes o cualquier objeto que en el curso del masaje pudiera causar rasguños o rozaduras que serían del todo inadecuadas e impropias; el pelo, sobre todo en las mujeres, si es largo, se tomará la precaución de recogerlo, aparte de que será más higiénico, podría rozar la superficie de la piel del paciente, ensuciándose y causando incomodidades al paciente; los collares o colgantes con una cadena larga, también será conveniente quitarlos, pues podría rozar o enredarse en el cabello del paciente.
El masajista debe tener en cuenta su higiene, su aseo y su aspecto; ha de pensar que si el paciente percibe mal olor en el masajista le será muy desagradable ponerse en sus manos, al igual que si su aspecto externo está descuidado; ello creará en el paciente un estado de tensión que le impedirá relajarse; impidiendo que la sesión sea todo lo efectivo que debería ser o incluso provocar que el paciente abandone el tratamiento. También la utilización de desodorantes o perfumes fuertes, pueden estos molestar al paciente; lo aconsejable, es utilizar agua de colonia de olor suave que a la vez tonifica y limpia la piel. En particular cuidará aquellas partes del organismo por las cuales se eliminan toxinas y otras sustancias de olor desagradable: axilas, genitales, pies y también boca.
Antes de todo masaje, es conveniente definir el objeto o finalidad perseguidas en el mismo; cual es el vigor, el estado, la constitución y la edad del paciente; a fin de aplicar las maniobras correctas para producir una relajación o bien una excitación, para calmar u obtener una revulsión.
Cuando el masajista realiza un masaje, su atención debe seguir constantemente su mano, a fin de descubrir o apreciar cualquier anomalía o particularidad de la piel y de los tejidos. Al mismo tiempo debe ir reconociendo la región por la que transcurre su mano e ir reconociendo los tejidos sobre los que aplica la maniobra.
Para mantener este estado de concentración es conveniente el silencio. Ello no siempre es posible y en las primeras sesiones crearía un ambiente tenso; eso sí, nunca llegaremos a convertir la cabina de masaje en lugar de chismorreo, parloteo; el masaje practicado en tales condiciones pierde una considerable efectividad. Es normal que al principio de cada sesión o tratamiento el paciente hable de los síntomas que lo aquejan o del proceso evolutivo que sigue su tratamiento, el masajista siempre se mostrará atento a la descripción de los síntomas, intercalando algunas preguntas con tacto para aclarar más el caso y hacerse una idea del curso que sigue un tratamiento o del mal que aqueja a un paciente que viene a su consulta.
Ahora bien, ello no quiere decir que nunca se haya de mantener una conversación ajena a cualquier asunto profesional del masaje. Pero se habrá de ir con cuidado, hablando puede fácilmente descuidarse el trabajo que se realiza.
Por ello es conveniente acostumbrar a los pacientes a no hablar en demasía. Si es necesario se le pedirá un momento de quietud, con la excusa de poder examinarlos mejor, una zona o como se encuentra éste o aquel músculo después de las manipulaciones realizadas. Ello a su vez repercutirá en beneficio del masajista, pues el paciente apreciará su dedicación y su constancia.
Una regla importante, es no mencionar, citándolo por el nombre o por algún rasgo que lo identifique, a otros de sus pacientes. Las indiscreciones pueden ser fatales para la reputación del masajista y para la buena práctica de su labor. Así pues, la discreción y el tacto serán una buena cualidad para su masajista.
No se ha de olvidar que una buena práctica, tanto en el masaje como en cualquier otra profesión, la consiguen la experiencia, el ejercitarse y el no estancarse en unos esquemas que con el paso del tiempo se quedarán anticuados y desfasados. El masaje es una práctica que requiere un aprendizaje constante para ir profundizando en sus posibilidades e ir adaptándose a las nuevas exigencias que impone el paso del tiempo.
Ante todo hay que respetar la intimidad y las concepciones morales de cada persona. Para ello el terapeuta debe tomar una actitud natural y discreta al mismo tiempo, procurando que su cliente no se sienta incómodo o violento en ningún momento. Hay que respetar la dignidad del cuerpo humano, según la mentalidad de cada persona; ahora bien, un masajista aplica sus tratamientos sobre el cuerpo independientemente de que este sea de uno u otro sexo. Siempre permanecerá descubierta la zona a masajear, si es un masaje local; si el masaje es general permanecerán descubiertas todas las zonas del cuerpo excepto aquellas que por razones de ética el paciente no logra desprenderse. En cualquier tratamiento se desprenderá o aflojará aquellas prendas o accesorios del vestir, como cinturones o similar que opriman y eviten un aflujo sanguíneo óptimo, tanto para comodidad del paciente como del masajista.
En la profesión del masajista la psicología juega un papel importante; a la consulta de un masajista acuden personas de toda índole, de nivel cultural, social y mental muy distinto, por ello siempre es el masajista quien se ha de adaptar al nivel de cada paciente y no al contrario.
El masajista ha de ofrecer una imagen agradable, cordial y de confianza; manteniendo siempre las distancias lógicas de su profesión entre terapeuta y paciente, debe permanecer siempre en su lugar, perder esta distancia seria perder el paciente. Si el masajista logra dar esa imagen a sus pacientes, el paciente depositará en él su fe, en el tratamiento que éste le aplica, multiplicándose enormemente las posibilidades del masaje.
El segundo aspecto es la colocación del paciente para recibir el masaje. El paciente se colocará sobre una camilla de masaje de la forma más cómoda posible para poder relajar toda su musculatura, y poder aplicar idóneamente el tratamiento de masaje. Para ayudar a esta relajación, al efectuar un tratamiento abdominal o torácico, el paciente estará en decúbito supino o dorsal, se le puede poner un almohadón bajo las rodillas e incorporarlo un poco, así también obtendremos una mayor relajación de la musculatura abdominal; al efectuar un tratamiento de espalda o de las extremidades inferiores, el paciente estará en decúbito prono o ventral, se puede poner bajo los maléolos o tobillos un almohadón, de esta forma se relajarán mejor las zonas de los gemelos y los pies, de paso que mejoraremos la circulación sanguínea de retorno; en la posición de decúbito lateral, para una mayor comodidad del paciente, pondremos otra almohadilla en la base del cuello.
Durante la duración del tratamiento será aconsejable que el paciente, por supuesto, no fume, ni coma caramelos, chicles ... etc.; ello podría provocar durante el transcurso de la sesión algún pequeño accidente, tos, ahogo, ... etc. También sería conveniente que la piel de la persona a masajear esté completamente limpia, si fuera necesario, indicaríamos al paciente que tomara un baño o ducha antes de asistir a la sesión de masaje.
La profesión de masajista, por todas sus connotaciones requiere que la persona que se dedique a ella sienta una inclinación especial o vocación para la práctica del masaje, es decir, esa fuerza interior, espontánea, que hace actuar en un sentido conforme a los gustos y aptitudes. Obviamente, por el especial requerimiento del masaje, si al terapeuta no le gusta su profesión el poder curativo del masaje disminuirá sensiblemente, pues este se convertirá en una rutina, en algo meramente mecánico. Indudablemente un buen masajista pondrá en cada tratamiento todo su interés y atención desarrollando su trabajo con satisfacción; satisfacción que se encuentra en toda actividad cuando corresponde a las predilecciones y las posibilidades de cada uno.
Es preciso para ello estar dotado de una naturaleza paciente y perseverante. No se ha de aspirar a erradicar el dolor de inmediato ni en las primeras sesiones, todo tiene que seguir un proceso que no tiene que ser necesariamente igual ni en cada caso; el masaje no lo resuelve todo, no mucho menos en las primeras de cambio, eso sí, puede actuar, aliviar, mejorar y curar gran cantidad de afecciones.
Los procesos dolorosos son en ocasiones lentos de erradicar, remiten con lentitud, por ello es necesaria la paciencia y la perseverancia; paciencia, pues las sesiones pueden entrañar una cierta monotonía, los actos siempre parecidos que es preciso repetir un gran número de veces, llegan a ser fatigosos; perseverancia, pues poco a poco el tratamiento aplicado va dando sus frutos haciéndose el dolor más llevadero y soportable, reduciéndolo a la mínima expresión, llegando a desaparecer o haciéndose más espaciados, y por consiguiente, disminuyendo los procesos álgidos.
El masaje requiere práctica para llegar a aprender bien los movimientos y manipulaciones mecánicas, como es natural, nunca se hace todo bien en sus inicios; la práctica y con ella la experiencia serán quienes en mayor grado formarán y darán los conocimientos al masajista.
La sala de masaje debe reunir ciertas condiciones, tiene que dar al paciente una sensación cálida y agradable, que favorezca sobre todo su relajación, ello se logra cuando los elementos que la constituyen son limpios, sencillos y prácticos; pintada preferentemente con colores claros. Una sala demasiado recargada o pintada con colores oscuros provocarían una sensación de opresión y angustia, impidiendo la relajación del paciente; además si se llena de objetos inútiles impiden el libre movimiento del masajista por la sala.
La sala debe disponer de calefacción en invierno, para evitar el enfriamiento del paciente, de lo contrario, estaría en tensión muscular; una temperatura adecuada sería entre los 23 y 27 ºC, la suficiente para que el paciente no tenga frío y el masajista no padezca excesivo calor debido al esfuerzo físico.
Si la sala no dispone de calefacción y es necesario poner una estufa, será, preferentemente eléctrica; las de gas butano pueden sobrecargar el ambiente sobre todo si están encendidas mucho tiempo, pudiendo provocar algún pequeño mareo o una respiración dificultosa, tanto en el paciente como en el masajista, en este último debido al esfuerzo físico que realiza. Además la sala debe ser ventilada, pero sin corrientes de aire; hay que procurar renovar el aire después de cada sesión, pues produce mala impresión y una sensación de ahogo entrar en una cabina donde el ambiente está enrarecido; a ser posible luminosa, si la luz es artificial procuraremos que no sea muy intensa, mejor que sea indirecta, a ser posible con regulador de intensidad.
La camilla de masaje debe estar dispuesta en la sala de forma que sea accesible por todos sus lados y disponer de un espacio libre circundante suficientemente amplio para permitir el paso holgado del masajista; de lo contrario, el masajista adoptaría inadecuadas e incómodas posturas al realizar un tratamiento; que irían en deterioro de su propia integridad, ya que podrían provocarle, a él mismo, dolores musculares. Las medidas de la camilla, según la talla del masajista, pueden variar, generalmente son de 1,80 al 1,90 cm de largo, 60 cm de ancho y de 80 a90 cm de alto. Es conveniente que la camilla sea articulable por sus dos extremos.
Será norma indispensable que todos aquellos objetos para el masaje se encuentren dentro de la sala en orden, evitando siempre dar la impresión de desorden. Para ello debe existir dentro o fuera de la sala de masaje un mueble o vitrina con una distribución adecuada para guardar todos los utensilios necesarios para el trabajo, tales como:
- Toallas de varios tamaños -grandes, medianas y pequeñas-.
- Una manta para cubrir al paciente al menor síntoma de frío.
- Varias sábanas para colocar sobre la camilla -una para cada tratamiento- o papel desechable
- Las cremas, aceites y talco para el masaje.
- Aparatos tales como vibradores o de corrientes.
- Las almohadillas que tendrán forma de rodillo para colocar en la parte posterior de la rodilla y bajo los tobillos y maléolos, así como otras planas.
- Un pequeño botiquín, etc.
Dentro de la cabina, y para mayor comodidad del paciente, tendremos un espejo, un peine, un cepillo, un calzador, unas zapatillas de baño desechables, una silla o un taburete, unos colgadores y un biombo para que el paciente se desvista, si las condiciones de espacio lo permiten.
Para dar masaje es necesario utilizar un producto que facilite el desplazamiento de la mano sobre la piel. Se pueden utilizar para este fin varias sustancias, ello irá en función de los gustos y del quiromasajista y de lo que mejor se adapte a su forma de hacer masaje.
Los productos más corrientes son:
- Los polvos de talco, se emplean muy a menudo con buenos resultados aunque para algunas manipulaciones impiden un deslizamiento fluido de la mano, resultando un tanto áspero. Otro inconveniente de los polvos de talco, es cuando son aplicados en zonas velludas, principalmente del sexo masculino, produciendo irritaciones en los poros.
- El aceite; es un buen producto para masaje; permite un buen deslizamiento de la mano. Cuando se utiliza el aceite se ha de tener cuidado en no excederse en la dosis a aplicar, si esta es excesiva las manipulaciones se hacen excesivamente deslizantes, haciéndose difíciles e imprecisas. Al utilizar el aceite es recomendable empezar poniendo poco, para saber la absorción de la piel del paciente y si es conveniente ir añadiendo más en el transcurso de la sesión.
Para conseguir un mayor efecto con la aplicación del aceite puede ser macerado con alcanfor o camomila, para producir un efecto más calmante; o con tomillo o romero para conseguir un efecto más revulsivo.
- La crema; es otro buen producto para efectuar el masaje, proporciona un buen deslizamiento de la mano y es más absorbible por la piel del paciente. Una crema para un masaje corriente sería hidratante.
- Las embrocaciones; es otro tipo de producto casi exclusivamente en el masaje deportivo, es una mezcla a base de aceite emulsionado con jabón y agua de cal.
- El linimento; es el producto a emplear en el masaje terapéutico, teniendo en cuenta el hecho de que la piel puede absorber sustancias medicamentosas. Así pues, por acción del masaje y gracias al efecto absorbente de la piel se pueden utilizar linimentos o cremas especiales para torceduras, esguinces, dolores reumáticos, adelgazantes, anticelulíticos... etc.; todos ellos de venta en cualquier farmacia o tienda especializada.
- Alcoholaturados; son productos líquidos, se aplican después de cada masaje para limpiar la piel del producto que hayamos utilizado para realizar el masaje y que puede haber obstruido los poros. Son productos tales como el agua de colonia, agua de rosas, o una maceración de alcohol con plantas medicinales como tomillo, espliego, romero, camomila, árnica... etc.
Estudio previo del estado de los tejidos. - Ante todo, el masajista ha de tener un respeto absoluto a la integridad de los tejidos que debe tratar. Muchas veces se han podido comprobar lesiones confusas producidas en la hipodermis por desgarros y roturas de vasos. El paciente presentaba equimosis, a veces muy extensas. Por ignorancia, el masajista se enorgullecía de tal resultado. El masaje así practicado había sido verdaderamente «serio»: debía «hacer fundir la grasa», «resolver la celulitis», «provocar la eliminación de ácido úrico y de los exudados».
Lo cierto es que cada vez que aparece una equimosis, se puede afirmar que el masaje ha sido mal practicado. El masajista debe tener una noción muy exacta de la estructura de los planos subcutáneos sobre los cuales actúa. La parte profunda de la piel difiere en estructura según que sea móvil sobre los planos profundos o que esté adherida a éstos:
Entre las hojas de la fascia es donde se producen las equimosis provocadas por los masajistas. Esta región debe ser siempre tratada muy prudentemente y de forma paciente, ya que los vasos arteriales y venosos forman redes tenues y frágiles. Su fragilidad es en función de la edad y del estado de nutrición de los tejidos. Después de los cincuenta años, el paciente debe ser considerado, en principio, como provisto de lóbulos adiposos y de vasos que no deberían ser sometidos a las presiones ni al masaje enérgico. En el lugar de las equimosis que se producen, se constituye un tejido de cicatriz, punto de partida de neuromas dolorosos.
IMPLICACIONES DEL MASAJE
Con ello queremos indicar varios aspectos a tener en cuenta en el momento de efectuar un tratamiento de masaje, como son:
En el primer caso, una afección reciente, como después de un traumatismo -luxación, esguince, lumbalgias... etc.-, el masaje será conveniente practicarlo en un principio, al menos, si fuera posible, dos veces por semana, pudiendo llegar a tres en la primera semana. Con ello conseguiremos una evolución más rápida en la recuperación al reforzar el sistema muscular y circulatorio. A medida en que vaya evolucionando el proceso recuperatorio, se podrán ir distanciando los tratamientos, una vez por semana, seguidamente una vez cada quince días. En estos casos el proceso de recuperación no es excesivamente largo; sin embargo hay ciertas afecciones, como algias dorsales, lumbares o articulares, que con el masaje se alivian pero siempre son propensas a volver al cabo del tiempo; o se acentúan por cambios climáticos o de estación. Por ello será conveniente recomendar al paciente que no deje los tratamientos de masaje y que asista a la consulta de una manera más o menos regular, una o dos veces al mes.
En las afecciones crónicas, que han seguido un proceso de muchos años, como una artrosis, el tratamiento, por supuesto, será bastante más prolongado, y todo irá en función de cómo responda el paciente al tratamiento de masaje. Para ello las tres primeras semanas podemos efectuar dos sesiones por semana para apreciar la respuesta del paciente para continuar una vez por semana. En estos casos, y tras comprobar una mejoría será conveniente que el paciente no pierda el contacto con el quiromasajista.
Hay personas que tras ir a la consulta de un masajista, por cualquier causa, siempre con mayor o menor frecuencia han continuado asistiendo a ella, convirtiéndose en asiduas a la práctica del masaje.
La duración de un tratamiento:
Puede variar mucho y estará en función de dos aspectos:
Duración de la sesión: no se puede determinar con exactitud el tiempo de duración de una sesión de masaje. Puede variar mucho según la extensión de la región, si el masaje es local, general o parcial, la sensibilidad del paciente, su estado general, la energía de las manipulaciones, y la enfermedad objeto del tratamiento.
Por regla general un masaje local será entre diez y quince minutos; el masaje parcial entre veinte y veinticinco minutos; el masaje general será de cuarenta y cinco a cincuenta y cinco minutos.
Estos dos factores combinados hacen muy relativo el fijar el tiempo que durará un tratamiento. Siempre será el masajista quien apreciará el curso y evolución del tratamiento y dará de alta a su paciente.
El sentido en que se realiza una manipulación, podrá ser de cuatro formas:
En un principio el masaje se hace siempre en dirección centrípeta, esto es, que la mayoría de manipulaciones, o en una manipulación la parte más importante en su desarrollo son dirigidas de la periferia hacia el corazón, tomando a este como centro. Por este motivo actúa el masaje de forma primordial sobre el sistema circulatorio.
También hay manipulaciones que en su desarrollo comprenden parte de centrífugas y de centrípetas, al querer actuar sobre una fibra muscular en sentido longitudinal.
En estas manipulaciones se operará mediante movimientos practicados a grandes rasgos, abarcando una zona anatómica mayor de la que realmente nos ocupa, rebasando extensamente los límites de la zona enferma.
El masaje profundo expulsa de los intersticios musculares y del tejido celular subcutáneo el líquido acumulado, se ha de tener cuidado de no practicarlo en forma excesivamente enérgica, con ello tan solo produciríamos roturas del tejido subcutáneo y roturas de vénulas y arteriolas produciendo equimosis hematosas. Por el contrario, aplicado con inteligencia puede disociar los tejidos de formación patológica como nódulos de miositis, y adherencias establecidas entre los tejidos.
Esta intensidad en la presión es algo relativo, pues también concurren los factores de edad, constitución... etc., del paciente. En última instancia siempre seguiremos la regla del "no dolor", es decir, evitar siempre el provocar dolor. En ocasiones el síntoma dolor aparece al efectuar un tratamiento y no es posible evitarlo, o incluso en ocasiones este dolor puede ser "agradable", pues el paciente nota en él una descontractura o relajación; siempre se procurará que este dolor no se convierta en daño, lo que sería totalmente contraprudente.
Generalizando, añadiremos que las manipulaciones lentas son calmantes; practicadas en profundidad, mejoran la asimilación y favorecen el desarrollo de los tejidos.
Las maniobras rápidas son estimulantes; practicadas en profundidad, activan la desasimilación intensificando las combustiones. En particular hacen desaparecer los depósitos adiposos -grasas y nódulos celulíticos-.
Cuando se aplican largamente sobre la piel, para producir una revulsión intensa, producen una fuerte vasodilatación en la circulación periférica, y como consecuencia descongestionan el plano profundo. También podemos desarrollar una velocidad moderada, que esté entre ambas.
- Una maniobra superficial, ligera y lenta, para producir un efecto sedante y relajante nervioso ha de ser prolongada. En cambio, una maniobra superficial, ligera y rápida posee un efecto estimulante; será tanto más estimulante como con más frecuencia la practiquemos. Pero practicada con demasiada frecuencia puede producir una sensación de fatiga y pesadez, cansando al paciente.
- Una maniobra profunda, lenta y corta es ligeramente calmante y descontracturante; aplicada de forma prolongada es más calmante y desfatigante. Mejora la asimilación.
- Una maniobra profunda, rápida y corta es estimulante, calentadora, indicada para antes de efectuar un ejercicio. Si se aplica con más frecuencia es excitante, tonificante y disolvente del tejido adiposo, adelgazante.
Cuando se quiere tratar en concreto una parte del cuerpo, un masaje será todavía más efectivo, cuando se masajea la región simétrica de aquella que se quiere tratar. Así, por ejemplo, cuando tratemos una rodilla con una incapacidad funcional, también será conveniente tratar la otra, pues se ve sometida a un sobreesfuerzo por la incapacidad de la rodilla afectada; en la espalda si hay una zona muscular contraída, unilateral, para que el masaje tenga un mayor efecto descontracturante, este deberá ser aplicado en toda la espalda y no en una sola región.
Además, cuando se aplica un tratamiento de masaje, este ha de ser más energético sobre las grandes masas musculares que sobre las zonas poco musculosas o sobre los tendones.
También se ha de tener en cuenta la constitución del paciente, pues el masaje se practicará más profundo sobre sujetos con una musculatura y constitución más fuerte que sobre personas de aspecto más frágil o de edad más avanzada.
MANIOBRAS FUNDAMENTALES
Consiste en una especie de frotación suave ejercida con la palma de la mano o el pulpejo de los dedos, paseándolos sobre la región y acariciando, por así decirlo, la superficie cutánea en una dirección determinada, generalmente centrípeta; no obstante, cuando se actúe sobre un músculo se practicará en el sentido de sus fibras.
El frote superficial insensibiliza poco a poco los planos superficiales y permite la práctica posterior de las presiones, que no habrían podido ser soportadas sin la práctica previa de este frote. Es esencialmente sedante del dolor.
La mano del masajista recorre varias veces la zona y se levanta cuando llega al extremo de su recorrido, para empezar nuevamente el movimiento en su punto de partida.
El frote superficial se practica con toda la mano, con una parte solamente de la cara palmar, o con los dedos.
Se operará mediante movimientos practicados «a grandes rasgos, rebasando extensamente los límites de la zona enferma y abarcando al menos hasta los confines de la región anatómica interesada» (L. Durey). En ningún caso se detendrá bruscamente el curso de la mano, que comenzará y terminará por un contacto insensible.
Esta maniobra exige el empleo de cierta energía. No debe ser empleada en las personas ancianas provistas de venas o de arteriolas frágiles por la edad; se correría el peligro de producir rupturas vasculares y equimosis.
La fricción se practicará en sentido longitudinal si se actúa sobre un miembro, o en sentido circular si se actúa sobre una región aplanada como la espalda, el pecho, o aún redondeada como el muñón del hombro.
Mediante la fricción no es posible disociar las producciones patológicas exudativas. Pero no es preciso, bajo el pretexto de alcanzar este objetivo, separar la hipodermis y el tejido celular de las capas profundas. La amplitud dada a la fricción será, pues, limitada y su fuerza deberá ser proporcionada a la resistencia de los tejidos del paciente.
La presión comprende modalidades muy diversas. Varía en su intensidad, desde el ligero contacto de apoyo hasta la presión fuerte que deprime todos los planos.
Para realizarla, la mano adopta una forma diferente según la región que deba manipularse sea de superficie más o menos aplanada, más o menos musculada, de forma redondeada, etc. Cuando la presión deba aplicarse sobre una región poco musculada, pero abundante en vainas tendinosas, se practicará con el pulpejo de los pulgares, que, al paso que compriman, pueden penetrar fácilmente en los intersticios de los tendones y seguir los espacios intertendinosos.
También con el pulpejo de los pulgares o de los otros dedos podrá amasarse el trayecto de un nervio en los casos de masaje aplicado, por ejemplo, para el tratamiento de las neuralgias.
A veces se recurre al talón de la mano cuando se actúa sobre una superficie redondeada y provista de una capa muscular espesa. Se produce entonces una especie de movimiento de muela que actúa sobre la profundidad; tal es el caso en que la presión deba aplicarse sobre el muñón del hombro y la región deltoidea.
La presión de toda la mano dispuesta en canal y en forma de medio anillo es utilizable sobre los segmentos de miembros. La mano, mediante la flexión de los dedos, y con el pulgar en abducción, está dispuesta en canal, cuya concavidad se amolda sobre los relieves de la región en que se opera.
La presión puede practicarse también con toda la mano dispuesta en anillo casi completo o en forma de brazalete. La cara palmar del pulgar, colocado en oposición, completa el medio anillo de la figura precedente.
La presión se practica con todos los dedos reunidos y con la palma de la mano siempre que deba actuarse sobre una extensa superficie.
Si el miembro al que hay que dar masaje es cilíndrico, el contacto deberá realizarse con toda la superficie de los dedos, la palma de la mano y el pulgar; el conjunto de la mano debe formar una especie de canal estrechamente aplicada al miembro sobre el que se trata de practicar la presión.
En aquellos casos que sea necesario operar con suavidad y precisión, la presión será sobre todo digital. Se practicará con la superficie de las dos últimas falanges del índice, del medio y del anular, y sólo con la última falange del meñique y del pulgar.
En los miembros, la aplicación de las dos manos es generalmente más agradable para el paciente. Pueden actuar sucesivamente alternando en su presión, manteniéndose el contacto de una mientras la otra se prepara para actuar seguidamente después de aquélla.
Sin embargo, es de uso más frecuente la acción simultánea y no excesiva de las manos. Siempre que una región sea demasiado extensa para que pueda ser rodeada completamente en forma de brazalete, el anillo debe ser completado con la otra mano. El brazalete así formado por las dos manos, colocadas pulgar a pulgar, puede abrazar toda la circunferencia del muslo y permitir la aplicación del masaje por presión, abarcando al mismo tiempo los abductores, los bíceps, el vasto externo y el recto anterior, cuyo borde externo es seguido por los pulgares del masajista.
De la misma forma, la presión simultánea de las dos manos, dispuestas en anillo, puede ser empleada para los segmentos de miembro de escaso volumen muscular.
En el caso del antebrazo, por ejemplo, cada mano del masajista empalma las masas musculares laterales del antebrazo, mientras que los dedos llegan a alcanzar la cara posterior.
En general, las presiones se dirigen desde la periferia hacia el centro, en el sentido de la circulación venosa, que favorecen mecánicamente. Pero, a veces, por razón de ciertos efectos que se quieren obtener, las maniobras de masaje pueden practicarse en sentido centrífugo. Si la acción debe aplicarse sobre un músculo determinado, será conveniente seguir el trayecto de las fibras musculares.
El masaje profundo es aplicable solamente a las regiones provistas de voluminosas masas musculares (brazo, muslo, nalgas, pierna, nuca, pared abdominal, etc.). Consiste en coger los tegumentos, los músculos y, a veces, los órganos subyacentes, levantarlos y después desplazarlos transversalmente, ejecutando el comienzo de un movimiento de torsión.
«Se colocan las dos manos, una frente a la otra, mirándose por su borde radial en la posición de partida de un masaje superficial. Cada una de las manos abarca, entre el pulgar y los cuatro dedos, las partes blandas, las comprime y las levanta, y después, simultáneamente, sin dejar la presa, las dos manos se dirigen en sentido opuesto, una de dentro afuera y la otra de fuera adentro. En este caso también las partes desplazadas vuelven a su situación normal por la acción de su simple elasticidad».
El masaje profundo expulsa de los intersticios musculares y del tejido celular subcutáneo el líquido de los edemas y de los infiltrados. Cuando se practica en forma enérgica y brutal puede, a través de los tegumentos, dislacerar, disociar y romper las paredes frágiles de las vénulas y de las arteriolas, produciendo equimosis o hematomas. Por el contrario, aplicado con inteligencia y con medición, puede disociar los tejidos de formación patológica, tales como los coágulos sanguíneos o los nódulos de miositis, y reblandecer las adherencias establecidas entre los tejidos sanos y las zonas cicatrizales.
Se puede practicar el masaje profundo haciendo actuar separadamente cada mano por su propia cuenta. Estarán cercanas una a otra, pero no concurrirán a los mismos movimientos; en cierta manera trabajarán separadamente. Si las zonas a las que se aplica el masaje están cercanas, por ejemplo en la cara posterior del muslo, mientras la mano derecha actúa sobre las inserciones inferiores del vasto externo, la mano izquierda trabaja sobre el cuerpo muscular del bíceps. Se trata, a nuestro entender, de un procedimiento menos preciso que el precedente y no tan bien localizado, pero puede rendir excelentes servicios si se practica correctamente, ya que permite manipular una superficie mucho más extensa en un período de tiempo más reducido.
El factor mecánico del masaje profundo debe ser separado de su acción biológica. A pesar de que el masaje por presión tiene acción generalmente tónica, basta, en algunos sujetos, practicar un masaje profundo rápido y generalizado para provocar una debilidad general y casi un estado de shock. Parece ser que a esta última forma de masaje corresponde una liberación importante y rápida de hormonas tisulares vagotónicas. La tensión arterial desciende en notables proporciones; después de una sesión de masaje profundo puede aparecer malestar y náuseas. El paciente así tratado, acusa a veces un entumecimiento doloroso persistente, con insomnio que durará todo el tiempo que tarde en ser destruida por el hígado la histamina liberada en exceso. Este estado de shock será, sobre todo, manifiesto y prolongado en las personas dotadas de un hígado deficiente.
En consecuencia, conviene considerar el masaje profundo como una forma de masaje reservada a los sujetos provistos de un hígado íntegro capaz de neutralizar momentáneamente el exceso de histamina liberado en la sangre por la acción del masaje profundo.
Cuando el masaje profundo, en lugar de practicarlo con toda la mano, se realiza cogiendo entre el pulgar y el índice la parte sobre la cual se quiere actuar, toma entonces el nombre de pellizcamiento. Esta maniobra se practica generalmente sobre superficies poco extensas, por ejemplo sobre la eminencia hipotenar.
Puede practicarse también esta operación sobre la pared abdominal. Pero aquí, debido a la misma extensión del abdomen, al tamaño y a la debilidad de las grandes láminas musculares que limitan la cavidad abdominal, la prensión deberá efectuarse más ampliamente y con mucha suavidad.
El pellizcamiento, bien practicado, no es doloroso. Realizado con brusquedad y fuerza es desagradable. Practicado sin conocimiento, y sobre todo en tejidos dolorosos, puede ser intolerable.
Aún más que el masaje profundo, el pellizcamiento estimula al máximo los intercambios orgánicos de la parte tratada, de la cual expulsa mecánicamente los exudados.
La mano se coloca en contacto con la piel sin separarla de ella. Este contacto se hace con toda la mano o solamente con el pulpejo de los dedos. La vibración consiste en una serie de sacudidas rápidas transmitidas a los tegumentos por una sucesión de presiones y relajaciones, sin que en ningún momento cese el contacto de la mano del masajista con la piel del paciente. Así se producen trazos de flexiones y de extensiones que se suceden con rapidez en los músculos del brazo y del antebrazo y que se transmiten fácilmente por las articulaciones de la muñeca y de los dedos, lográndose de esta manera la vibración.
Esta forma de masaje tiene acción sedante muy acentuada sobre la hiperexcitabilidad de todos los nervios, tanto motores como sensitivos. Bien aplicada a nivel del hueco epigástrico calma momentáneamente los dolores profundos contemporáneos de la dispepsia ácida o de la úlcera gástrica. En los casos de palpitaciones, sin lesión orgánica subyacente, puede contribuir directamente a regularizar el ritmo del corazón. Huchard empleaba de manera sistemática esta forma de tratamiento cada vez que le parecía que no existía causa de lesión orgánica o de los orificios.
La dificultad del masaje vibratorio es la contractura y la rigidez muscular que se produce en el masajista. Por este motivo se ha tenido la idea de construir vibradores susceptibles de efectuar el masaje vibratorio con la fuerza y velocidad deseadas durante todo el tiempo que se crea necesario. Entre los aparatos de masaje construidos para reemplazar la mano humana mediante un mecanismo regulable, los vibradores son quizá los únicos que han logrado prevalecer en la práctica corriente. De todas las otras máquinas, ninguna posee la flexibilidad de adaptación propia de la mano. El empleo del vibrador es posible cuando se trata de actuar sobre ciertas afecciones dolorosas de los miembros. Pero exceptuando estos casos, tales aparatos proporcionan resultados muy inferiores a los de las vibraciones manuales cuando se trata de dosificar finamente el tratamiento, por ejemplo en las afecciones del abdomen. Al vibrador mecánico mejor construido le faltará siempre la facultad del tacto; ésta, bien educada, permite al masajista, de forma casi inconsciente, comportarse y actuar inmediatamente conforme a las indicaciones y necesidades del momento.
Sin embargo, los vibradores son corrientemente empleados, en especial para aplicaciones locales y limitadas. Los mejores son los accionados por la electricidad, en que el movimiento es transmitido por un árbol flexible a una pieza terminal que consta de una superficie plana o curva, hueca o maciza, metálica o cubierta de goma, de forma adaptable a las regiones más diversas. De esta forma puede someterse el cuerpo entero a un masaje vibratorio generalizado.
La percusión consiste en martillear los tejidos con la ayuda de la mano, cuya disposición varía según los casos. En el golpeo se suceden las series de pequeños toques dados con la palma de la mano. Los golpes se practican con el borde cubital de la mano, que imprime a los tegumentos un movimiento similar al de una hacheta con la ayuda de la cual se quisiera cortar la carne. Las dos manos trabajan alternativamente, descansando una mientras trabaja la otra.
Algunos masajistas emplean la extremidad del pulpejo de los dedos, manteniendo éstos perpendicularmente a la superficie tratada. A poco que este movimiento se efectúe con cierta fuerza, y que los tegumentos sean fuertemente deprimidos en el momento de cada contacto, el masaje se convierte en desagradable e, incluso, doloroso. No es raro que, en este caso, se produzcan contracturas musculares permanentes. Se trata de una maniobra que debe considerarse como excepcional.
En una clasificación de los movimientos del masaje, se destaca notablemente la maniobra de los golpes de puño. Podemos admitirla, pero con la condición de que el puño esté cerrado en forma laxa y que el golpe practicado, bien con el borde cubital de la mano y el dedo pequeño, o bien con la segunda falange de los dedos, alcance los tegumentos en forma totalmente plana.
Para actuar sobre regiones particularmente sensibles y ricamente inervadas, nosotros preferimos la percusión practicada con la ayuda del borde cubital de los cuatro últimos dedos de cada mano, alcanzando suave y sucesivamente los tegumentos. El dedo meñique es el que primeramente los alcanza; los otros dedos están generalmente flexionados. Todo el movimiento lo realiza la muñeca, que nunca debe estar rígida.
Los golpes superficiales aplicados sobre la piel con la mano abierta no son agradables. Su acción, poco penetrante en profundidad y bastante mal delimitada, está desprovista generalmente de efectos convincentes.
Finalmente, en ciertos casos, la percusión podrá ser efectuada con el pulpejo de los cuatro últimos dedos, flexionados en ángulo recto, como una especie de tamborileo sobre la piel de la región a tratar. Este procedimiento es poco eficaz.
La percusión provoca, a veces, reacciones muy intensas. Los músculos responden a su acción contrayéndose. También los órganos profundos son excitados más o menos intensamente. Se trata de un procedimiento de elección cuando se quiera actuar sobre la profundidad sin deprimir la pared. De esta forma, una percusión practicada entre los omoplatos, a cada lado de la columna vertebral, en el comienzo del cuello, actúa sobre los movimientos respiratorios.
La percusión de la región precordial estimula asimismo los reflejos cardíacos. Todas las maniobras fundamentales variarán para adaptarse al tratamiento adecuado al caso. Cada una de estas maniobras ejercerá efectos muy diferentes según la intensidad con que sean practicadas. Lo débil, lo mediano y lo intenso son términos relativos que difieren en cada individuo.
Por regla general, cuanto más suavemente se actúe, más se estimularán las reacciones; cuanto más enérgica sea la actuación, mayor será el entorpecimiento de las reacciones.
La lentitud extrema del masaje es menos tolerada que una velocidad mediana.
Las diversas maniobras deben ser combinadas, intercaladas y acompañadas de tal forma que una sesión de masaje empiece y termine siempre mediante movimientos muy suaves. De esta forma se obtendrá el máximo provecho de las presiones, del masaje profundo y de las percusiones.
En términos generales, puede decirse que cuanto más trabajados, manipulados y vaciados de sus líquidos intersticiales sean los tejidos, mayor será el estado de debilidad y de shock engendrado por la puesta en libertad de grandes cantidades de hormonas tisulares. Por el contrario, un masaje practicado en forma superficial, por fricciones y por presiones ligeras, tratando de provocar reacciones locales de los aparatos receptores de la sensibilidad y de los reflejos vasomotores, se traducirá, casi siempre, por un estado de sedación general y de una sensación de reposo y de estabilidad nerviosa.
Una vez efectuado el acto del masaje propiamente dicho, importa la movilización de las articulaciones y de las regiones vecinas a las zonas tratadas.
Si el masaje se aplica sobre una articulación lesionada, es para buscar, con la movilización, la recuperación de los movimientos anulados o limitados.
De la misma forma que no precisa nunca practicar un masaje doloroso, tampoco es necesario, en ningún caso, proceder a una movilización forzada.
La práctica de forzar bruscamente las rigideces y anquilosis es peor que el propio mal en sus resultados lejanos; produce dolores, rigideces y anquilosis más acentuadas.
a) Movilización pasiva. - La movilización será primeramente pasiva. El paciente se abandonará al masajista. Éste actuará sobre cada articulación en el sentido ordinario y normal de los movimientos acostumbrados. Éstos serán primeramente limitados, poco extensos; no alcanzarán jamás, desde el principio, la máxima amplitud posible, sino solamente por una progresión muy lenta.
Los movimientos serán flexiones, extensiones, abducciones y aducciones, rotaciones hacia afuera y adentro y circunducciones.
La movilización pasiva puede ayudar en la distancia y profundidad, a menudo muy lejos, en las regiones inaccesibles a la mano del masajista, movimientos cuyos efectos mecánicos son excelentes. De esta forma, la flexión y extensión de cada segmento digital hace deslizar los tendones flexores y los extensores en sus vainas. Se produce así un masaje profundo de los planos sobre los que descansan los fascículos tendinosos del carpo y del antebrazo.
De la misma forma, la movilización pasiva de los dedos del pie va seguida de una disminución del edema. Este resultado proviene de que las maniobras ligeras bien ejecutadas a nivel de los dedos ejercen una influencia, en la región plantar y en la región del tobillo, sobre los troncos vecinos de las vainas de los fascículos tendinosos flexores y extensores, pasivamente movilizados.
Toda la vasomotricidad de la pierna se halla influida por esta movilización sumamente benigna.
b)Movilización activa sin oposición. – La movilización pasiva no es más que el primer paso tímido hacia el retorno a la integridad muscular y articular.
Dicha movilización debe ir seguida por la movilización activa. Ésta es capaz por sí sola de devolver a las masas musculares atrofiadas su tonicidad, sus relieves y su fuerza. El movimiento a practicar será ejecutado por el masajista y repetido después por el paciente. En general son pocos los movimientos necesarios, pero lo que importa es que sean realizados. Se reconocerá que son los adecuados cuando el paciente los ejecute sin impedimentos.
Todos los músculos de la región deben ser puestos en acción, primeramente los sinérgicos y después los antagonistas. La reeducación de la contracción voluntaria de cada grupo muscular debe ser conseguida sistemáticamente en una misma sesión. La palpación de los relieves y la media dinamométrica de la fuerza de contracción serán los criterios mediante los que se reconocerá la mejoría obtenida.
Todos los movimientos serán ejecutados primeramente en decúbito, después en la estación sentada y finalmente en posición vertical.
c)Movilización activa con oposición. – Cuando la movilización activa ha producido ya al paciente ciertos resultados, se procurará aumentarlos recurriendo a la ayuda de pesos, mazas, halterios, lazos elásticos, resortes o, simplemente, con la ayuda de la mano, creando oposiciones crecientes al cumplimiento de los movimientos voluntarios. Esta técnica de la movilización activa de las palancas óseas, con oposición, aumenta rápidamente los relieves de los músculos; hace desaparecer las atrofias musculares y devuelve a las formas su aspecto normal. Contrariamente a lo que piensan ciertos médicos, no es de temer el abuso ni el cansancio muscular si el trabajo queda localizado a una zona limitada.
De esta forma, la movilización puede considerarse como el complemento del masaje propiamente dicho. En una misma sesión, debe concederse igual predominancia al masaje que a la movilización. Pero la intervención comprenderá casi siempre estos dos tiempos en dosis más o menos diferentes.
Si el tratamiento debe ser de corta duración, las lesiones serán cotidianas, y raramente sobrepasarán la media hora de masaje. Si, por el contrario, el tratamiento debe ser largo, convendrá repartirlo en series de quince a veinte sesiones, cada serie separada de la siguiente por días alternos sin masaje. No hay que olvidar, que los efectos del masaje se esfuman como los de cualquier otra medicación. Solamente después de una supresión momentánea total se manifestará nuevamente su eficacia y, sobre todo, después de las primeras sesiones de cada serie.
En muchos casos será el masajista quien logre la curación total y dirija la reeducación de las funciones. Será él quien obvie las complicaciones consecutivas a las inmovilizaciones prolongadas y quien devuelva la tonicidad a una pared muscular o a un miembro atrofiado. Su misión no es un título de lujo; es indispensable para el más rápido y completo restablecimiento de los enfermos y de los lesionados.
EFECTOS PSICOLÓGICOS DEL MASAJE
El progreso, la mecanización de la vida, el confort y las grandes aglomeraciones urbanas de la vida actual, han elevado el nivel material de la vida del hombre, pero le han restado individualidad y le han masificado.
El farmacéutico ya no prepara aquella medicina formulada por el médico para un determinado enfermo, sino que despacha los específicos que ha producido una gran industria química. Ya no se trata de curar aquel enfermo concreto sino una enfermedad. La relación médico-enfermo se va perdiendo.
Esta postura médica representa la deshumanización de la profesión, dirigida exclusivamente a tratar enfermedades y no a curar enfermos.
Pero el hombre no es una máquina, sino algo muy superior y divino, a la vez que complicado en su conjunto, para que cualquier anomalía que se produzca en su intimidad pueda ser restablecida exclusivamente por medios materiales.
Sólo el hombre puede ser capaz de curar al hombre; todo lo demás son elementos materiales accesorios al mismo.
Por todo ello el masaje, además de la mejoría física, produce efectos psicológicos beneficiosos, derivados del carácter íntimo que posee la masoterapia como acto de apoyo y protección.
Para que el masaje surta estos efectos debe ser practicado no solamente por unas manos bien dirigidas sino también por una persona dotada de carácter adecuado y comprensivo del alma humana.
EFECTOS GENERALES DEL MASAJE
La piel constituye el primer receptor de todas las maniobras del masaje.
El estímulo de la vasomotricidad cutánea constituye una de las funciones más importantes del masaje, y quizás su efecto capital, ya que provoca transferencias sanguíneas desde la profundidad a la superficie y más tarde viceversa. Ejerce una acción muy positiva sobre el metabolismo celular y sobre la cantidad y composición de los líquidos intersticiales esparcidos por la dermis y en los espacios lacunares de la hipodermis. Se cumplen y suceden más rápidamente los actos de asimilación y desasimilación. Se normalizan los intercambios celulares y se produce un estado de equilibrio nutritivo, que se traduce en una euforia generalizada, en una sensación de vitalidad muy remarcable.
Las variadas manipulaciones aplicadas sobre la piel, ponen en libertad pequeñísimas cantidades de histamina, que son capaces de provocar rápidamente la vasodilatación capilar y el enrojecimiento de la piel.
Se ha comprobado que la cantidad de sangre que pueden almacenar las arteriolas vénulas y capilares de la dermis e hipodermis dilatadas al máximo es tres veces mayor que en circunstancias corrientes. Si se considera a una persona de una talla normal de 1,65 m cuya superficie cutánea no es inferior a los 15,000 cc, la vasodilatación subcutánea generalizada aumenta la circulación sanguínea de 1.200 a 1.500 cc. Esta cantidad de sangre es aproximadamente la que deriva hacia la piel cuando se practica masaje general.
Esta experiencia se ha podido comprobar en parte de la siguiente forma:
Cogemos una vasija de vidrio transparente, la llenamos hasta la mitad aproximadamente de agua natural a una temperatura igual a la del organismo humano (con el fin de que no haya reacción inmediata). Seguidamente colocamos un brazo dentro de la vasija, marcamos la altura que sube el agua en la vasija y en el brazo. Una vez efectuada esta operación, cogemos el brazo sumergido y le aplicamos 15 minutos de masaje y al término de este tiempo lo sumergimos nuevamente y comprobamos que ha aumentado la altura del nivel del agua, lo que prueba que los tejidosla circulación sangre-linfa han aumentado.
El masaje en la piel regulariza las funciones secretoras, sebáceas y sudoríparas, ya que desobstruye los orificios, suerte que la eliminación de residuos epidérmicos y productos sebáceos es más activa, lo que permite un funcionamiento más regular de la circulación cutánea.
Como indicábamos anteriormente, al desobstruir los orificios de la piel o poros por medio del masaje, se facilita la respiración cutánea tan necesaria para el organismo.
La adaptación de la piel a los cambios de temperatura se realiza por medio de los mecanismos termorreguladores, que tanto benefician al organismo por lo que evitan los enfriamientos usuales.
El masaje es capaz de calmar o excitar los nervios cutáneos según el modo de aplicación. El estímulo se transmite a la médula espinal y de ésta vuelve a los nervios vasculares de la piel. También son importantes sus efectos, dado que pone en comunicación las terminaciones nerviosas con los órganos del cuerpo al mismo tiempo que actúa directamente sobre los componentes de la piel.
La piel del individuo normal debe ser blanda y desplazable sobre la capa subyacente y susceptible de ser elevada; en los reumáticos, artríticos, etc., los músculos y tejidos situados debajo están fundidos en una masa difícilmente movilizable. El masaje es capaz en plazo breve de eliminar adherencias y rehacer, por decirlo así, todo el aparato cutáneo.
Un aspecto muy interesante del masaje es el estímulo del magnetismo o fluido vital, que todo hombre o mujer posee en más o menos grado y que bajo el imperio de su voluntad puede ser emitido al exterior e invadir otros cuerpos vivos en aporte de bienestar.
El magnetismo animal, o fluido vital, preside todos los actos de la vida y el masajista puede emplearlo para influenciar órganos que no funcionan o que funcionan mal, estimulándolos y dándoles la energía que les falta, restableciendo así la circulación interrumpida.
Ello se logra con la voluntad necesaria para la concentración de ideas en una sola, que obra sobre los principales centros nerviosos del operador, sobre todo del cerebro, provocando la emisión del fluido vital o magnetismo personal en más o menos cantidad, que invadirá a su vez el sistema nervioso del paciente y al que hará notar una mejoría instantánea.
Podemos decir sin pecar de atrevimiento ni pedantería, que el masaje aplicado correctamente, es un extraordinario regularizador de las funciones de la piel y de los órganos internos.
El masaje aplicado profundamente no produce la acidosis originada por el ejercicio, ni la alcalosis producida por el calor.
De ello se desprende la necesidad de que cuando se desea obtener la tonificación y desarrollo muscular, se practique la movilización, a continuación del masaje.
Una condición que poseen los músculos es la de fatigarse cuando hacen mucho trabajo. La fatiga se debe al aumento de substancias de desasimilación tóxica muscular y a la producción de ácido láctico, etc. En estos casos el masaje es importantísimo, ya que al aumentar el riego sanguíneo se eliminan rápidamente estos productos de fatiga, recobrando el músculo su capacidad de contraerse.
El masaje tiene además la propiedad de no fatigar al corazón, sino que, muy al contrario, le sirve de gran ayuda para cumplir su misión.
Se ha comprobado que inyectando sangre de un animal cansado a uno normal, se presentan en éste los mismos síntomas de cansancio.
El masaje puede considerarse como una gimnasia pasiva, pero con ciertas ventajas sobre ésta, teniendo en cuenta que no todas las personas tienen capacidad, edad, voluntad o estado físico adecuado que les permita hacer gimnasia activa. En estos casos el único medio es el masaje, aunque con ello no quiero significar que el masaje supla a la gimnasia ni muchísimo menos, ya que sus efectos son diferentes, pero sí que colabora muy estrechamente con ella, obteniéndose un mayor beneficio, o más completo, con ambas terapias. Sin embargo, a falta de gimnasia, el masaje la suple con óptimos resultados y previene de todas aquellas enfermedades derivadas de la falta de actividad muscular.
El masaje posee la propiedad de aumentar la irrigación sanguínea en los músculos proporcionando una afluencia más rica de substancias nutritivas, al mismo tiempo que acelera la eliminación de los productos de fatiga, los cuales son encauzados hacia los centros de eliminación (riñones, pulmones, hígado, piel, etc.). Por esta propiedad de aumentar el volumen circulatorio, favorece las acciones hormonales, dado que la sangre es el vehículo de transporte de las hormonas.
El masaje es capaz de recuperar el tono muscular perdido, así como su resistencia, flexibilidad y simetría, ya que es un tónico maravilloso y un fortificante de primer orden. Asimismo, acelera la curación de esguinces, desgarros musculares, distensiones de ligamentos, etc., por aumento del riego sanguíneo y linfático.
El masaje tonificante se realiza con vistas a aligerar progresivamente el músculo y recuperar su elasticidad y contractilidad, su volumen y su fuerza.
Por otra parte, la masoterapia puede contribuir mucho a mantener la nutrición de los músculos afectados por parálisis infantil (poliomielitis) u otras parálisis.
En la actualidad, quetan en boga se halla la práctica de los deportes, debería emplearse el masaje antes y después de la actuación y el rendimiento sería mayor. El deportista que recibe masaje siente mayor seguridad y agilidad cuando practica su deporte.
El masaje preliminar actúa de manera excitante o como precalentamiento muscular cuando se practica superficial y rápido, pero una vez han finalizado las pruebas, el músculo se halla en otras condiciones fisiológicas y por lo tanto el masaje deberá aplicarse profundo y lento, de efecto descongestionante y de descanso.
El trato que debe recibir el músculo es semejante al que recibe el hierro de forja, para que no se rompa ni se debilite, es decir, debe calentarse antes, y la forma de calentar el músculo es el uso del masaje, con lo que se evitarán muchos esguinces, pequeñas fracturas y distensiones ligamentosas.
La dirección a seguir en el tratamiento de los músculos es desde la inserción al origen, ya que es de esta forma como el músculo actúa.
También el tejido óseo se ve beneficiado por el masaje, tanto en su forma como en su estructura, y con su ayuda podemos oponernos a diversos procesos patológicos, siempre que no sean infecciosos, en cuyo caso está contraindicado.
Se ha comprobado su efecto beneficioso sobre las fracturas aplicándolo una vez pasado el período agudo o de enyesado; en este caso se aplicará sobre las zonas colindantes a la fractura, con lo que se ayuda notablemente a la solidificación y consolidación del callo, al mismo tiempo que se evita la formación de adherencias, falsos tejidos, etc. Las redes circulatorias aumentan de volumen y, por tanto, el hueso fracturado recibe mayor cantidad de elementos reconstructores y en consecuencia se restablece en menos tiempo.
El masaje puede ser un excitante enérgico o por el contrario un sedante o calmante de eficacia.
Todo efecto sedante o excitante producido por el masaje lleva consigo la producción inmediata de reflejos sobre los músculos, los vasos, o los órganos vegetativos. Elmasaje es el mejor sedante natural que existe.
La zona refleja más importante del organismo es la región espinal.
Tras la masoterapia, y como resultado de una mejor circulación y nutrición, se experimenta un efecto vigorizante de todo el sistema nervioso.
En las neuralgias y en las infecciones dolorosas, que tengan asiento en una región accesible al masaje superficial, se produce casi instantáneamente una disminución o la supresión completa y radical del síntoma doloroso, aunque hay que tener en cuenta que si no se elimina la causa, el dolor reaparecerá en un tiempo mayor o menor.
La intensificación circulatoria y metabólica local del masaje, consecuencia de la hiperemia que produce, favorece los procesos de reabsorción del tejido adiposo.
Las maniobras más efectivas son los pellizqueos, las ondulaciones digitales, la fricción palmodigital y los golpeteos.
Por otra parte el masaje, actuando sobre todo el aparato locomotor, mejora su actividad, lo que, indirectamente, por gasto calórico, contribuye también a disminuir el colchón grasoso.
Sin embargo, al masaje deben acompañarse medidas muy precisas de alimentación adecuada y una gimnasia bien definida. La sauna finlandesa es muy útil en estos casos. Los paseos diarios son muy recomendables en las personas obesas.
Todas las manipulaciones tienen por misión regularizar la circulación sanguínea, mejorando en consecuencia las funciones que la sangre desempeña en el organismo, a las que el masaje ayudará a que se cumplan con mayor amplitud y perfección. Elaumento que produce el masaje en el volumen y la regularidad de la circulación sanguínea significa un mayor aporte de oxígeno a las células y, al propio tiempo, una mayor eliminación de productos metabólicos de desecho. Se ha comprobado que tras un masaje general, y sin que el paciente hubiera tomado nada que pudiese alterar la composición de la orina, ésta tiene un índice tóxico mayor del normal, lo que prueba que el masaje ayuda a la eliminación de toxinas, ácido úrico, y otras substancias nocivas.
Desde el punto de vista de la función nutritiva que ejerce la sangre sobre tejidos y órganos, también el masaje aporta mayor rapidez en el intercambio celular de materiales nutritivos procedentes del metabolismo, cumpliéndose así la subsistencia y desarrollo celular. En este caso el masaje debe dirigirse especialmente al aparato digestivo y concretamente en sus órganos de digestión y absorción.
Ayuda en gran manera a las glándulas de secreción interna o endocrinas, pues traslada sus productos elaborados, como son las hormonas, a otros órganos que las necesitan para su funcionamiento. Lo propio pasa con las enzimas y vitaminas.
Por otra parte, al aumentar la movilización del ejército de defensas orgánicas, protege al organismo de la invasión microbiana, haciéndole apto para atacar en un momento determinado a cualquier elemento extraño al organismo (como son ciertos microbios, bacterias y virus) que penetre en los tejidos.
También el masaje constituye un elemento antihemorrágico, pues, por la misma razón, el aumento de las plaquetas y los glóbulos blancos circulantes, previene las hemorragias, o por lo menos evita que se prolonguen por un tiempo peligroso.
Colabora asimismo en el mantenimiento del equilibrio iónico, dado que al aumentar el riego sanguíneo aumenta también la cantidad de sales minerales circulantes y su distribución se hace en mejores condiciones fisiológicas.
Se ha comprobado un aumento de glóbulos rojos y hemoglobina después de algunos tratamientos de masaje, debido a la excitación de los órganos hematopoyéticos.
Elmasaje provoca un aumento de histamina, de lo que se deriva un efecto revulsivo.
La práctica del masaje constituye un medio eficaz que en muchísimos casos sustituye al ejercicio o colabora con él; sobre todo a aquellas personas que permanecen en reposo absoluto debido a enfermedades cardíacas, les evita edemas, anquilosis y la atrofia muscular que tan frecuentemente se origina en estos casos.
También por comprobación propia, podemos decir que el masaje general disminuye la presión en los hipertensos. Sin embargo cuando se aplica a la región abdominal con insistencia, especialmente en la región hepática e intestinal, produce un aumento de la presión sanguínea en los hipotensos.
El masaje ayuda en gran manera a la acción cardiaca sin aumentar su trabajo, efecto éste muy importante, pues el ejercicio también aumenta la circulación como lo hace el masaje, pero éste exige a cambio un esfuerzo que quizás no sea apropiado para el enfermo.
El masaje evita los éxtasis circulatorios (varices, etc.), dado que con él se obtiene un efecto mecánico de primer orden sobre la circulación.
Estas propiedades que posee el masaje nos dan la confianza necesaria para que su empleo, aparte de en la cirugía y ortopedia, se extienda también a la medicina interna.
La masoterapia no sólo actúa sobre la circulación superficial sino también sobre la profunda. Cuando se practica localmente, el calor que origina puede elevar en dos o tres grados centígrados la temperatura de la región tratada.
Una condición indispensable para el éxito del tratamiento es la relajación muscular del paciente, puesto que con el masaje provocamos una serie de contracciones y relajaciones que dan por resultado la renovación rápida de la sangre circulante. En efecto, si bien las arterias no pueden ser comprimidas por la contracción muscular, sí lo pueden ser las venas con lo que se obtiene un rápido vaciamiento de la red venosa, cuyo contenido es inmediatamente substituido por nueva sangre, dado que en el cuerpo humano no puede haber vacíos. Este efecto de renovación sanguínea es de suma importancia.
El masaje ayuda a la absorción de derrames sanguíneos y sinoviales producidos por algún traumatismo o lesión, pero siempre que se aplique en las zonas colindantes a la afectada.
El refuerzo del retorno venoso es quizás el efecto más inmediato, puesto que las venas tienen, por regla general mayor diámetro que las arterias, son más numerosas, se hallan más cerca de la piel y tienen una corriente sanguínea lenta. Así el efecto mecánico del masaje produce una aceleración del retorno venoso.
Sobre la circulación linfática: Teniendo en cuenta las funciones de la linfa, que nos indican su activa acción en los procesos infecciosos y que los agentes patógenos escogen comúnmente la vía linfática para proliferar, hay que hacer notar que el masaje puede resultar peligroso en aquellos casos de infección aguda por aumentar el riesgo de diseminación de los gérmenes.
Normalmente la circulación de la linfa es muy lenta, por lo que el masaje la influencia muy relativamente.
MASAJE EN SISTEMAS Y REGIONES
Las gastropatías de origen estático; las ptosis, la atonía gástrica de los neurasténicos y de los debilitados, son generalmente mejoradas por el masaje superficial, el masaje vibratorio manual y el masaje suave y profundo.
El masaje está formalmente contraindicado en los casos de cáncer y de úlcera. El masaje superficial calmante y las vibraciones serán aplicados en todos los casos en que exista dolor. El masaje superficial excitante, por tamborileo o golpeteo, será útil en la atonía. El masaje profundo, comprendiendo las maniobras de fricción, de presión, de masaje profundo, de malaxación, y practicado a tres o cuatro horas de distancia de las comidas, ayuda a la evacuación del estómago y aumenta la tonicidad de sus túnicas musculares.
En fin, el masaje general es muy útil en los dispépticos obesos y sedentarios.
Tiende a regularizar su nutrición, a aumentar las cifras de eliminación urinaria y a activar el tránsito intestinal.
El masaje abdominal, es un medio de tratamiento en los casos de ptosis. Ejerce una acción mecánica que favorece la evacuación del estómago; además produce una acción refleja, que realza la tonicidad del estómago y del intestino. Conviene actuar con mucha prudencia, y siempre bajo la forma de maniobras anestésicas y sedantes, en los períodos de crisis dolorosas con espasmos. La gimnasia abdominal, que permite reconstruir las paredes musculares deficientes del abdomen, es de mayor importancia que el propio masaje.
Elmasaje abdominal, regulador de la circulación general, representa un medio excelente de aligerar el trabajo del corazón. Las maniobras suaves y profundas: presiones, masaje profundo, malaxaciones y vibraciones, hacen descender la presión arterial. Los golpeteos actúan de forma inversa, elevando la tensión y aumentando el trabajo del corazón.
Cautru ha demostrado los favorables efectos del masaje abdominal sobre la angina de pecho. Después del fracaso completo del régimen lácteo y de la trinitrina en ciertos enfermos, le bastó someterlos al masaje abdominal para observar que primeramente disminuían las crisis y después desaparecían; al mismo tiempo, aumentaba la diuresis.
En las cardiopatías valvulares, aun cuando exista hipotensión e hiposistolia, el masaje precordial, produce excelentes resultados. Se le ha visto alejar la asistolia amenazante y mostrarse un coadyuvante extremadamente útil del masaje abdominal. Cautru ha comprobado que, en los enfermos hipertensos, el masaje calmante y suave, mediante ligeras malaxaciones y vibraciones débiles imprimidas a la región precordial, conducía rápidamente a un descenso de la tensión arterial.
Señalemos, finalmente, la reducción que produce sobre la zona de matidez del corazón, el masaje precordial excitante y vibratorio. En numerosos enfermos, al propio tiempo que se produce un cambio en la zona de la matidez cardíaca, se mejora el estado general, y la presión arterial, según los casos, se eleva o desciende y tiende a aproximarse a la cifra normal. Sobre todo en los cardíacos en estado de hiposistolia, el masaje de la región precordial produce resultados interesantes. No solamente mejora los signos objetivos sino también los síntomas subjetivos, al frente de los cuales conviene citar la neuralgia intercostal, tan frecuente en estos enfermos. Después de una serie de masajes, que varía de 6 a 15 sesiones, la región deja de ser dolorosa y el paciente aprecia particularmente este resultado.
Evidentemente, no es cuestión de curar las cardiopatías por el masaje; pero si la curación es imposible, es buena medida conseguir un alivio. A este fin tiende el masaje en estas afecciones.
Presenta la ventaja inestimable, en primer lugar, de no entrañar peligro alguno cuando es prudentemente practicado, y después, de poder asociarse a las otras medicaciones, ya que no es incompatible con ninguna.
Existen casos en que cada sesión de masaje, aun prudentemente ejecutada, suscita tales tensiones de dolor que es preciso interrumpir toda clase de maniobra de este género.
Todas las lesiones precedentes se acompañan de degeneraciones profundas, para las cuales no se puede intervenir útilmente. La esclerosis de los centros entraña la marcha progresiva de la lesión muscular con retracciones y garras, sobre cuya evolución el masaje no ejerce ninguna acción.
1º Región suprahioidea. La parte anterior del cuello comprende por arriba la región suprahioidea. Está formada por un gran triángulo cuya base pasa por el hueco hioides, y su vértice corresponde a la sínfisis del mentón. En la posición ordinaria de la cabeza, estando el sujeto de pie, la región suprahioidea es horizontal y se esconde, en cierta manera, detrás del maxilar inferior.
La forma exterior de la región varía mucho según que el sujeto sea delgado u obeso. Casi aplanada o ligeramente excavada en el primer caso, es pronunciadamente convexa en el segundo caso. Forma a veces una serie de repliegues redondeados que se superponen de arriba abajo, de donde la expresión bien conocida de doble mentón, de triple mentón.
El tejido celular subcutáneo comprende dos capas: una capa externa, areolar, rica en grasa, y una capa interna, laminar, que constituye la fascia superficialis.
La grasa se desarrolla sobre todo en la porción areolar, inmediatamente por debajo de la piel. Su espesor varía mucho según los sujetos; a veces es considerable. Aquí, como en la nuca, el tejido adiposo subcutáneo puede ser el punto de partida de lipomas difusos o localizados.
Entre las dos hojillas de la fascia superficialis se encuentra un músculo aplanado y delgado, el cutáneo del cuello. Este músculo, que se halla en toda la altura, del cuello, debe ser objeto de maniobras de masaje cuando se quieren disminuir los pliegues, los salientes, las relajaciones tisulares o las arrugas del cuello. Los movimientos del masajista seguirán la dirección de sus fibras. Éstas se orientan oblicuamente arriba y afuera, hacia las diferentes regiones de la cara en donde terminan. Las más internas se entrecruzan en la línea media con sus similares del lado opuesto. El masajista partirá, pues, de la línea media y seguirá un trayecto oblicuo y divergente hacia el borde inferior del maxilar.
Los planos profundos de la región suprahioidea requerirán sólo excepcionalmente la acción del masajista. En ella se hallan alojados órganos frágiles (glándula submaxilar, ganglios linfáticos, arteria y vena faciales). Éstos son los planos superficiales, es decir, la zona hipodérmica sobrecargada de grasa, que representan generalmente su campo de actividad en esta región del cuello.
2º Región infrahioidea. Tiene por límites, hacia arriba, una línea horizontal que pasa por el hueso hioides; lateralmente, el borde anterior de los dos músculos esternocleidomastoideos; hacia abajo, la horquilla esternal. Comprende en la profundidad: la laringe y la tráquea cervical, que continúa a la primera, el cuerpo tiroides que se dispone por delante y sobre los bordes del conducto laringo-traqueal.
La piel es delgada, muy móvil y muy extensible. Constituye un campo de acción extremadamente frecuente para el masaje estético.
El tejido celular subcutáneo, más o menos abundante en grasa, presenta la misma disposición que en la región suprahioidea. Aquí encontramos todavía, entre las dos hojillas de la fascia superficialis, el músculo cutáneo del cuello.
Por debajo de este tejido celular se dispone una capa muscular importante formada por los músculos infrahioideos, que son en número de cuatro: el esternocleidohioideo, el omohioideo, el esternocondrohioideo y el tirohioideo. Todos ellos forman una cubierta elástica a los tegumentos cervicales.
La región laríngea, cuyo centro está ocupado por el relieve del cartílago tiroides, más o menos acusado según los sujetos, y que se designa bajo el nombre de bocado de Adán, debe ser respetado, en lo posible, por el masajista. En efecto, se halla adosado a las carótidas primitivas, a los nervios neumogástricos y a las venas yugulares internas. Estos órganos discurren a lo largo del borde posterior de las alas del cartílago tiroides. Solamente estarán justificadas en muy pocas ocasiones las maniobras de masaje superficial de la región infrahioidea, por ejemplo en los casos de parálisis del nervio laríngeo superior, debida generalmente a una compresión de este nervio por un tumor localizado en el cuello o en el mediastino. Además precisará que este tumor sea lo suficientemente superficial y que pueda soportar sin daño las maniobras del masaje.
Por debajo del cartílago tiroides, a cada lado de la línea media, los lóbulos de la glándula tiroides descansan sobre las caras laterales de la traquearteria.
En condiciones ordinarias, el cuerpo tiroides mide 6 a 7 centímetros de anchura por 3 centímetros de altura. Su espesor medio es de 4 a 6 milímetros. Pero varía según los sujetos y, en el mismo sujeto, según la edad. Se presenta menos desarrollado en el hombre que en la mujer y, en esta última, aumenta aún de volumen en el momento de la menstruación y durante el embarazo. En estado patológico, se presenta, por regla general, hipertrofiado. Forma entonces una tumoración más o menos voluminosa, conocida vulgarmente con el nombre de bocio, susceptible, a veces, de adquirir dimensiones monstruosas. En lugar de estar hipertrofiado, el cuerpo tiroides puede presentarse atrofiado; esta atrofia se acompaña generalmente de cretinismo.
La hipertrofia de la glándula tiroides puede afectar toda la glándula, o bien limitarse a un solo lóbulo. A veces, en el curso de un proceso hiperplásico, predomina el elemento vascular: se trata de bocios vasculares; más a menudo es el elemento glandular el que prolifera: se trata de un adenoma de la glándula tiroides. Esta última clase de bocio es generalmente la más frecuente, al menos en los adultos.
El masajista actuará sabiamente absteniéndose de manipular un bocio. Sin embargo, se han publicado observaciones de mejoría, y aun de curación, de bocios por el masaje. ¿Cómo pueden explicarse estos resultados?
El cuerpo tiroides recibe la mayor parte de sus nervios del sistema simpático cervical. Parten, principalmente, del ganglio cervical medio y del segundo nervio cardíaco. Estos filetes simpáticos se adosan a las dos arterias tiroideas, rodeándolas con sus anastomosis y constituyendo el plexo tiroideo superior y el plexo tiroideo inferior. El estiramiento de estos ramos suministrados por el simpático a la tiroides es la que produce la atrofia de la tumoración tiroidea observada en estos casos favorables.
Por el contrario, en otros casos, una serie de masajes efectuados sobre un cuello aparentemente sano, puede originar cierto número de síntomas del bocio exoftálmico (exoftalmia, palpitaciones), debidos, sin duda, a la excitación inoportuna de estos mismos ramos nerviosos por el masaje.
Como puede verse, es difícil trazar al masajista una línea de conducta precisa. Existen casos de lesión tiroidea que serán favorecidos por el masaje del cuello. Por el contrario, otros serán agravados, sin que sea posible discernir las causas de esta diferencia de acción. En fin, existen casos en que los masajes efectuados sobre cuellos en apariencia normales irritarán la tiroides y provocarán accidentes de basedowismo transitorio pero indiscutibles.
3º Región lateral del cuello o región esternocleidomastoidea. Corresponde al músculo que la cruza superficialmente y que le ha dado el nombre. Este músculo se inserta, por arriba, en la apófisis mastoides; por abajo, en la clavícula y en el esternón. Se la denomina aún región carotidea, puesto que las arterias carótidas efectúan en ella la mayor parte de su trayecto.
Esta región nos presenta, en estado normal:
1º: un relieve muscular que corresponde al borde anterior del músculo esternocleidomastoideo;
2º: por dentro de este relieve, entre él y el conducto laringotraqueal, un canal cuyo fondo se levanta por los latidos de la carótida: es el canal vascular o carotideo, que el masajista deberá respetar en lo posible.
Este relieve y este canal son siempre muy acentuados en los sujetos delgados, y están más o menos disimulados por la grasa en los individuos bien dotados de panículo adiposo. Ambos son más o menos accesibles según la posición de la cabeza del paciente. Cuando el masajista coloca la cabeza del paciente en extensión y gira su cara hacia el lado opuesto a la región que debe manipular, el músculo hará saliente por delante del canal y protegerá su contenido.
Por el contrario, cuando la cabeza está flexionada y ligeramente inclinada hacia el lado que recibe el masaje, es fácil agarrar el músculo esternocleidomastoideo relajado, levantarlo y amasarlo.
En estado patológico, el relieve normal del borde anterior del músculo esternocleidomastoideo puede estar exagerado; es el caso del tortícolis en que este músculo forma una verdadera cuerda. Por otra parte, el canal carotideo, que el masajista debe evitar en principio, puede estar ocupado por tumoraciones sólidas o líquidas, entre las cuales las más frecuentes son los tumores ganglionares, que el masajista jamás debe abordar.
Una vena superficial, la yugular externa, atraviesa oblicuamente la región de arriba abajo. Surge a nivel del ángulo de la mandíbula. Desde aquí se dirige de arriba abajo y un poco de delante atrás, cruza oblicuamente la cara externa del esternocleidomastoideo y, llegada al borde posterior de este músculo, pasa a la región subyacente.
Los nervios superficiales proceden del plexo cervical, cuyas ramas, auricular, cervical, transversa y supraclavicular, pueden ser asiento de neuralgias tenaces y requerir masajes superficiales sedantes sobre la zona dolorosa.
Por debajo del esternocleidomastoideo se encuentra el paquete vasculonervioso del cuello, que comprende la arteria y la vena subclavia, la arteria carótida primitiva y sus dos ramas de bifurcación: la carótida interna y la carótida externa; la vena yugular interna, el nervio hipogloso y el nervio neumogástrico.
Este paquete vasculonervioso del cuello está rodeado de un tejido celular mezclado con numerosos ganglios, de quince a treinta según Theile. A ellos abocan la mayoría de los linfáticos de la cara, de la nuca y de la porción cervicofacial de las vías digestiva y respiratoria. Sus lesiones se traducen por adenitis cervicales simples, tuberculosas, sifilíticas, cancerosas, etc., lo que se explica fácilmente si se tienen en cuenta las numerosas causas de infección que existen en las regiones de donde proceden sus linfáticos aferentes. Jamás se ha considerado el masaje como un coadyuvante terapéutico recomendable en caso de adenitis cervical.
La región dorsolumbar corresponde a la pared posterior del tronco y comprende todas las partes blandas que se disponen por detrás de la columna dorsal. Limita por arriba con la nuca y por abajo con la región sacra.
Considerada en conjunto, esta región describe una ligera curva de convexidad posterior. Ofrece en la línea media un relieve vertical, en cuyo fondo aparecen las apófisis espinosas de las vértebras. Estas apófisis forman bajo la piel una especie de cresta festoneada.
A cada lado de la cresta se reconoce, en los sujetos delgados, el ángulo de las costillas. En los sujetos musculosos desaparece bajo la espesa capa de los músculos espinales. La columna vertebral presenta curvaturas anteroposteriores que son normales. La primera corresponde a la región cervical y es convexa hacia delante; la segunda se encuentra en la región dorsal y presenta su convexidad dirigida hacia atrás; la tercera, convexa hacia delante, como la curvatura cervical, ocupa la región lumbar; finalmente, la cuarta, corresponde a la región sacrococcígea, y dirige su convexidad hacia atrás.
Estas curvaturas varían mucho en sus dimensiones según los individuos, según las edades y también según el sexo. Así, en la mujer, la curvatura lumbar está siempre más desarrollada que en el hombre.
En estado patológico, las modificaciones que se producen en estas curvaturas son: la cifosis (giboso), que es la exageración de la curvatura dorsal; la lordosis (curvado), que es la exageración de la curvatura lumbar, y la escoliosis (torcido), que es la desviación lateral. Siempre que existe una exageración de una de las curvaturas de la columna vertebral, las otras curvaturas sufren una modificación destinada a compensar el trastorno del equilibrio que se produce, de donde la aparición de curvaturas se denomina “de compensación”. De esta forma, en la cifosis, la curvatura cervical se exagera, mientras que, por el contrario, se endereza la curvatura lumbar.
La piel del dorso es gruesa, móvil sobre los lados, fija, por el contrario, sobre la línea media por tractos fibrosos que, desde la cara profunda de la dermis, se insertan en el vértice de todas las apófisis espinosas. El tejido celular subcutáneo se continúa con el de la nuca. En los lados es bastante laxo y está más o menos sobrecargado de grasa según el estado de nutrición de los sujetos. Por el contrario, sobre la línea media es muy apretado y carece de tejido adiposo.
Los planos profundos o musculares comprenden cuatro planos de músculos. Son los siguientes:
Primer plano: trapecio y dorsal ancho.
Segundo plano: romboides.
Tercer plano: serratos menores.
Cuarto plano: músculos espinales. Éstos, distintos en la región dorsal y fusionados, por abajo, en una masa común, son en número de tres: el músculo sacrolumbar o iliocostal, el dorsal largo y el transverso espinoso.
Consideradas en su conjunto, las formaciones musculares constituyen una masa que llena el canal costovertebral. Presenta su mayor espesor (6 centímetros por término medio) hacia la línea media. La zona más delgada está situada en el ángulo de las costillas.
A menudo, la grasa se acumula en los límites entre la región dorsal y la región costal. Se combate mediante el masaje profundo practicado en la forma clásica. El paciente está extendido en posición ventral: el masajista se coloca a su izquierda para manipular el lado derecho del tronco y a su derecha para maniobrar sobre el lado izquierdo.
Al masaje profundo se asocian las presiones orientadas en el sentido de las fibras musculares que recubren la caja torácica.
Los pulpejos de los dedos deben introducirse suavemente en las depresiones musculares, en los espacios intercostales, siguiendo todas las sinuosidades y contornos.
A nivel de la región lumbar, el masajista debe a veces intervenir sobre las voluminosas masas musculares que ocupan el canal vertebral a nivel de la región lumbar. Esta masa carnosa es el asiento del lumbago; que se caracteriza por contractura y dolores vivos. El lumbago puede ser reumático; pero, de ordinario, es traumático y se debe a la ruptura o elongación de algunas fibras musculares, bajo la influencia de una contracción demasiado enérgica o mal dirigida; a veces es sintomático de una lesión vertebral (mal de Pott) y entonces no representa más que una contractura de defensa, gracias a la cual el enfermo inmoviliza instintivamente las vértebras afectas.
En el caso de una contractura dolorosa, convendrá practicar primeramente un masaje superficial clásico muy suave y bastante prolongado.
También estará indicado en estos casos el masaje vibratorio.
Cuando sea preciso, por el contrario, preparar a la acción las masas lumbares intactas, antes de un ejercicio deportivo, por ejemplo, convendrá recurrir a las presiones profundas y a pequeñas percusiones.
El segmento lumbar de la columna vertebral es, después del segmento cervical, la porción más móvil del raquis; por ello es por lo que se producen a este nivel la mayoría de las fracturas indirectas de la columna vertebral.
En la región dorsal, las apófisis espinosas son largas, puntiagudas y están dirigidas muy oblicuamente hacia abajo. Las láminas son cuadriláteras y están dispuestas verticalmente. Aunque no se imbrican unas con otras, como las de las vértebras cervicales, se encuentran tan juntas que es imposible hacer penetrar un instrumento vulnerable cualquiera. Por ello, el canal raquídeo y la médula contenida en su interior están muy bien protegidos en esta región.
Las vértebras están estrechamente unidas por los ligamentos intervertebrales, intertransversos e interlaminares, tan potentes, que la luxación de las vértebras, especialmente las vértebras dorsales, es excepcional y requiere traumatismos de una extrema violencia para producirse. La luxación se acompaña siempre de lesiones de proximidad que, por su importancia, dominan el cuadro clínico.
Los puntos dolorosos señalados en los alrededores de la columna vertebral, o sobre el trayecto de un nervio, están a menudo en relación con lesiones o trastornos orgánicos de próximos, o bien con desplazamientos de los discos intervertebrales más o menos alterados. A partir de los veinticinco años, estos discos se aplanan, se fisuran, mientras que el núcleo gelatinoso, que constituye su parte central, mantiene la separación entre las vértebras y, como un cojinete a bolas, permite los movimientos de flexión, de extensión y de lateralidad entre los cuerpos vertebrales, pierde su agua, se aplana y degenera (De Seze y Jean Levernieux).
Cuando la sustancia discal, impulsada hacia la periferia por un esfuerzo, distiende bruscamente el ligamento vertebral posterior, se produce dolor agudo por esguince; es la patogenia del lumbago (Fig. 1, b).
Si esta sustancia discal retropulsada se hernia a través del ligamento distendido, y después desgarrado, produce un saliente en el canal raquídeo, en donde encuentra una raíz nerviosa cercana (L5 o S1, según la altura del disco herniado): es la patogenia de la ciática (Fig. 1, c).
Por otra parte, al perder su agua con el transcurso de la edad, el disco tiende a aplanarse bajo el peso del cuerpo. El anillo fibroso es rechazado hacia la periferia; rechaza, a su vez, los ligamentos vertebrales que, estirados e irritados, reaccionan osificándose: es la patogenia de los osteofitos (Fig. 1, d y e).



a b c


d e
FIG. 1. - a, Vértebras normales; b, el núcleo aplanado distiende el ligamento posterior: lumbago; e, el núcleo y el anillo fibroso hacen hernia en el canal raquídeo; d, el núcleo aplanado es expulsado hacia la periferia y distiende los ligamentos vertebrales que se osifican (formación del osteofito) (según DE SÉZE y Jean LEVERNIEUX).
TRATAMIENTO DE LAS ENFERMEDADES MEDIANTE EL MASAJE
El masaje actúa de manera eficaz en la mayor parte de los traumatismos y sus secuelas, que constituyen una de sus indicaciones más importantes.
Se pueden juzgar sus buenos efectos tomando como ejemplo el traumatismo más simple, la contusión de los órganos superficiales, en especial la piel y los músculos.
Una contusión un poco fuerte magulla estos tejidos, rompiendo los pequeños vasos sanguíneos, lo que se manifiesta por la equimosis que aparece en seguida bajo la piel. Dejada a su evolución natural, la equimosis desaparece progresivamente pasando por coloraciones cada vez más atenuadas; pero esta curación se produce con mucha mayor rapidez mediante el masaje.
El dolor, que puede ser intenso y que impone una inmovilización a veces completa del miembro lesionado, se atenúa rápidamente por los efectos anestésicos del masaje. Pueden reemprenderse en seguida los movimientos, estimulantes de la circulación, que aporta elementos regeneradores a los tejidos lesionados. Esta regeneración se realiza, pues, con mucha mayor rapidez y completamente.
A falta de masaje, los tejidos degeneran en tejido fibroso, evolución que puede tener grandes inconvenientes en el caso de una contusión extensa.
Se sabe desde hace tiempo el notable efecto curativo del masaje en el tratamiento de las contusiones. Sin embargo, no se recurre muy metódicamente a este tratamiento, pues se prefiere más el reposo y la inmovilización. Se desemboca así en incapacidades prolongadas, a veces en una disminución definitiva de la capacidad funcional, puesto que durante la curación del traumatismo principal se establecen atrofias musculares y rigideces articulares, que exigen un tratamiento prolongado y de resultados inciertos.
El tratamiento de las contusiones simples o acompañadas de traumatismos más graves debería, pues, asegurarse siempre con el masaje, complementado por la inmovilización pasiva de las articulaciones y por ejercicios localizados de gimnasia activa, en la medida que lo permitieran las lesiones.
Las contusiones son frecuentes en los deportistas, expuestos constantemente a caídas y golpes.
Desde el momento del golpe, aunque el sitio quede poco resentido, en el ardor de la competición deportiva, es preciso aplicar a la región contusa un effleurage circular en movimiento de rueda de molino, primero muy ligero para adormecer la sensibilidad, después más y más apoyado, para terminar con un verdadero amasamiento si puede éste soportarse sin dolor.
Los días siguientes, un masaje realizado, de manera análoga, tendrá por efecto aportar a toda la región una circulación activa que le proporcione el retorno al estado normal. Debe señalarse que el vigor orgánico de los deportistas entrenados facilita mucho la curación de sus contusiones.
Estos accidentes sobrevienen especialmente en ocasión de esfuerzos deportivos o de trabajos que exigen hacer mucha fuerza; pero pueden también producirse a causa de un mal gesto, de un paso en falso, de un movimiento violento.
La ruptura total de un músculo es un accidente raro y grave cuyo tratamiento es de orden quirúrgico. Esta lesión suele producirse solamente en quienes practican deportes de fuerza.
Las rupturas parciales son, en cambio, frecuentes entre los deportistas. En ocasión de un esfuerzo brusco, de todos los falsos movimientos que obligan al atleta a recuperar el equilibrio mediante una contracción muscular violenta, algunas fibras musculares resultan a veces distendidas o incluso rotas. Habitualmente, el dolor inmediato no es muy vivo, incluso a veces es nulo y el atleta prosigue fácilmente en su esfuerzo. El dolor sobreviene al día siguiente y al otro, complicado por impotencia funcional.
Por las mismas razones expuestas a propósito de las contusiones, es útil, pues, aplicar masaje lo más pronto posible en las masas musculares que han estado sometidas a esfuerzo, pues se disminuye así la gravedad ulterior de la lesión.
Se tratará siempre de la práctica de un effleurage ligero al principio, aumentando su intensidad a medida que decrece el dolor, para terminar con un amasamiento-foulage del sitio lesionado y de toda la región circundante.
Los días siguientes, el mismo tratamiento, practicado con regularidad, conducirá a una cicatrización y una recuperación funcional mucho más rápidas que las que se obtienen con la inmovilización inmediata y prolongada.
Las articulaciones son órganos que con frecuencia deben recibir masaje y que suelen beneficiarse mucho de este tratamiento.
Las más ligeras lesiones articulares -contusiones, distensiones y esguinces- son muy dolorosas. El dolor de las articulaciones lesionadas provoca su inmovilización instintiva. Esta reacción de defensa tiene consecuencias bastante malas; en efecto, entraña una lentitud circulatoria y la aparición de tejido fibroso. De ello resultan rigideces articulares, anquilosis progresivas que conducen, cuando la lesión parece ya curada, a una disminución a veces muy importante del juego articular, que no mejora sino lentamente y que no desaparece a veces más que imperfectamente. Desde el primer momento se deberá luchar contra esta tendencia a la anquilosis, en lugar de recurrir sistemáticamente a la inmovilización prolongada, como ocurre muy a menudo.
El masaje tiene, como ya se ha dicho, una acción anestésica; y debe ser empleado contra ese dolor de los traumatismos articulares que obstaculiza todo tratamiento activo.
Lesión articular muy frecuente, el esguince requiere maniobras kinesiterapéuticas que pueden servir de tipo y guía para el tratamiento de la mayoría de los traumatismos articulares.
El esguince consiste en una separación violenta y momentánea de dos superficies articulares, separación que no puede ocurrir si no es acompañándose de tirón e incluso rotura de los ligamentos que mantienen normalmente en contacto las dos superficies articulares. Cuando estas roturas de ligamentos son lo bastante importantes para que las superficies articulares permanezcan separadas, no se trata de esguince, sino de luxación. Así, cabe afirmar que el esguince es el primer grado de la luxación.
El esguince puede afectar a la mayoría de las articulaciones, pero es muy frecuente en el tobillo.
La frecuencia del esguince del tobillo se debe a la fragilidad relativa de esta articulación, que al ser muy móvil se ve a menudo expuesta a soportar todo el peso del cuerpo en posiciones falsas que originan tracciones violentas sobre sus ligamentos.
Cuando el pie, a consecuencia de un movimiento en falso, sostiene el peso sobre su borde interno, el tendón del astrágalo es solicitado a desencajarse de la mortaja tibioperonea; los ligamentos laterales externos sufren en esta posición una distensión forzada que conducen a su rotura más o menos completa. Cuando estos ligamentos son muy potentes, en lugar de ceder arrancan la parte inferior del maléolo peroneo en la que están insertados. Esta pequeña fractura hace mucho más grave el esguince. Si el astrágalo se desencaja por completo, con el pie apoyado en todo su borde externo, el maléolo interno, comprimido por el otro lado, puede también romperse; entonces, el esguince se acompaña de fractura bimaleolar.
El esguince de tobillo, aunque sea de grado ligero, determina inmediatamente un gran dolor y la imposibilidad de continuar la marcha. Toda la región del tobillo se vuelve rápidamente asiento de una hinchazón, de un engrosamiento doloroso que no hace más que acentuarse durante 24 ó 48 horas. El segundo y tercer día sobrevienen equimosis producidas por la sangre que, derramada a partir del accidente, tarda cierto tiempo en llegar a la piel.
Sin tratamiento alguno, el esguince, por lo menos el de tipo ligero, evoluciona espontáneamente hacia la curación; la hinchazón disminuye para desaparecer en dos o tres semanas; los movimientos no provocan ya dolor y vuelve a ser posible la marcha; persiste durante un tiempo cierta rigidez articular, que desaparece únicamente con la práctica de la marcha.
Un pequeño arrancamiento maleolar no se ve influido, verdaderamente, por las maniobras útiles; pero una doble fractura maleolar, y sobre todo la fractura de la extremidad inferior del peroné, se suelen acompañar de una luxación del astrágalo que, si no se trata, conduce, a pesar de las mejores maniobras de masaje, a una deformación de la articulación y a una dificultad definitiva en la marcha.
Todo esguince complicado queda, pues, bajo la jurisdicción del médico, y el masajista sólo se encargará del tratamiento del esguince banal y ligero, que ocurre con gran frecuencia.
Uno de los mejores medios para reabsorber la hinchazón articular es el empleo de baños alternativamente fríos y calientes.
Se procede de la manera siguiente:
- Sumergir el pie y la pierna al menos hasta media pantorrilla en un cubo lleno de agua fría (a unos 15 grados), por espacio de varios minutos.
El agua fría tiene por efecto desencadenar la contracción de los vasos sanguíneos, que disminuyen de calibre. Este estado de vasoconstricción se mantiene durante todo el baño frío.
- Sumergir inmediatamente después la pierna en otro cubo con agua tan caliente como se pueda soportar (38 a 40 grados aproximadamente).
En el seno del agua caliente se produce una vasodilatación de los vasos sanguíneos y de las vénulas gracias a la cual los líquidos extravasados en todos los tejidos periarticulares son bombeados al interior del sistema venoso. Al cabo de unos minutos de baño caliente se reemprende bruscamente el baño frío, también durante unos minutos, y se termina con un nuevo baño caliente.
Este procedimiento de los baños alternados produce una verdadera gimnasia de los vasos sanguíneos, que solicita alternativamente su dilatación y su constricción; es un medio excelente para luchar contra la especie de parálisis que los afecta y obligarles a evacuar lo más rápido posible las infiltraciones edematosas. Además, el alivio que experimenta el lesionado es inmediato.
Después de los baños alternados se procede a una sesión de masaje.
Se comienza con un effleurage suave y prolongado de la región del tobillo insistiendo en las regiones subyacentes (empeine) y superiores (parte baja de la pierna) por las que se extiende la hinchazón. Si se las priva del edema, se facilita la reabsorción futura de la infiltración que existe en el tobillo.
El verdadero masaje no debe iniciarse hasta el término de tres o cuatro días, cuando la hinchazón ha disminuido mucho gracias al reposo y a la balneación.
Después de la sesión de masaje, para evitar que el pie sufra movimientos imprevistos, y más adelante, para permitir la marcha sin inconvenientes, es aconsejable vendar el pie, el tobillo y la parte inferior de la pierna con un vendaje elástico. Este se aplica casi siempre, pero es muy raro que se coloque bien la venda; en la mayoría de los casos se dispone en ocho de guarismo, cruzada por delante de la articulación. Esta disposición, aparte de ser un mal sostén para el tobillo, determina una constricción molesta de los vasos sanguíneos.
El vendaje, en el caso de esguince del tobillo, debe hacerse como sigue (fig.1):
Aplicar el extremo de la venda sobre el borde externo del talón; pasar por detrás del talón; cruzar por el empeine y pasar lo más cerca posible del dedo pequeño; pasar por debajo de éste y de los demás dedos; volver a la cara anterior del pie cubriendo la base del dedo gordo; ir directamente a la parte externa y posterior del talón.
Esta es la primera vuelta del vendaje; las otras seguirán las mismas direcciones, dejando descubierto alrededor de un centímetro de cada vuelta precedente; poco a poco quedará el pie recubierto por el vendaje, que llegará a rodear la articulación.
Cuando las espiras, rodeando la parte posterior del talón, hayan rebasado la altura de los maléolos, se continuará con pasadas circulares ascendiendo a lo largo de la pierna hasta media altura o más si se prefiere.
Una venda elástica aplicada de esta manera sostiene perfectamente la articulación del tobillo y permite la deambulación mucho más pronto que los otros procedimientos.

Fig. 1, Cómo debe hacerse el vendaje en el esguince del tobillo
¿Cuándo debe hacerse andar a un lesionado de esguince de tobillo?
Los resultados del masaje aplicado inmediatamente son a veces tan felices que, para demostrar la eficacia del procedimiento, se permite al lesionado caminar inmediatamente. Se cree también que la deambulación precoz es el mejor medio para luchar contra la rigidez articular, que puede persistir aun después de la curación.
Pero debe tenerse en cuenta que la marcha es el ejercicio más fatigoso para la articulación del tobillo, que debe soportar todo el peso del cuerpo. Por otra parte, en la posición erecta la sangre tiene la máxima dificultad para ascender hacia el corazón y, por consiguiente, la marcha favorecerá la persistencia del edema.
Es mucho mejor imponer el reposo con la pierna sobrealzada, aún en el caso de un esguince ligero; la curación será mucho más rápida. Esto no implica, desde luego, la supresión de todo movimiento; al contrario, durante y después de las sesiones de masaje, se puede y debe ejecutar una movilización amplia de toda la articulación, y esta movilización pasiva debe ser además completada con ejercicios activos ejecutados por el lesionado: flexión, extensión y rotación del pie en todos los sentidos. Nada más fácil que regular la energía de estos movimientos, que se hacen ejecutar primero lentamente, sin resistencia y repitiéndolos pocas veces; poco a poco, el masajista opone una resistencia frenando con sus manos los esfuerzos del lesionado; la graduación de esta gimnasia de oposición no ofrece ninguna dificultad.
Así, la potencia y la tonicidad de los músculos se recuperan progresivamente, al mismo tiempo que se mantiene la flexibilidad, y el lesionado, cuando se le permita caminar, podrá hacerlo cómodamente.
Existen articulaciones para las que es particularmente nefasta la inmovilización. Así, la rodilla, mantenida dentro de un vendaje enyesado o una férula, se anquilosa rápidamente, al mismo tiempo que los músculos que gobiernan su juego, en especial el cuádriceps femoral, se atrofian considerablemente. En cosa de unos días, el perímetro del muslo disminuye de 2 a3 centímetros respecto al miembro sano. Además, cuando el traumatismo se da por curado, persisten consecuencias, las secuelas, muy molestas: limitación importante del juego articular y gran debilidad de los músculos del muslo. Queda, pues, mucho por hacer para lograr la curación completa, que se conseguirá mediante:
1.- El masaje bastante enérgico de los músculos atrofiados, de los ligamentos y tendones.
2.- La movilización pasiva de la articulación.
3.- Los ejercicios metódicos de flexión y de extensión de la pierna.
4.- La reeducación de la marcha.
Tratamiento de larga duración al que no se someten buen número de lesionados, contentándose con una curación aproximativa. Estas secuelas prolongadas se evitarán fácilmente mediante el masaje y la movilización precoces; tratamiento que no tiene sino ventajas y ningún inconveniente mientras se trate de traumatismos cerrados. Sólo está contraindicado en los casos de heridas profundas y de artritis infecciosas, y además la contraindicación es formal.
La hidrartrosis o derrame sinovial, frecuente en la rodilla, es a menudo consecuencia de un pequeño traumatismo, distensión articular, esguince ligero sobrevenido por falso movimiento o contusión directa. Lo habitual consiste en inmovilizar bajo compresión enguatada, a veces en gotiera (férula acanalada), durante 12 ó 15 días. Es transformar un accidente benigno en una incapacidad prolongada, que tarda en curar a causa del anquilosamiento y de la atrofia que desgraciadamente se han provocado. El masaje inmediato, cotidiano, asociado a la movilización activa y pasiva, vencen el derrame y el dolor en unos 10 ó 15 días.
La articulación de la rodilla es muy frecuentemente asiento de un accidente particular, la luxación de un menisco.
La superficie articular del fémur, redondeada en hemisferio, no rueda directamente sobre la superficie articular de la meseta de la tibia. Para profundizar la cúpula de la meseta tibial existen dos cartílagos insertados entre las dos superficies articulares; tienen la forma de “croissants" cuyas puntas se juntan casi dos a dos por delante y por detrás del intervalo articular (fig.2).

Fibrocartílago semilunar interno
Su borde externo es mucho más alto que el borde interno, el cual está reducido al espesor de una simple lámina; esta forma tiene como resultado profundizar, como ya se ha dicho, la cúpula dentro de la que rueda la cabeza del fémur.
Es uno de estos meniscos, generalmente el interno, el que, acuñado entre la meseta tibial y la cabeza del fémur, se ve desprendido y expulsado hacia el exterior, más o menos como un hueso de cereza que, apretado entre el pulgar y el índice, tiende a escapar.
El accidente se produce probablemente cuando la tibia, transmitiendo un choque recibido sobre el suelo, no lo hace dentro del eje normal del miembro inferior.
Este menisco apenas se desplaza, al menos en el primer accidente; a menudo vuelve espontáneamente a su sitio. Esto explica la rapidez y brevedad del dolor. Pero estos medios de unión con la meseta tibial, una vez estirados y parcialmente arrancados, permiten una recidiva cada vez más fácil.
En estas circunstancias, la luxación, que constituye una verdadera enfermedad, incumbe sólo al cirujano.
En los casos ligeros, que son muy frecuentes en el ámbito atlético, es necesario un tratamiento serio y perseverante.
Para consolidar la rodilla es necesario emplear, sobre todo, el masaje y el movimiento metódico.
El masaje consistirá en modelar pacientemente todos los ligamentos, los tendones musculares situados en la región de la rodilla, y se terminará siempre con un foulage bastante prolongado, ejecutado con las yemas de los pulgares o de los demás dedos, sobre la interlínea articular, en el sitio correspondiente al menisco afectado. Este sitio es muy fácil de hallar, pues se manifiesta en seguida por el dolor.
Aparte, será necesario, para combatir la atrofia muscular, amasar el cuádriceps, la pantorrilla y todos los otros músculos del miembro inferior.
Los movimientos metódicos se realizarán según los mismos procedimientos enumerados anteriormente para el tratamiento de los esguinces y de los derrames sinoviales. Movimiento de flexión y de extensión en posición sentada, primero sin resistencia, después con oposición de un ayudante. Flexión y extensión en la posición erecta, etc.
Finalmente, al cabo de quince días o un mes de tratamiento, es necesario fortificar, mediante prácticas deportivas, la articulación y los músculos que la gobiernan. Para ello es preciso acudir al deporte que mejor hace trabajar la rodilla sin obligarle a soportar el peso del cuerpo: el ciclismo.
Es el deporte que debe recomendarse a aquellos que sufren la luxación recidivante del menisco. Si el sujeto experimenta una gran aversión a la bicicleta, pueden ser útiles la natación y el remo con banqueta deslizante.
Las articulaciones son, a menudo, objeto de afecciones inflamatorias o de artritis. Cuando tales afecciones inflamatorias o de artritis, son la manifestación local de un estado infeccioso, tuberculosis, reumatismo agudo, gonococia, etc., no deben tratarse con masaje durante el período inflamatorio.
Pero gran número de estas artritis pasan progresivamente al estado crónico, sin presentar ninguna reacción inflamatoria; desde este momento evolucionan hacia la anquilosis y la atrofia muscular. Entonces deben ser objeto de masaje y movilización con la finalidad de restituir en lo posible el juego articular y la potencia muscular. Cuando existe la certeza de que el problema sólo consiste en la rigidez de unas articulaciones curadas pero inmovilizadas, las maniobras de masaje deben aumentar en intensidad y duración.
Es muy interesante el masaje con pomadas o bálsamos que tengan una influencia sobre la enfermedad local. El effleurage prolongado tiene por misión hacer penetrar por la vía cutánea una cantidad apreciable del medicamento. Después del masaje es conveniente pasar a la movilización pasiva, según la técnica empleada contra las secuelas de las luxaciones.
Las artrosis dependen generalmente del estado humoral. Artritismo, reumatismo crónico y gota se caracterizan por dolores más o menos vivos y limitaciones del juego articular que desembocan en una incapacidad funcional cada vez más pronunciada. Estas lesiones articulares dependen, ante todo, del tratamiento médico; pero el masaje y el ejercicio activo y pasivo desempeñan una gran acción contra sus secuelas y restituyen, a veces en gran medida, la capacidad funcional de los miembros afectados.
Contra estas limitaciones del movimiento tiene el máximo efecto el masaje combinado con la movilización pasiva y el ejercicio activo. El masaje debe actuar no solamente sobre la articulación y sus medios de unión, sino también sobre todos los grupos musculares que gobiernan sus movimientos. La movilización pasiva puede hacerse a base de forzar un poco para aumentar la flexión o la extensión; pero se consigue más por medio de movimientos rítmicos, repetidos con una cadencia cada vez más rápida y que no rebasen sino ligeramente la amplitud que el sujeto logra con sus propios movimientos. Poco a poco, por calentamiento de los ligamentos y de los músculos, es como ceden las rigideces y las contracturas de defensa.
Entre las articulaciones que tienden al anquilosamiento en una posición fija, por actitud estática habitual, deben señalarse las de las vértebras lumbares. Estas vértebras poseen naturalmente una movilidad bastante grande de delante atrás; permiten flexionar el tronco sobre la pelvis. Este movimiento natural se realiza a fondo raras veces en las condiciones de la vida corriente. Se vive de pie, sentado, acostado, y en todas estas posiciones no juegan apenas las articulaciones lumbares.
Contra el anquilosamiento lumbar da resultados excelentes el masaje, pero debe tenerse en cuenta que la reglan es muy musculosa; la masa lumbosacra representa el músculo más grueso y más potente de todo el cuerpo. El masaje debe ser, pues, bastante enérgico, con effleurage apoyado y potente, comenzando en la pelvis para ascender a lo largo de la espalda.
Para concluir, retorno a los grandes effleurages. Este masaje deberá completarse con ejercicios de gimnasia activa.
La luxación de las articulaciones, es decir, la dislocación de sus superficies articulares, es un traumatismo cuyas consecuencias o secuelas son a veces graves, consistiendo la mayor parte del tiempo en una limitación de los movimientos, una anquilosis más o menos persistente. Es, pues, necesario esforzarse en evitar tales consecuencias, tratando cuanto antes las luxaciones por el masaje y la movilización.
La recuperación de los movimientos sólo puede hacerse lentamente, y no siempre conduce a la curación total, puesto que a veces se cuenta solamente con la reanudación progresiva de los movimientos naturales y habituales para combatir la incapacidad funcional.
Por lo tanto es necesario, cuando sólo se trata de una luxación simple, sin daños óseos, aplicar el masaje y la movilización una vez hecha la reducción.
En los intervalos de las sesiones de masaje se debe mantener la articulación en cabestrillo o en una férula acanalada.
El masaje puede practicarse inmediatamente después de la reducción. Este masaje anestésico y descongestionante será un effleurage amplio, muy suave, aplicado con las palmas extendidas alrededor de la articulación, aumentando en potencia si el dolor no es muy vivo y sobre todo si la maniobra hace que disminuya. Al principio, el masaje será frecuente, dos veces al día si es posible, y abarcará no sólo la articulación, sino todo el miembro, yendo desde su extremo a su raíz, bajo la forma de effleurage-amasamiento, siempre con el objeto de garantizar, con una circulación activa, el drenaje serosanguíneo. Al tercero o cuarto día debe iniciarse la movilización pasiva. Para que ésta tenga éxito, debe colocarse al lesionado en una posición cómoda para él y para el masajista, variable según los casos. Generalmente, la articulación debe ser mantenida por una mano, mientras la otra actúa para movilizarla en el sentido de su juego normal.
Así se obstaculiza el anquilosamiento y la semisoldadura de las superficies articulares. Al cabo de unos días, estos movimientos pasivos pueden ampliarse mucho; entonces, los movimientos activos deben venir en ayuda de los pasivos; tienen, desde luego, una acción muy eficaz, pues consiguen, aparte el rodaje articular, la flexibilización de los ligamentos, la tonificación de los músculos y el aceleramiento de la circulación. Los movimientos activos luchan al máximo contra la atrofia muscular de progreso muy rápido alrededor de las articulaciones inactivas.
No es necesario recordar que los movimientos activos deben ser controlados y regulados en extensión y dirección por las manos del masajista, que sostendrán toda la región articular.
Tratadas de esta manera, la mayor parte de las luxaciones simples se curan rápida y completamente.
El tratamiento clásico de las fracturas se limita a reponer en contacto y en buena posición los fragmentos del hueso, y a mantenerlos así coaptados por una inmovilización lo más estricta posible.
Pero la inmovilización tiene graves inconvenientes; entraña la atrofia de los músculos, el anquilosamiento de las articulaciones, una especie de desvitalización de todos los tejidos por retardo de la circulación sanguínea. El resultado es que al quitar el yeso aparece una extremidad cuya incapacidad funcional es considerable y que requerirá la aplicación de cuidados prolongados hasta que recupere sus movimientos normales.
El masaje, primero ejecutado por encima y por debajo de la fractura, tendrá por objeto estimular la circulación y luchar contra la atrofia muscular. Al cabo de unos días se podrá aplicar el masaje a nivel de la fractura, en forma de effleurages ligeros, que serán más apoyados a medida que disminuya la infiltración serosanguínea. En muchos casos, la movilización pasiva, manual, de las articulaciones inmediatamente vecinas evitará su anquilosamiento.
El tratamiento masoterápico, que en los casos de traumatismo grave no puede a veces aplicarse sino al cabo de dos o tres semanas -o aún más-, consistirá también en effleurage progresivamente acentuado, en amasamiento; luego, en movimientos, primero pasivos y finalmente activos, de reeducación muscular y movilización de las articulaciones anquilosadas por la inmovilización prolongada.
La fractura del cuello del fémur es frecuente en las personas de edad avanzada. Una vez consolidada, esta fractura deja a menudo un defecto físico permanente por acortamiento o rotación del miembro, si la reducción de la fractura no puso en buena posición los fragmentos.
Se hace a menudo al masaje el reproche de producir callos exuberantes, de tal volumen que dificultarían las funciones del miembro. Esto sobrevendría, sobre todo, en los niños pequeños, a nivel de las fracturas del codo y de la rodilla. Puesto que se admite la actividad estimulante del masaje sobre la calcificación, y se le prohíbe en los niños, parece lógico emplearlo en todos los casos en los que la consolidación se produce con dificultad. Por consiguiente, las fracturas de los ancianos, de las personas debilitadas y, en suma, de todos los adultos, pueden beneficiarse del masaje.
Como el masaje debe asociarse lo más posible a la gimnasia pasiva y activa, e incluso a la gimnasia general, cuya buena práctica depende de la voluntad y de la energía del paciente, los resultados serán más rápidos y mejores cuanto más desea el sujeto recuperar sus movimientos y su vigor lo más pronto posible. Estos resultados son a menudo notables, incluso asombrosos, en los deportistas y sobre todo en los atletas profesionales.
Muy a menudo se tiene que enfrentar uno con fracturas tratadas y curadas por inmovilización prolongada, cuya consolidación es perfecta pero que tienen secuelas que se deben tratar: piel marchita, músculos atrofiados, articulaciones anquilosadas. El tratamiento comprenderá el effleurage suave por toma de contacto, y luego el amasamiento de los músculos atrofiados, que debe ser potente, enérgico, pero no brutal; es decir, debe procederse por apretones apoyados progresivamente, pero no bruscos ni parecidos a golpes. Se proseguirá con golpeteos y palmadas que despierten la contractilidad. Alrededor de las articulaciones: effleurages apoyados, amasamientos de los tejidos entre los dedos, foulages de los intersticios articulares y del trayecto de los ligamentos, movilización pasiva por movimientos rítmicos aumentando de amplitud; por último, proceder al ejercicio activo.
Existen fracturas abiertas a las que no puede aplicarse directamente el tratamiento kinesiterápico; pero la cicatrización de las heridas se facilita por la aceleración de la circulación lograda con el masaje practicado en su periferia. Esto mismo es válido también para las heridas extensas y las úlceras sin fractura. Las heridas ulcerosas y las quemaduras de segundo grado con destrucción de la dermis, sanan muy lentamente, sobre todo en el caso de personas de salud precaria. Entonces debe practicarse masaje; primero effleurage, luego amasamiento de las masas circundantes, con las puntas de los dedos en forma de foulage circular bastante prolongado. Se revitaliza así el borde de las heridas y úlceras, desde el cual deben alcanzar progresivamente el centro los elementos de cicatrización.
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