"MEDIACIÓN EN LOS CONFLICTOS DE PAREJA"

Tesina de curso de Amparo Gómez Rey. Curso de Máster en Psicología de la Familia y la Pareja.

 

1 - La elección de Pareja y el Enamoramiento

No todas las parejas pasan por un estado previo de Enamoramiento. Ni tampoco el enamoramiento essiempre mutuo.

Desde un punto de vista biológico, buscamos a la pareja adecuada para perpetuar la especie. Esto se hace después de una evaluación por "instinto", buscando a la mejor persona con la cual nuestros genes se mezclen de la mejor manera. Pero, según esto, ¿dónde clasificaríamos el amor homosexual?...

En la elección, desde laperspectiva biológica, intervienen variados factores como pueden ser hormonas, el sistema nervioso, elpapel de la protección de la prole o la seguridad personal. Sin embargo, el ser humano, en su complejidad, no va a basarse únicamente en estas leyes, el papel de los mecanismos psicológicos y sociales desempeñan un papel fundamental.

Dentro de los mecanismospsicológicos de elección podríamos hablar de:

-Mecanismos conscientes, donde destacarían aspectos culturales y sociales como las costumbres, valores (tanto sociales como personales), normas, prototipos, aspiraciones, necesidades, etc.

- Mecanismos Inconscientes, aquellos que se encuentran a nivel inconsciente y que están determinados por experiencias anteriores.

Otras teorías nos hablan de Correspondencia (cuando nos enamoramos de alguien cuyas características concuerdan con las características de nuestra familia deseada o imaginada), Creación de gustos (durante la infancia se va a desarrollar un patrón de gustos que determinará el tipo de pareja que queremos), la pareja como “espejo” (nos enamoramos de quien anhelamos ser), etc.

Durante la fase de enamoramiento se idealiza al compañero, magnificamos las cualidades positivas y se niegan los aspectos negativos que pueda tener el otro, es decir, una relación de objeto parcial. A pesar de ello, la idealización facilita el acercamiento, lo cual va a permitir conocerse mejor. Si la idealización resulta ser muy exagerada, la relación difícilmente va a soportar la realidad. Normalmente la idealización va cediendo paulatinamente, de manera que ambos aspectos, positivos y negativos se integran, desarrollándose el sentimiento de amor. Esto se convertiría en una relación de objeto total.

La expresiónfísica del enamoramiento sería como un estado de ansiedad, júbilo y emociones desbordadas, incluso la sensación del tiempo queda distorsionado. Todo gira alrededor de la persona amada, se piensa frecuentemente en ella y se hace el esfuerzo de agradar lo máximo posible y de ser aceptado por el otro.

Con el tiempo las reacciones químicas de nuestro cuerpo se estabilizan y se alcanza un estado más estable, dando paso a un sentimiento más maduro y sosegado, más comprometido, en el que uno cuida del otro y se siguen dando afecto, aunque no quiere decir que deje de existir la pasión y el deseo. Se vuelve a adoptar una perspectiva más objetiva que nos permite ser más críticos y, por qué no decirlo, “abrir los ojos” a la realidad.

El enamoramiento tiene una duración limitada. Estudios afirman que el ser humano está programado biológicamente para sentirse apasionado entre 18 y 30 meses.

En lo referente a la pareja consolidada, el “amor romántico” se podría definir como un sentimiento diferente y superior a las meras necesidades fisiológicas, que generalmente implica una mezcla de deseo emocional y sexual, otorgándole, eso sí, más énfasis a las emociones y sentimientos que al propio placer físico, a diferencia del “amor platónico”, que se centra en lo espiritual.

Tras las investigaciones efectuadas acerca del amor, Robert J. Sternberg propuso 3 componentes:

Estos tres componentes se pueden relacionar entre sí formando diferentes formas de amor: intimidad + pasión, pasión + compromiso, intimidad + compromiso, etc.

Por su parte, analizando la preeminencia de una u otra de estas distintas prioridades que motivan los vínculos amorosos, John Lee propone una serie de arquetipos amatorios:

1. Eros: la atracción física, intensidad y magnetismo sexual. Empieza y termina rápido, de acuerdo a Lee. Rara vez pasa a una relación más profunda y duradera.
2. Ludus: Hay poco nivel de compromiso. Salen con varias personas pero procuran no desarrollar la dependencia del o la enamorada. Es francamente diversión, cero compromiso.

3. Storge: es cálido y apasionado. Emerge de la amistad pero no hay indeterminado punto fijo de inicio. Es un amor sólido, estable y llega a sobrevivir las crisis pero no contiene la pasión dramática.
4. Manía: es tormentoso, alocado y produce agitación. Quien lo experimenta necesita la atención y el afecto del otro u otra de manera insaciable. El amor maníaco es como subirse a la montaña rusa.
5. Pragma: es un amor más práctico, quien lo experimenta busca la pareja adecuada con las características adecuadas. Una vez se encuentra a esa persona y si existe acuerdo se empiezan a desarrollar sentimientos más intensos entre las partes interesadas.
6. Ágape: es el amor paciente, que no exige, tierno y siempre presente. Es un amor ideal más que real.

El amor es un estado mental orgánico que crece o decrece dependiendo de cómo se retroalimente ese sentimiento en la relación de los que componen el núcleo amoroso. La retroalimentación depende de factores tales como el comportamiento de la persona amada, sus atributos involuntarios o por las necesidades particulares de la persona que ama (deseo sexual, necesidad de compañía, voluntad inconsciente de ascensión social, aspiración constante de completitud, etc.).

 

2. Calidad de la Relación de Pareja

Entenderíamos como una relación de pareja estable y satisfactoria aquella que sabe afrontar conjuntamente los conflictos y que posee habilidades para resolverlos, capaz de soportar las diferencias personales y la frustración, aquella que equilibra la balanza del dar y recibir, que se apoya mutuamente y satisface las necesidades afectivas del otro. Estos factores fortalecerán el vínculo existente volviendo los lazos entre la pareja más sólidos.

Pero ¿existe algún sistema de medición que prediga o determine el grado en que una relación es positiva y duradera?... ¿se podría acaso medir el amor?... La medición de la calidad de una relación de pareja es un tema que encierra una gran complejidad

Para empezar habría que buscar variables posibles de medición. De hecho, en algunos estudios anteriores, se han analizado ciertos componentes como son la estabilidad o la satisfacción de la pareja.

Sin embargo, se sabe de parejas que mantienen la estabilidad dentro de su vínculo conflictivo. Lo cual convierte a la estabilidad en un medidor poco certero. Respecto a la satisfacción, un miembro de la pareja podría sentirse satisfecho porque los conflictos de la relación con su pareja no llegan a perturbar su bienestar, pero no implica necesariamente que el otro miembro comparta su punto d vista.

Tampoco habría que confundir calidad y éxito de la relación, ya que cuando la calidad hace referencia a las características positivas de una relación en un momento determinado, el éxito, está relacionado con la evolución de la relación a lo largo del tiempo.

Otros autores destacan componentes como la pasión, el amor, el ajuste… En definitiva, la medición de la CRP no se puede hacer a la ligera, en su evaluación cabría incluir multitud de variables.

A continuación se exponen las variables estudiadas en los diversos estudios sobre CRP:

 

 

Relación de pareja

Amor

Tucker y Aron (1993); Riehl-Emde, Thomas y Willi (2003)

Comunicación, confianza, expresividad afectiva y apoyo

Murray, Holmes, Bellavia, Griffin y Dolderman (2002)

Felicidad matrimonial

Blais, Sabourin, Boucher y Vallerand (1990); Amato y Booth (1995)

Conflictos en la parejas, áreas de desacuerdo y propensión al divorcio

Jeong, Bollman y Schumm (1992); Kurdek (1991); Amato y Booth (1995);

Interacción de la pareja, sesgos perceptivos, estilos de afrontamiento y grado de activación emocional

Belsky, Lang y Rovine (1985); Birtchnell (1991); Bradbury y Fincham (1992); Gottman y Levenson (1999); Halford, Keefer y Osgarby (2002)

Conductas del rol, reparto de tareas domésticas y actividades conjuntas

Waldron y Routh (1981);Tucker y Aron (1993);Blair (1993); Amato y Booth (1995); Aron, McKenna y Heyman (2000)

 

Hijos

Transición a la parentalidad

Waldron y Routh (1981)

Expectativas sobre la parentalidad y percepción de conducta de los hijos.

Howes y Markman (1989); Cox Owenm Lewis y Henderson (1989); Belski y Rovine (1990)

Ejercicio de la parentalidad e interacciones padre/madre-hijo

Spanier y Rovine (1983); Broom (1994); Talbot y McHale (2004)

Toxicomanía, esquizofrenia y enfermedad física crónica en los hijos.

Walker, Johnson, Manion y Cloutier (1992); Espina, Pumar, Bel, Azkárate, Elortegui y García (1994)

 

Antecedentes personales

Estructura familiar en la infancia y percepción de la relación con los padres

Truant (1994);Webster, Orbuch y House (1995);Talman, Gray, Kulberg y Henderson (1999)

 

Psicopatología/Personalidad

Depresión y ansiedad

Goldberg (1990); Birtchnell (1991); Tallman, Gray, Kullberg y Henderson (1999), entre otros

Sintomatología general

Barnet, Brennan, Raudenbush y Marshall (1994); Wampler, Shi, Nelson y Kimball (2003)

Personalidad, cualidades interpersonales y valores

Belsky y Rovine (1990); Broom (1994); Murray, Holmes, Bellavia, Griffin y Dolderman (2002), Talbot y Mc Hale (2004), entre otros.

 

Aspectos sociolaborales

Características del trabajo y estatus socioeconómico

Truant, Herscovitch, Donalson y Lohrenz (1990); Blair (1993); Truant (1994)

Red social de amigos y parientes

Burger y Milardo (1995)

 

Para la evaluación de la CRP, por lo general, se hace uso de cuestionarios o autoinformes que recopilan información acerca de:

Algunos de estos cuestionarios también incluyen el grado de “felicidad global” de cada miembro de la pareja.

En adición a estos registros también se pueden emplear la entrevista así como la observación de la interacción. En la entrevista se pregunta a la pareja por diversos aspectos de su relación (valoración del otro miembro, proximidad e intimidad de la comunicación, sentimiento de adaptación del uno al otro, sentimiento de enriquecimiento personal, consumo de alcohol o drogas, conocimiento de posibles relaciones extraconyugales, etc.), de los cuales se analiza no sólo su contenido sino la forma de las verbalizaciones tanto individuales como conjuntas.

Los investigadores Belsky, Spanier y Rovine (1983) proponen además a la pareja realizar el ejercicio de repartir 15 monedas entre los componentes:

1. “Romance”: sentimientos positivos intensos y atracción física intensa.

2. “Amistad”: sentimientos positivos, interés por el otro, apoyo mutuo y disfrutar de la compañía del otro miembro.

3. “Asociación conyugal”: Cuidado y atención mutua.

De manera que quede visible el grado en que cada uno de estos elementos compone la relación.

En la observación, se observa a ambos miembros dialogando sobre un tema previamente seleccionado o bien la forma en que interactúan, por ejemplo, con su hijo o hija.

El rol de género en la CRP

Las creencias acerca de los estereotiposque cada género posee, hombre y mujer, va a determinar el modo de ser de la persona así como lo que ésta considera como un comportamiento adecuado o esperable dentro de la relación de pareja.

En la sociedad actual se está produciendo progresivamente un cambio de un actitud tradicional de los rolesde género a otra más igualitaria entre hombre y mujer. La entrada de la mujer al mundo laboral ha producido un replanteamiento del papel de ésta en el mundo pues ya deja de estar ligada exclusivamente a las tareas del hogar y el cuidado de los hijos. Sin embargo con este cambio se ha hecho necesario reorganizar también el rol masculino en la relación de pareja y distribuir equitativamente las responsabilidades y tareas.

Se han propuesto, al respecto, tres modelos de pareja en función de la mayor o menos adecuación a estos cambios:

Sin embargo, a pesar de que cada uno de estos modelos es susceptible de proporcionar la felicidad, podrían tener que afrontar, en determinado momento, una serie de conflictos particulares. Así pues, el conflicto en la pareja de compañeros surgiría si uno de los miembros cambia su rol tradicional para incorporar nuevos roles, la pareja independiente sufriría con la aparición de hijos y la dedicación que exige la crianza, y por último la pareja interdependiente que necesita negociar cotidianamente la distribución entre los ámbitos familiar y profesional.

La familia y los estilos de relación interpersonal.

La relación de pareja no se desarrolla aisladamente sino que discurre dentro de la red social que la rodea, incluyendo aquí, familiares, amigos, compañeros de trabajo,…

En cuanto al hombre parece que la implicación familiar, especialmente sus padres, tiene un efecto positivo en la CRP, pero en mujeres se produce el efecto opuesto.

Por otro lado, cada individuo está influenciado por la visión que tiene de la relación mantenida por sus propios padres, lo cual una persona cuyos padres no mantuvieron una relación positiva, expresarían mayores dudas e inseguridad en sus propias relaciones de pareja. Un factor decisivo para la continuidad del vínculo es la expectativa de ser capaz de afrontar un conflicto de pareja cuando surge. En conclusión la percepción de CRP entre los progenitores facilitará las relaciones amorosas del individuo en cuestión. Esto no va a significar que la pareja esté previamente determinada al fracaso si sus padres fracasaron, ya que es la persona la que posee la última palabra y el deseo de desarrollar estilos de relación y resolución de conflictos más adecuados y saludables a los que hubiera podido conocer en sus progenitores.

Hijos y CRP

Algunos creen que tener un hijo puede ayudar a unir más a la pareja. Sin embargo, cuando la pareja ya posee un previo conflicto, la llegada el nuevo hijo no hará más que agravar el problema. En el caso de que la CRP previa es adecuada, la llegada del nuevo miembro sólo va a hacer que la calidad disminuya cierto grado y temporalmente.

Este descenso de la CRP podría deberse a varias causas: cambios físicos durante el embarazo y el parto, las demandas del bebé que requerirán mucho esfuerzo, energía y tiempo de sus padres, así como el descenso de la intimidad conyugal y la comunicación entre ambos.

Tener un hijo por tanto, va a suponer una crisis, en el sentido de que la nueva situación requerirá nuevos recursos para afrontarla, de modo que el paso de pareja a familia (en caso de ser el primer hijo) sea flexible y gradual.

 

3. La Pareja en la Familia

L a familia como sistema vivo está sujeto a procesos de evolución que conllevan determinadoscambios y reajustes. Esta adaptación genera crisis de mayor o menor envergadura que una vez resuelta promoverá el enriquecimiento y desarrollo de la familia.

Con la llegada de estancamientos o numerosas dificultades, el sistema familiar se desestabiliza generando el sufrimiento de los miembros que lo componen, ya sea la pareja sola o la pareja y los hijos. Y es que la familia está expuesta al cambio permanentemente debido a factores externos e internos, como sociales, culturales, políticos, económicos e incluso como resultado del desarrollo individual.

Por lo general el ser humano suele ser reacio a cambios, a las consecuencias desconocidas. La familia, como un sistema, posee una fuerte homeostasis, de modo que alguno de los miembros puede resistirse al cambio produciendo el desequilibrio del sistema.

La negociación exitosa es fundamental en estos casos, y con ello la habilidad de manejar la situación va a determinar igualmente el éxito o fracaso de las crisis futuras.

Las situaciones inconclusas se convierten en un obstáculo para las siguientes etapas del ciclo vital, adquiriendo un efecto acumulativo peligroso

Durante las diversas etapas por las que pasa el individuo como son el enamoramiento, la adaptación y ajuste a la nueva pareja, la llegada de un hijo, la etapa escolar, la convivencia con el adolescente, la independencia de los hijos, la jubilación, las enfermedades, la vejez o la muerte de algún miembro, generan importantes cambios o crisis en el sistema familiar, pero estos cambios no son siempre visibles, bien porque se traten de minimizar sus efectos o porque se intentenignorar.

 

4 - Violencia en la Pareja

La violencia en el hogar es el reflejo de una situación de abuso de poder en que la persona más fuerte y con más recursos, habitualmente el hombre, trata de controlar a su pareja, a la que percibe como vulnerable e indefensa, desahogando en ella sus frustraciones cotidianas (Dutton y Golant, 1997).

Pero habría que puntualizar que igualmente hay situaciones en las que existe un cambio de roles respecto al esquema habitual de la violencia de pareja y, por tanto, se den casos de mujeres agresoras y de hombres víctimas. Las mujeres jóvenes se están comportando de modo crecientemente agresivo. De esa agresividad son víctimas novios y maridos, pero también, de modo creciente, hermanas y madres. Este tipo de maltrato femenino suele tener un tono más psicológico que físico. Sin embargo, este tipo de violencia, cabría decir, es mucho menos frecuente que la masculina.

En el apartado de calidad de la relación de pareja ya se comentaba como algunos estudios hacían referencia a la “estabilidad” matrimonial como un indicador de calidad. Ahora bien, en las parejas en las que se producen situaciones de maltrato, a menudo sucede que permanecen en esta situación durante mucho tiempo. De modo que aún siendo estable, esta situación se aleja mucho de la idea de relación de pareja satisfactoria o de calidad.

Este tipo de relaciones en las que ambos individuos permanecen juntos a pesar de la situación de violencia en la que viven, es al que hace referencia el términocolusión”.

Según J. Willi, la colusión es la presencia de un juego de pareja donde los conflictos se repiten constantemente en una sucesión relacional de acercamiento y alejamiento. La pareja no soporta la intimidad pero tampoco soporta la separación, de ahí que cuando se encuentran cercanos el uno del otro se sienten asfixiados y se alejan; cuando están lejos no toleran la soledad y vuelven a buscarse.

Por tanto ambos obedecen al principio de necesidad del uno al otro para mantener el equilibrio emocional en la relación.

La dependencia económica, temor por la vida de sus hijos y la propia supervivencia cotidiana, la vergüenza hacia sus vecinos y familiares, el desconocimiento de sus derechos ante la ley, la falta de confianza en sí mismas, las presiones sociales, la esperanza de que el hombre cambie,… son otros factores que mantienen la situación de maltrato por tiempo prolongado.

Se podría afirmar que prácticamente en todas las relaciones de pareja se van a producir conflictos de algún tipo. Ahora bien la diferencia entre una pareja sana y otra violenta es el método empleado en la resolución de tal conflicto. En cuanto al primer tipo se emplearían formas adecuadas de solución de problemas y el segundo, recurriría a la violencia como una manera rápida y eficaz de cerrar el problema provisionalmente. Aquí toma un papel importante la función de “contención”, es decir, tratar el conflicto como un problema a resolver y no como una amenaza.

El maltrato adquiere gravedad según aumenta su frecuencia y duración, así como la intensidad. También es indicador de gravedad cuando las expresiones de maltrato se extienden a los hijos.

Tipologías de maltrato

Existe un amplio abanico de posibilidades a la hora de maltratar psicológicamente en función de la complejidad de la comunicación verbal y analógica.

Follingstad, Rutledge, Berg, House y Ploek (1990) propusieron seis tipos:

1.- Ridiculización, amenazas verbales e insultos

2.- Aislamiento social y económico

3.- Celos y posesión

4.- Amenazas verbales de maltrato, daño físico o tortura

5.-Amenazas repetidas de divorcio, abandono o de tener una aventura con otra mujer

6.- Destrucción o daño a objetos personales a los que se les tiene aprecio o apego

Amor, Echeburúa, Corral, Sarasua y Zubizarreta (2001) definen maltrato psicológico en función de tres elementos:

1.- Hostilidad: reproches, insultos, amenazas.

2.- Desvalorización: desprecio de las opiniones, de las tareas, del cuerpo de la víctima.

3.- Indiferencia: falta de atención a las necesidades afectivas y el estado de ánimo.

Es toda agresión que hace uso de la fuerza física contra la víctima. Aquí nos encontramos con: abofetear, golpear con el puño, patadas, empujones, estrangulaciones,… aunque también pueden estar realizados con objetos y arma blanca o de fuego. Otro tipo de violencia física es la que se da “por omisión”, es decir, privando a alguien de comida, medicinas o impidiéndole salir de la casa.

Es la forma de maltrato más evidente ya que deja secuelas inmediatas y reconocibles. Es más probable que una mujer que ha sido maltratada físicamente y tenga secuelas visibles denuncie y pida ayuda más frecuentemente en comparación con aquellas maltratadas psicológicamente.

La violencia sexual tiene lugar al forzar a la otra persona a mantener relaciones sexuales en contra de su voluntad. Las agresiones sexuales pueden ir desde cualquier tipo de contacto sexual no deseado hasta el intento de violación o la violación misma.

Malacrea y Vassalli (1990) proponen tres grados de gravedad:

Variables de riesgo

La conducta agresiva puede estar determinada por factores tanto personales como sociales, culturales o demográficos. A continuación se muestran en la tabla algunos de éstos:

Factores Individuales

Factores de la relación

Factores comunitarios

Factores sociales

Edad Joven

Conflicto matrimonial

Aislamiento y falta de apoyo social

Normas tradicionales de género

Bajo nivel educativo

Presión económica

Nivel económico bajo

Mal funcionamiento familiar

Pobreza

Normas sociales que apoyan la violencia

Antecedentes de violencia familiar

Inestabilidad del matrimonio

Sanciones débiles de la comunidad contra la violencia doméstica

Trastornos de personalidad

Dominio masculino en la familia

Abuso de alcohol

Familia numerosa o hijos no deseados

Depresión

En cuanto a la edad, mujeres jóvenes son más vulnerables a malos tratos. Algunos autores apuntan motivos tales como la inestabilidad económica o la falta de madurez emocional o personal para resolver conflictos adecuadamente.

Por otra parte, habría que aclarar que el maltrato no se da únicamente en parejas con niveles económicos y culturales bajos, aunque si se ha visto que este factor facilita que el maltrato se prolongue en el tiempo. Depender económicamente del cónyuge hace que salir de tal situación sea complicado.

Otro aspecto muy particular a tener en consideración es la experiencia personal de relaciones interpersonales inestables o unas figuras parentales no lo suficientemente cálidas. Esto se relaciona con el tipo de apego “preocupado” que caracteriza a personas con una visión negativa de sí mismas y positiva de los demás, con miedo al rechazo y a no considerarse merecedoras de recibir afecto.

Se ha visto además, que las vivencias tempranas en la infancia, el trato por parte de los cuidadores y la relación observada entre los padres, cumplen una labor importante en las relaciones personales que se establezcan en la edad adulta.

Las personas expuestas a violencia familiar en la infancia podrían decantarse por estrategias de resolución de conflictos más violentas o tender a relacionarse con personas proclives a utilizar la violencia.

Mujeres que han sufrido abuso sexual en su infancia pueden desarrollar tendencias a la victimización, así como problemas a la hora de establecer relaciones.

Se han identificado también ciertas características de personalidad que hacen al individuo más vulnerable a sufrir actos violentos por parte de su pareja. Los rasgos propuestos son: la identidad frágil, baja autoestima, personalidad dependiente, temerosa, evitativa, sumisa… que promoverían mayor riesgo de sufrir malos tratos que para otra persona con diferente perfil.

Consideraciones clínicas

El estilo de intervención ha de ajustarse a las necesidades de la persona maltratada. Es importante crear un ambiente de confianza para que la persona se sienta segura y sea capaz de expresar sus sentimientos. No hay que presionar, sólo facilitar, dejando que la persona marque el ritmo.

La misión del terapeuta consistiría en aliviar el dolor psicológico, evitar que los síntomas lleguen a cronificarse, ayudarla a analizar la situación y facilitar la toma de decisiones. La intervención incluye potenciar la autoestima, la capacidad de pensamiento, tomar conciencia de las propias emociones, aumentar el sentimiento de seguridad y promover recursos positivos de afrontamiento y estilos de relación interpersonal adecuados.

 

5 - La Infidelidad

A veces, en una relación de pareja, a uno de los miembros le surge una necesidad de cambio, algo que no funciona, un “vacio” que necesita cubrir,… y una aventura amorosa se convierte en un desencadenar el cambio. Se dice que la infidelidad no sólo una cuestión de sexo, es más, se afirma que cualquier actividad íntima entre dos personas que llegue a producir una brecha en la confianza de la pareja ya constituye una aventura en sí.

Es sabido que la Infidelidad es uno de los temas más frecuentados en las consultas de psicólogos. Además se comenta que se está convirtiendo en un problema en aumento debido al contenido erótico en los medios de comunicación (tanto televisión, como internet o simplemente en la publicidad), la incorporación de la mujer a la vida laboral que promueve que ellas amplíen el círculo social así como su independencia respecto de su pareja y, en ellos, el aumento de probabilidades de aventura debido al mayor número de mujeres en su entorno con las que pueden interactuar diariamente.

Existen diversas situaciones en las que se puede dar la infidelidad las cuales a su vez inducen a diferentes implicaciones. Estas situaciones surgen por motivos diferentes, unas veces por un entorno que las ha favorecido u otras por la mala calidad del vínculo de pareja. Lo que sí está claro es que casi siempre se dan en aquellos momentos en los que la relación pasa por un mal momento o existe algún obstáculo. Según Corbella serían estas:

Dentro de la pareja, la infidelidad se interpreta de una manera o de otra. Los límites son variables de persona a persona, y cuando una situación es intolerable para unos, podría ser aceptable para otros. Para unos podría tratarse de actos triviales siempre y cuando se trate únicamente de sexo, para otros una infidelidad podría ser el hecho de ocultar a la pareja los encuentros con otras personas, a pesar de que no se practique conducta sexual alguna. En algunos casos la relación podrá salvarse poniendo fin al obstáculo, perdonando y reconciliándose, pero en otros, cuando el dolor es muy profundo y la confianza irrecuperable, acabaría en la separación definitiva de los miembros. De ahí lo controvertido del tema. Pero entonces, ¿cómo afrontar la situación en la terapia?... Es cierto que no es una cuestión sencilla, el terapeuta no debe guiarse por su propio criterio o sistema de valores, ni por aquello que él considere por infidelidad. Se ha de trabajar, por tanto con la escala de valores que nos den a conocer los miembros de la pareja y ser cautelosos con nuestra opinión.

De cualquier modo, para poder ayudar a la pareja en su toma de decisiones, sería conveniente analizar primero la colusión (se explica en el apartado 8) que se ha creado bajo el problema de infidelidad. En caso de que la pareja decida que no quiere continuar unida, se les ayudaría a conseguir una separación con el mínimo impacto emocional posible para todos los miembros familiares y sin la agresión jurídica que puede conllevar un divorcio.

 

6 - El Divorcio

Existen circunstancias en las que los conflictos en la pareja son irresolubles, y la mejor alternativa planteable es la separación. Este proceso acarrea a su vez muchos inconvenientes: el sufrimiento que conlleva la ruptura de una relación, el desligarse de una persona con la que se ha compartido una vida íntima, o incluso con la que se comparte una descendencia, la frustración de no haber hecho que la relación funcionase,…

Aunque en ocasiones el divorcio pueda aparecer de manera inesperada, cogiendo por sorpresa al otro miembro de la pareja, lo más frecuente es que esta decisión sea la conclusión final de meses o años de discusiones, peleas, frustraciones, ofensas o falta de amor o respeto. La parte que toma la iniciativa hacia la ruptura suele sentir culpabilidad y la otra parte se siente traicionada y sus sentimientos pueden experimentar una gran carga agresiva hacia la persona que desea romper el vínculo.

El proceso de duelo en la pareja puede tener una durabilidad variable, esto es, dependiendo de los recursos individuales éste se prolongará más o menos. Entre los factores que modulan la duración del duelo están la sensibilidad emocional, el grado de autoestima, la confianza en uno mismo, el tener o no pensamientos catastrofistas o autodestructivos, el grado de intimidad en la relación y, por supuesto, el apoyo social.

Una elaboración normal del duelo implica recuperar los vínculos con el mundo externo, estar abiertos a la nueva experiencia que se nos presenta y de algún modo, gestionar de forma constructiva las pérdidas. Una mala elaboración del duelo, sin embargo, se caracterizaría por la persistencia de sentimientos aversivos hacía el otro miembro de la pareja y culpabilidad. Por una parte, al intentar menospreciar al otro o pensamientos de triunfo sobre la otra parte sólo consiguen la negación de la pérdida y los sentimientos y el rechazo del dolor, forzando una integración rápida y normalmente poco estable. Otra manera de elaborar el duelo de forma equivocada es intentar reparar la relación de manera repetitiva e infructuosa.

Según Pérez Testor, Castillo y Palacín (2002), las fases del proceso de separación serían cuatro:

El proceso de readaptación a la nueva forma de vida lleva su tiempo y su esfuerzo. La resolución constructiva del conflicto podría extenderse de entre 2 a 4 años, por lo general. Sin embargo, algunos efectos del divorcio podrían manifestarse al cabo del tiempo. Este es el caso del llamado “efecto latente” (“sleeper effect”), que se ha observado en un 60% de mujeres que han sufrido ruptura matrimonial, y que produce en la mujer el sentimiento de temor al rechazo de su pareja al intentar formar una relación estable.

El proceso de separación o divorcio no sólo afecta a la pareja, sino a su entorno también. Especialmente en el caso de los hijos que conviven con ellos en el día a día, el divorcio, en cuanto a desestabilizador del equilibrio familiar, conlleva sufrimiento y es altamente estresante para los pequeños. Así la separación de los padres provocará una mayor incidencia de trastornos psicopatológicos, problemas de adaptación social, así como disminución del rendimiento académico.

Variables importantes a la hora de predecir el grado de readaptación de los hijos serían la edad y el género del niño, el tipo de relación con los padres, el aspecto económico, las nuevas parejas de sus progenitores, la existencia de hermanos…

En lo referente a este tema, Wallerstein propone una serie de ejercicios para ayudar a los hijos de la pareja en trámites de divorcio a una mejor adaptación. Estos son:

Es muy importante que las funciones parentales se mantengan para que los hijos puedan pasar por la etapa de duelo con el mínimo de complicaciones, protegiendo así su salud emocional.

 

7 - Trastornos de la Sexualidad

En este punto se van a describir tres tipos de trastornos, dos de ellos a su vez con diferentes categorías. Estos son:

La parafilia se define como un patrón de comportamiento sexual en el que la fuente de placer no proviene del acto de cópula propiamente, sino de otra actividad. Se consideran inocuas, siempre que no estén dirigidas hacia un objeto peligroso, potencialmente dañino para la persona u otras personas o que obstaculicen el funcionamiento sexual normal. En las parafilias el sujeto experimenta más concretamente, intensas necesidades sexuales y fantasías que incluyen alguna de las características siguientes:

Se habla de trastorno parafílico cuando:

El trastorno parafílico puede provocar incapacidad para desarrollar una relación sexual afectiva, el deterioro de la relación, el sufrimiento físico de la persona objeto de la parafilia, así como problemas con la ley o enfermedades de trasmisión sexual.

Tipos de parafilias:

Como ya se ha comentado, no siempre son patológicas. Es posible integrar algunas conductas parafílicas en la relación siempre para beneficio y disfrute de la misma, cuando ambas partes estén de acuerdo y no se den con exclusividad o recurrencia.

Fuerte identificación con el sexo opuesto, que además es persistente. A la persona le produce malestar su propio género, genéticamente asignado, y siente que es inadecuado con su verdadero rol o con el sexo con el que se identifican. En adolescentes y adultos existe una tendencia a querer eliminar las características sexuales propias y poder así acercarse más en apariencia al otro sexo. Se suele iniciar en la infancia y se da más en varones que en mujeres.

Son la alteración del deseo sexual debido a problemas tanto físicos como psicológicos. Concretamente, hablamos de disfunción sexual cuando una o más fases de la respuesta sexual (deseo, excitación, orgasmo y resolución) se ven afectadas, impidiendo un desenlace satisfactorio del acto sexual, malestar acusado y dificultad interpersonal.

Antes de abordar una disfunción sexual habría que ver de qué tipo de alteración se trata, si es “generalizada” o “situacional”, por un lado, y si son de tipo “primario”(cuando se da desde el comienzo de la relación) o “secundario”(si surge tras un período de relaciones satisfactorias). También habrá que descartar que fuese “psicógena” o debida a una combinación de factores.

Las disfunciones sexuales no pueden clasificarse en un sistema único, ya que las categorías se solapan unas con otras. En la siguiente tabla se expone un tipo de sistema de clasificación posible:

Trastornos del deseo sexual

  • Deseo sexual hipoactivo
  • Trastorno de aversión al sexo
  • Impulso sexual excesivo

Trastornos de la excitación

  • Trastorno de la excitación en la mujer
  • Trastorno de la erección en el hombre

Trastornos orgásmicos

  • Trastorno orgásmico femenino
  • Trastorno orgásmico masculino
  • Eyaculación precoz

Trastornos sexuales por dolor

  • Dispareunia
  • Vaginismo

 

Se caracteriza por ausencia de fantasías sexuales y deseos de actividad sexual. Esta alteración produce malestar en la persona que la sufre o dificultades interpersonales. Generalmente hay poca motivación para buscar estímulos adecuados, estas personas no suelen iniciar casi nunca la relación sexual y la llevan a cabo a regañadientes. Por contrapartida la disminución del deseo sexual en un miembro de la pareja puede reflejar un aumento excesivo del deseo sexual del otro miembro, dando origen a conflictos.

También denominado “fobia al sexo”, se caracteriza por un rechazo extremo e irracional, con evitación del contacto sexual. El intenso malestar emocional que acompaña a este trastorno tiene origen en un conflicto psicológico subyacente como podrían ser experiencias sexuales negativas o traumáticas como abusos, violación o una educación muy restrictiva. Las relaciones interpersonales se ven gravemente afectadas.

También se le llama adicción al sexo, ninfomanía o satiriasis. En este caso el sujeto, a la inversa que en los dos casos anteriores, sufre malestar si es privado de relaciones sexuales. Es más, su vida gira en torno a la búsqueda de satisfacción sexual.

Es la incapacidad para obtener o mantener la respuesta de lubricación genital durante la actividad sexual. Suele ir acompañado de trastornos del deseo sexual y el trastorno orgásmico femenino. Puede provocar dolor durante el coito y evitación sexual.

También conocido como impotencia. Es la incapacidad de conseguir una erección o mantenerla hasta el final del acto sexual. Para ser diagnosticado como trastorno es necesario que se presente en al menos el 25 % de las veces. Se asocia con factores psicológicos como ansiedad sexual, temor al fracaso, preocupaciones, a la disminución subjetiva de la excitación sexual, la eyaculación precoz o al deseo sexual hipoactivo.

Ausencia o retraso del orgasmo tras una fase de excitación sexual y tras recibir suficiente estimulación sexual. La anorgasmia femenina es una de las disfunciones más frecuentes. En muchos casos el problema ha estado presente desde siempre.

También conocido como eyaculación retardada, se trata de la dificultad, en este caso varones, de llegar al orgasmo mediante el coito, siendo en ocasiones imposible. Esto no quita de que se pueda producir la eyaculación manualmente o mediante otros métodos. Se asocia con el trastorno obsesivo-compulsivo.

El orgasmo y la eyaculación surgen ante una estimulación sexual mínima, al poco de la penetración y antes de lo deseado. Es común en varones jóvenes y durante las primeras relaciones sexuales.

Es la aparición de dolor genital durante las relaciones sexuales, generalmente durante el coito, aunque puede aparecer antes o después de las relaciones íntimas. Afecta tanto a mujeres como a hombres, aunque este último sector es menos frecuente.

Se trata de una contracción involuntaria de los músculos perineales del tercio de la vagina ante la introducción del pene o cualquier otro objeto como tampones, o incluso los dedos de la mano. Este espasmo obstaculiza el coito por lo que limita las relaciones sexuales completas. El curso es crónico y suele presentarse en mujeres jóvenes, con una actitud negativa hacia el sexo o con historia de abusos sexuales o experiencias traumáticas.

Respecto a las disfunciones sexuales, antes de un diagnóstico es necesario un examen médico previo, ya que podrían aparecer problemas hormonales, hematopatías, problemas neurológicos, efectos secundarios de algún medicamento o sustancia o alteraciones físicas graves que han de ser descartadas. La exploración psicológica ha de ser muy detallada teniendo presente que podemos encontrarnos con una situación relacional bastante compleja. Lo ideal es que a la consulta acudan ambos miembros, pero no siempre se da esta situación. Sería conveniente averiguar durante las primeras entrevistas los puntos de vista de ambos miembros acerca de la sexualidad. Los siguientes puntos serían importantes:

Al ser un problema que afecta a la pareja en conjunto, se abordará el problema como de ambos. El tratamiento de cada disfunción, e incluso dentro de cada pareja, será particular. Sin embargo hay una sería de implementaciones básicas que se han de añadir en cada caso, así como el aumento de la responsabilidad mutua, una mayor información, el cambio de actitudes erróneas, reducción de la ansiedad, aumento de la comunicación y un cambio en el estilo y rol sexual.

8 - El Conflicto Patológico

La palabra colusión proviene de la voz latina co-ludere, que hace referencia al juego entre dos personas.

Jürg Willy(1993) utiliza el concepto colusión para referirse a la relación conyugal que presenta juegos patológicos en los que los conflictos de repiten constantemente en una sucesión de comportamientosde acercamiento y alejamiento. La pareja no soporta la intimidad pero tampoco la separación. Cuando se acercan demasiado temen perderse en la relación y por ello se distancian, pero al distanciarse se sienten abandonados, por lo que vuelven a buscarse.

Lo curioso de este tipo de vinculación es la falta de toma de conciencia de la situación. Cada miembro espera que sea el otro el que cambie, y la responsabilidad de los problemas de pareja recaen en el otro, ambos se acusan pero ninguno cambia.

El origen de la colusión, se remonta a la historia vivida en la familia de origen. En ella, la persona estuvo “triangulada” en la relación con sus padres, es decir, no pudo desvincularse del conflicto relacional de ellos, debido a que estableció algún tipo de pacto de protección con alguno de ellos. No fue legitimado por lo que era, sino por la función que debía cumplir dentro o fuera de la familia. Si recibió cariño, éste fue a condición de aliarse con uno de sus padres en contra del otro. En otros casos, cuando el triángulo fue rígido, asumió el rol del hijo o hija parental (Minuchin, 1986), en el sentido que tuvo que hacerse cargo de sus padres, como si éstos fueran sus hijos.

Otra estructura triangular común es la perversa (Haley, 1967), en la que se es seducido por uno de los progenitores colocándose como pareja de éste y despreciando al otro. Finalmente el triángulo más destructivo es el patológico (Bowen,1978), en el cual se desarrollan juegos patológicos, caracterizados por la pseudo mutualidad, es decir, la aparente reciprocidad afectiva entre el progenitor y el hijo aliado, cuando en realidad el padre o la madre utilizan su poder a través del engaño amoroso para agredir a su cónyuge a través del falso apego que se demuestra hacia el hijo, el cual una vez utilizado será abandonado.

Para colusionarse es necesario que ambos miembros de la pareja provengan de familias en las cuales estuvieron triangulados, esperan en su matrimonio estructurar un sistema distinto al que vivieron, idealizando el amor o confundiéndolo con otros sentimientos. Se mantienen como estancados en la etapa de su niñez donde se percataron de ser partícipes de una pelea que no les pertenecía. Cada uno de los miembros de la pareja, cargan consigo dolores ajenos, los cuales se manifiestan en forma de angustia (Pinto, 2004), la cual afanosamente busca un justificativo.

Nadie dice que no sea normal la existencia de disputas y conflictos en una relación de pareja, es más, se podrían considerar incluso necesarios para la adaptación y el reajuste de ambos miembros a la relación. Lo que sería extraño es que en la convivencia diaria de dos personas con características particulares no aparecieran choques en ningún momento de su vida.

Lo que va a llevar al crecimiento de esa relación y, por tanto, al fortalecimiento del vínculo, es la resolución adecuada de esos conflictos o discrepancias. En mayor medida, la facilidad para superar estos problemas va a depender de factores personales tales como los rasgos de personalidad individuales, la existencia te temores o miedos y de las dificultades personales. En caso de no llegar a buen término en la solución del conflicto la pareja se desestabilizaría.

Podríamos decir que se considera normal en las relaciones de pareja la existencia de colusiones de diversa índole, es más, existen muchas clases de colusión. Pero por ello no diríamos que la relación es patológica.

Dentro de los estilos de vinculación posible destacaremos los tres más frecuentes:

 

Nicolò (1999) habla de la existencia de “membranas” que delimitan los espacios personales. Así nos explica como la pareja está protegida y diferenciada del resto de la sociedad por una membrana. Así, rituales como el matrimonio realzan su existencia ante los demás.

Se diferencia entre membrana extradiádica e intradiádica:

La membrana extradiádica es la que separa a la pareja del resto del entorno. En este caso la sociedad reconoce a la pareja como una unidad establecida e institucionalizada, y castigará todo intento de invadir o penetrar en este espacio diádico.

La membrana intradiádica delimita el mundo individual de cada miembro de la díada. Esta membrana nos da información de la intensidad de la relación.

Dentro de estos dos tipos se perfilan innumerables membranas, ya que entre una membrana permeable a otra impermeable, existe un amplísimo abanico de membranas semipermeables. En el punto medio estarían las parejas cuyas membranas tanto intra como extradiádica son semipermeables, en cuyo caso existe un equilibrio entre la dedicación a la pareja y la vida particular en sociedad.

La calidad, la elasticidad y la permeabilidad de las membranas son aspectos importantes que influyen directamente en la evolución del vínculo relacional. El terapeuta puede ayudar a la pareja renegociando los espacios intra y estradiádicos reconstruyendo la membrana y reorganizando los espacios.

Como se ha mencionado anteriormente, hablaríamos de patología en el caso de que la pareja no diera con una solución a su conflicto. Cuando la situación supera a la pareja pasan de una colusión normal a un trastorno de pareja.

Dicks (1970 propuso 2 hipótesis para interpretar los conflictos de pareja:

H1 – Muchas tensiones y discusiones entre cónyuges se originan en la decepción que uno o ambos sufren y que es causa de agravio cuando el otro no representa el rol de la pareja ajustándose a una figura o modelo preconcebido de la fantasía de los respectivos cónyuges.

H2 – Los sujetos pueden perseguir en sus cónyuges tendencias que originalmente ejercieron atracción, ya que el compañero había sido percibido inconscientemente como símbolo de aspectos de la personalidad del sujeto que se “perdieron” a causa de la represión.

Font (1994), clasifica las colusiones en cinco tipos básicos:

Éstas son sólo algunas, las más frecuentes se podría decir, de las otras muchas colusiones que se pueden dar en parejas con conflictos. Al analizar una relación pareja concreta, puede aparecer más de un tipo de colusión. En ocasiones pueden darse varias al mismo tiempo, sin embargo, en un análisis más profundo, podría, quizás, aparecer la predominancia de uno sobre los demás. En cualquier caso conviene recordar que en toda pareja pueden darse conflictos y colusiones sin por ello suponer una patología. Sólo se habla de trastorno cuando el problema no puede ser resuelto por la propia pareja y les sobrepasa. Cuando la colusión se vuelve rígida, es cuando aparece la patología.

 

9 - Diagnóstico y Tratamiento

Previo al tratamiento es necesario identificar y comprender la situación en la que se encuentran los miembros de la pareja en cuestión. Esto se lleva a cabo mediante la información que la propia pareja va a exponer al terapeuta. Durante el diagnóstico hay que ir con cuidado de no precipitarse en conclusiones pues no llevaría a un tratamiento erróneo y a la no solución del conflicto.

De manera básica el diagnóstico se realiza en varias sesiones:

Éste suele ser por teléfono, al solicitar los servicios del terapeuta. El interesado puede admitir directamente problemas en la relación amorosa, pero puede que la demanda se realice indirectamente si el individuo solicita una terapia individual, y tras las primeras entrevistas se desvela un problema de pareja. En este caso se solicitará la presencia de ambos cónyuges en consulta.

El terapeuta deja libertad a la pareja para que exprese el motivo de su consulta, facilitando que ambos miembros se expresen. El objetivo principal del terapeuta en esta entrevista es observar la interacción entre ambos cónyuges. El terapeuta puede solicitar aclaraciones o preguntar cuando lo estime necesario, mostrándose imparcial ante la pareja. Cuando la entrevista ha concluido, el terapeuta elabora un pequeño resumen sobre la información recibida y los datos obtenidos de su observación. Es necesario informar del tiempo restante para la finalización de la sesión cuando se acerque a su término. Si el terapeuta no se considera capaz de llevar a cabo la terapia o cuando el abordaje en pareja no es adecuado, debe comunicarlo y derivar el caso a otro terapeuta al finalizar la entrevista inicial. Si considera que el abordaje en pareja es el adecuado, propondrá a los miembros de la pareja un espacio diagnóstico de tres o más entrevistas.

El terapeuta toma un papel más activo. Se amplía la información respecto a los puntos comentados por la pareja y se rellenan “huecos” que se hayan podido dejar atrás.

Aquí nos centraremos en observar la interacción de la pareja y, en la medida de lo posible, reproducir in situ las situaciones a las que está sometida la pareja.

Al término de la cuarta entrevista la información recogida suele ser:

Problemática actual por la que consultan

Inicio del problema. ¿Lo relacionan con algo?

Actitud que adoptan frente al problema

¿Cómo han llegado al centro? ¿Quién los envía?

¿Por qué consultan ahora? ¿Qué esperan?

¿Cómo creen que se les puede ayudar?

 

¿Cómo y cuándo se conocieron?

Primeras relaciones. Grado de comunicación inicial.

Etapa inicial de convivencia. Evolución.

Si hay hijos, ¿qué tipo de relación mantienen con ellos?

 

Trabajo actual.

Aficiones. Tiempo compartido y actividades individuales.

Sentimientos de cada uno respecto a sus actividades y las de su pareja.

 

Relaciones actuales, amigos de uno y otro, amigos comunes.

Relaciones anteriores de cada miembro, amistades y parejas anteriores.

 

Sentimientos actuales referentes a su vida sexual.

Inicio de las relaciones sexuales de la pareja.

 

Composición de las respectivas familias.

Tipo de relación de los padres como pareja.

 

Tras estas cuatro entrevistas el terapeuta ha establecido una hipótesis diagnóstica y pronostica el tipo de colusión que predomina, la describe de forma sencilla y propone a la pareja el tratamiento. Una vez la pareja ha aceptado el tratamiento se perfilan los objetivos y la manera de alcanzarlos.

Con respecto al tratamiento, los objetivos fundamentales serían los siguientes:

Hay que considerar que un tratamiento exitoso tendría como resultado una mejora en la relación, pero en determinados casos, la mejor solución es una separación aceptada por ambos miembros. Si es te es el caso, en la terapia se aprenden estrategias y se toma conciencia de uno mismo, con lo cual se aprende para futuras relaciones que se establezcan.

Normalmente la terapia se realiza con un terapeuta, pero algunos tratamientos funcionan con la entrevista a cuatro, esto es, con dos terapeutas que a su vez constituyen una pareja.

Es importante tener en cuenta una serie de puntos para el tratamiento:

Intervenciones del terapeuta.

Cuando la pareja acude a una terapia de pareja es porque no da con una solución a sus obstáculos. El problema puede tomas forma de espiral en el que la pareja no es capaz de salir de la situación y va de mal en peor. El papel del terapeuta, su función, es romper este esquema, detectando las conductas erróneas y enseñando caminos alternativos a éstas.

El terapeuta guarda silencio al inicio de la sesión y mientras los miembros de la pareja conversan. El silencio es un modo de intervención que comunica atención, disponibilidad, comprensión y respeto por el hablante.

Entre las intervenciones verbales que emplea el terapeuta durante la sesión nos encontramos con:

 

10 - Referencias: